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Fue casi por casualidad, pero más de dos décadas después el oro verde empieza a fluir en la Península Arábiga con tanto empuje como el oro negro. Podría parecer un espejismo que de una tierra sin cualidades mediterráneas surgieran olivos y aceite, pero la realidad es que la necesidad de alimentar de forma saludable a una población creciente ha servido para impulsar el cultivo de aceituna y producción de su aceite en el Sultanato de Omán, un país donde medio millar de agricultores está ya involucrado en la producción de aceite de oliva y el gobierno ha comenzado a apostar más seriamente por el cultivo del olivar, colocando los cimientos para el desarrollo de una fructífera industria alrededor del olivo.

Ha sido, literalmente, un desarrollo fortuito que se inició hace unas dos décadas cuando en la de 1990 un profesor egipcio obsequió a un ciudadano omaní una planta de olivo. Poco podía imaginarse entonces Salim Ben Hamid Al Ma’mri que aquella planta sabría adaptarse de forma gradual al clima y al terreno del Sultanato, ubicado en la costa este de la Península Arábiga donde limita con los Emiratos Árabes al noroeste, Arabia Saudita al oeste, y Yemen, al suroeste.

Así, de manera sorprendente, aquel olivo empezó a dar fruto de forma ininterrumpida. Eran aceitunas Melouky, una variedad procedente de Egipto que se aclimató bien al territorio, donde hoy se destina a la elaboración de aceitunas de mesa. Tras su buena adaptación empezaron a llegar otras variedades procedentes de otros países de la Cuenca mediterráne, y, aunque algunas como las de Siria no lograron encajar en el clima seco y caliente omaní, otras más conocidas como la Koroneiky griega o la Picual y Arbequina españolas sí se adaptaron también bien al territorio de Omán.

“Omán es un país de climatología extrema con temperaturas de entre -5 hasta 50 grados centígrado y precipitaciones que oscilan entre los 100 y 500mm de lluvias por ejercicio”, explica el Dr. Juan Vilar Hernández, español experto en Economía Oleícola Internacional y uno de los profesionales internacionales más influyentes del sector del olivo y el aceite de oliva, además de consultor estratégico de numerosas instituciones españolas e internacionales.

Según explica Vilar, la principal zona de cultivo en Omán es Al Jabal al Akhdar una región eminentemente montañosa de la provincia de Ad Dhahirah, que se extiende del noreste al sureste medio del país. “El olivar se cultiva fundamentalmente en las faldas de las escarpadas montañas por ser las zonas más frescas que en mayor medida retienen el agua de las escasas precipitaciones, además de las más accesibles y mejor dotadas para éste y otros cultivos por la riqueza del suelo. No obstante, el cultivo se está implantando en otras distintas zonas de forma gradual, generalmente de este a oeste”, añade el experto, quien también es profesor permanente de la Universidad de Jaén.

Olivo con soporte por riego en la ciudad de Khanat, provincia de Ad Dhahirah

Hoy ya hay plantadas entre 400 y 500 hectáreas de olivar en fincas tradicionales de una no muy grande extensión y eminentemente en secano. La ausencia de agua y lo escarpado del terreno hacen que en la mayor parte de las ocasiones se trate de agricultura familiar, pequeñas explotaciones de olivar tradicional, con un total de unas 70 u 80 plantas por hectárea, localizadas en las riberas de los antiguos ríos, o en bancales y terrazas de las escarpadas paredes de las formaciones rocosas, a fin de aprovechar las escasas precipitaciones y la limitada humedad.

Lo extremo del clima y la ubicación geográfica más oriental del país condiciona las fechas de la cosecha de aceituna, anticipando la maduración y haciendo que la recolección comience a fines de agosto y se extienda hasta fines de septiembre, meses antes que en los países de la Cuenca Mediterránea.

Hoy son unos 500 agricultores los que se dedican a la olivicultura en Omán. Un 90% de la producción de aceituna se moltura para producir aceite de oliva, casi todo para el mercado doméstico, donde la demanda interna continúa creciendo. La cosecha 2017 produjo unos 100 mil kilogramos de aceite de oliva, con muy buenos rendimientos para la dimensión de las plantaciones. El restante 10% se destina a aceitunas de mesa, para lo que hay plantadas tanto variedades exclusivamente para este fin, como otras de fin dual, es decir, que lo mismo sirven como aceituna de mesa que para la elaboración de aceite de oliva.

