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En São Bento comienzan a desdoblarse los gustos de Oporto. Tan vieja como tan nueva, tan apacible como vibrante, con azulejos y pendientes, la histórica estación de tren que antaño fue convento es casi un punto neurálgico desde el que se ramifican los sabores de esta mágica ciudad a la vera del Atlántico y a orillas del río Douro, donde un popourrí de experiencias gastronómicas magnetiza a visitantes tanto como los vinos que le han hecho célebre como destino turístico.

Bajo el abrigo de sus mosaicos azules comienza a cocinarse un panorama de sabor, tan ecléctico como delicioso, que se intuye nada más traspasar el lindero de su fachada y ver abrirse en su corto horizonte un mapa de direcciones para el paladar.

A unos cuarenta y cinco grados a estribor desde São Bento están la Praça da Libertade y la avenida dos Aliados, un entorno bullicioso donde a casi pasos de distancia entre sí conviven en contraste el Mc Donald’s más artístico. donde aún prevalecen los vestigios artísticos de su pasado incumbente el Café Imperial, y el más glamoroso interior del hotel Inter-Continenal, con su bar y su restaurante que congujan tradición con sofisticación.

 En la posición de y cuarto que marcaría un reloj, desde la estación de tren empiezan a aparecer locales  pequeños con vocación muy turística que se van perdiendo entre las callejuelas que desde allí se difuminan en ascenso hasta casi alcanzar la agitada vía comercial de Santa Catarina. Y en la dirección opuesta y hacia la retaguardia de la estación, otro enjambre de rúas tal vez más decrépitas, pero con sabores más íntimos y auténticos de Porto y Portugal.

Pero quizás la llave que encamina a los visitantes al corazón del sabor es la que lleva a siniestra hasta una rúa peatonal que se va abriendo paso en su ruta hacia la ribera del río y, como su preámbulo gustativo, alberga comercios pequeños, tabernas, casas de café o boutiques de sabores regionales que apetece probar una y otra vez.

Es la rúa das Flores, uno de los enclaves gastronómicos más pujantes y apetitosos de la ciudad. Tomando por apellido el nombre de la calle, la Mercearia das Flores es uno de los puntos más frecuentados de la vía. Un espacio casual y sencillo que se precia de su oferta de productos regionales y biológicos de Portugal, como los quesos, embutidos o conservas de pescado que se pueden adquirir para llevar o degustar allí mismo en compañía de una buena conversación, regada con vinos portugueses que sirven de perfecta armonía a la gustosa sencillez que se coloca en el plato.

Por ese camino neurálgico hay, además, salones de té y café decorados al más puro estilo rococó, y otros más sencillos como un café protagonizado por la Nutella. Casi todos con mesas al aire libre, un complemento de relajación en una calle con un tráfico incesante de peatones, y una oferta obligada de músicos callejeros.

Sus notas musicales adornan un ultramarinos con expendio de vinos, otra tienda de chocolates, y también una de las más modernas y auténticas, la de Meia-Dúzia, un proyecto con arte de sazón, que condensa en tubos sabores creativos y muy portugueses, facilitando su manejo como condimento o elemento decorativo para convertir al más amateur de los cocineros en todo un artista del plato. Además de vender esos óleos comestibles con cremosos sabores como los de higos con naranja, los chocolates con frutas, los pimientos o las aceitunas, en este local también pueden disfrutarse algunos bocados sencillos adornados con ese ornamento de gusto.

Siguiendo la rúa das Flores en dirección al río Douro se desemboca en una pequeña plaza con varios restaurantes, entre los que se sitúa Traça, un lugar casual, con un comedor de altas mesas y terraza al aire libre donde se sirve un recetario hecho a la medida de los carnívoros que pueden regar desde la finura del carpaccio hasta la suculencia de los filetes con los mejores sorbos de vinos de Douro y Oporto.

Degustar la riqueza vínica de la ciudad y la región que le da vida es uno de los alicientes más importantes de la ciudad y uno de los locales portuenses más afamados por su destreza a la hora de crear maridajes es Prova, un bar-restaurante a poca distancia de Traça y cercano al Instituto de Vinhos de Douro y Oporto.

Justo en el Instituto, los enófilos avanzados o principiantes cuentan con una sala de degustación y una tienda de vinos donde pueden tener un contacto con la región productora a través de una vasta gama de botellas. Y apenas a pasos de este edificio, en el Palacio de la Bolsa, hay también una Sala Ogival de Viniportugal, también con un vasto repertorio de etiquetas portuguesas con que descubrir el gran universo del vino luso.

Entre la rúa das Flores y su calle paralela, la Mouzinho da Silveira, se sitúan los proyectos más casuales de algunos de los cocineros de alta cocina con mayor renombre en Portugal. Por ejemplo, Vasco Coelho Santos, quien ha cosechado numerosos laudos por su restaurante Euskalduna, es el artifice de Semea by Euskalduna, un local casual y amigable donde disfrutar platos con esencia portuguesa e ingredientes frescos, y una de las más jóvenes propuestas de la rúa das Flores.

En la Mouzinho da Silveira el último recién llegado ha sido el chef Henrique Sá Pessoa, quien en Tapisco, un restaurante moderno y acogedor donde vinos y vermuts tienen protagonismo, celebra su atracción por lo español con un destaque de frutos de mar a la parrilla, y una línea de arroces, paellas y fideuás en un perfecto ensamblaje de los productos y cocina ibéricas, donde no faltan indipensables de Portugal como el bacalao o la deliciosa alheira.

Tapisco llega a Oporto tras una exitosa apertura en Lisboa en 2017, una ciudad desde donde también arribaron los conceptos gastronómicos de José Avillez, quien a poca distancia de Tapisco regenta su Cantinho do Avillez, uno de los locales más demandados de Oporto.

Una barra da la bienvenida a un restaurante informal y con aire familiar donde Avillez, uno de los grandes referentes de la culinaria portuguesa contemporánea, plasma con toques creativos una cocina con esencia, familiaridad y aire reconfortante que eleva su expresión técnica y creativa sin arrojarla a la vanguardia más arriesgada. Francesinhas en versión Avillez, judías verdes en la más impecable tempura, extravaganzas de chocolate o almendra donde estos ingredientes se desdoblan en varias texturas y temperaturas en un mismo plato son algunas de las recetas del local, que complementa su quehacer culinario con una tentadora oferta de cócteles y una bien configurada oferta de vinos por botella y por copa, incluidos los que llevan la marca del cocinero y que son atinadas propuestas en rosado, tinto o blanco elaboradas en conjunto con el enólogo José Bento dos Santos.

Este lado casual del michelinesco Avillez se replica en su Minibar, una coctelería con oferta gastronómica situada no lejos del céntrico hotel Infante Sagres, reabierto este 2018 y que cuenta con un Vogue Café como uno de sus principales atractivos. Uno de los pocos locales de Vogue Café del mundo, este espacio funde lo chic con lo cosmopolita con toques de innovación y estilo, posicionando a Oporto entre los grandes destinos internacionales en que esta marca tiene presencia. Cócteles con vinos de Oporto servidos entre imágenes fashion, una oferta gastronómica bien puesta pero sin aspavientos, a cargo del chef Gil Raposo y bajo la tutela Ricardo Costa, chef ejecutivo de The Fladgate Partnership, hacen de este local un punto para ver y dejarse ver.

Costa es todo un referente en esta ciudad vínica, con una dimensión de lujo gastronómico del que refulge como faro el restaurante con dos estrellas Michelin que timonea en el célebre hotel vínico The Yeatman, un exitoso referente del placer de acoger, degustar y vivir la experiencia sibarita, admirando desde Vila Nova de Gaia la maravillosa vista a la vieja ciudad de Oporto que catapulta a este hotel de cinco estrellas, como uno de los puntos enogastronómicos de rigeur en todo Portugal.

Otro lujo del que se precia The Yeatman es de su Dick’s Bar, un exquisito bar de vinos con vista donde se puede disfrutar de una selección por copa de decenas de vinos portugueses, siempre con el horizonte de Oporto en la mira.