Responsable directo de este empuje es el Ministerio de Agricultura y Pesca de Omán, que está brindando un considerable apoyo al sector mediante la distribución de plantas de olivo, e incluso proporcionando un departamento exclusivo en la Universidad del Sultán Qaboos para atender cuestiones de heliotecnia y olivicultura por todo el país, algo que ha sido crítico para el despunte de la olivicultura omaní.

Dr. Juan Vilar

El futuro del olivar en Omán pasa por encontrar explotaciones aptas para una olivicultura de mayores dimensiones y rendimientos, asistida por riego, especialmente en altiplanicies con mayores precipitaciones, buena insolación y alejadas de las zonas más orientales impactadas por la influencia de las brisas y nieblas que proceden el Océano Índico. De este modo el olivar será un cultivo más rentable y atractivo para muchos de los agricultores que han comenzado a apostar por él.

Ese interés por el cultivo del olivo y la producción de aceite de oliva no se circunscribe a Omán, sino que también se extiende a países vecinos en la Península Arábiga, en cuyas economías tiene un peso importante el oro negro petrolífero. Yemén cuenta con ocho mil hectáreas plantadas de olivares tradicionales y explotaciones de una dimensión promedio de 25 hectáreas por finca. Kuwait cuenta con unas 700 hectáreas de olivar distribuido en pequeñas exploraciones de 12 hectáreas en promedio. Arabia Saudita cuenta con un olivar avanzado tanto en densidad y dimensión como técnica de cultivo, entre el que, de acuerdo a Vilar, se hallan tres de las diez fincas de olivar moderno más grandes del mundo.

Los Emiratos Árabes son buen ejemplo de cultivo de olivar en nueva latitud. Como sucede con la viña, el clima extremo se ha compensado con la altitud, que es lo que destaca en una finca situada a 1,400 metros de altitud en el pico más alto del país, el Jebel Yibir. La finca se extiende por unas ocho hectáreas plantadas con la variedad Picual y dispone de riego. La explotación cuenta con una almazara que moltura unos seis mil kilos de aceituna al día. La demanda por aceite de oliva crece en el país, especialmente en su emirato de Dubai, donde se emplea con fines estéticos, nutricionales y de salud.

 

26 de agosto de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

“La propagación la han desarrollado mediante la multiplicación por estaquillado y esqueje en pequeños viveros distribuidos por el territorio, lo que permite disponer de plantas para poder distribuirlas por el país. Por el cultivo tradicional y en secano la labor de plantación resulta difícil, asistiendo la misma durante los primeros años con riego permanente. Los olivos suelen producir al cuarto o quinto año de haberse plantando, tratándose de un cultivo, por el momento, de corte incipiente”, detalla Vilar. 

El Ministerio también proporcionó la primera almazara que funcionó en Omán, donde hoy funcionan ocho e incluso hay una ciudad llamada Al Mazara. “Todas las almazaras tienen una capacidad de 20 mil kilogramos de molturación diarios y trabajan en dos fases. No cuentan con plantas de tratamiento de alpeorujo, usando este subproducto como abono orgánico o alimento para el ganado”, indica el experto.

Además de distribuir plantas de olivo a los agricultores, el Departamento de Desarrollo Agrícola de Omán distribuye de forma gratuita entre la población el aceite de oliva producido, ejemplo del apoyo a este producto como alimento saludable.

“El actual crecimiento vegetativo poblacional que está experimentado Omán requiere de cada vez mayores dotaciones alimentarias, ello está potenciando el cultivo del olivo, fundamentalmente por lo saludable, además de por la capacidad de adecuación y adaptación del olivo, siendo uno de los cultivos permanentes que en mayor medida se adecua a las condiciones extremas del país”, acota Vilar.

 

 

 

El nuevo oro líquido de la Península Arábiga

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Juan Vilar y Abbae Queiles  (C)