Aunque no en demasía, las estrellas Michelin refulgen en Oporto, donde además de las dos del restaurante de The Yeatman, las celebran monoestrellados como Antiqvm, un fantástico espacio con vista desde la ribera opuesta y un comedor acristalado y moderno que enmarca el arte en el plato del laureado chef Vitor Matos, quien con su minucia creativa casi plasma presentaciones de filigrana a la vista y al gusto en una cocina mediterránea, creativa y multisensorial, de inspiración moderna y esencia de tradición. Junto con la estrella de Antiqvm refulgen también la de Pedro Lemos y la de Casa de Chá da Boa Nova, liderado por el chef Rui Paula en el barrio de Matosinhos, los locales que completan el trío de tres restaurantes con una estrella Michelin en la ciudad.

Aún no la tiene, pero no sería sorpresa que a partir de este mes, cuando se anuncian las estrellas Michelin portuguesas, alguna se añadiera a Euskalduna, el espacio creativo donde Vasco Coelho Santos plantea una cocina de autor inspirada en lo aprendido de su trabajo en España en restaurantes como Mugaritz o Arzak. Ubicado en la Baixa, Euskalduna es un restaurante de apenas 16 cubiertos y prescinde del personal de sala, pero entre chef y sumiller cuenta con una cocina pura, minimalista, creativa y de temporada.

En este grupo de más postín figura también el restaurante DOP de Rui Paula, un chef que vino de Alijó en el corazón del Douro y cuyo céntrico establecimiento a poca distancia del Palacio de la Bolsa está considerado uno de los de más nivel en la ciudad. Además de él, Oficina, un espacio de confraternidad entre tradiciones culinarias portufuesas reinventadas, es otro de los espacios gastronómicos más seguidos de Oporto.

Más nuevo es Casario, un cuidado restaurante de decoración casual, recetas sofisticadas y servicio bien puesto que abrió hace muy poco en Gran Cruz House, el hotel que la casa de vinos Porto Cruz ha abierto hace muy poco en la Ribeira.

Cruzando el río, en Vila Nova de Gaia se encuentra también Enoteca 17.56, otro de los grandes estrenos del año en Oporto, un espectacular espacio gastronómico con vistas a la vieja ciudad, que se admira degustando las creaciones de algunas de las varias ofertas de la Enoteca, que van de carnes a pescados o quesos, armonizados con una magnífica carta de vinos que hace acopio de las etiquetas más selectas de la Real Companhia Velha, matriz del restaurante, y otras selectas bodegas del mundo. Un lugar donde también puede degustarse y adquirirse la cuidada selección de quesos portugueses y del mundo de Fromagerie Portuguesa.

La inspiración enoturística fluye en Gaia como las aguas del Douro y dos locales que ameritan también un buen yantar van vinculados a bodegas. El primero, Barão de Fladgate, el restaurante del centro de visitas y cava de Oporto Taylor’s, con un salón acristalado y una terraza con cautivantes vista de la ciudad, y el segundo el Vinum, ubicado en el centro de visitas de Oporto Graham’s, donde junto con la vista pueden disfrutarse las más suculentas carnes preparadas en un magistral punto de cocción. Para esos manjares carnívoros los vinos de Oporto y tranquilos del grupo Symington, como los fantásticos Quinta do Ataíde, que encajan como guante de seda a esas viandas.

Vinum
Barão de Fladgate

Otra casa de vino con restaurante es Sandeman, a orillas del río, que cuenta además con una terraza en la que disfrutar una surtida lista de cócteles con vino de Oporto. Y en ese mismo lado del río, el Mercado da Ribeira replica el concepto de viejo mercado reconvertido en espacio gastronómico tipo food court, con multiples stands y un salón comedor central.

Por las riberas del río se explaya un rosario de locales donde, más que la comida del plato, lo que se degusta es la vista. En Cais de Gaia y, más aún, en la ribera opuesta del viejo Oporto, del amanacer al anochecer un incensante tránsito de gentes se mueve como hormigas obnubiladas con el entorno mientras la música suena con encanto.

En una de las callejuelas que ascienden de esa ribera se halla también una bóveda secreta de la mayor frescura del mar que muchos bodegueros acostumbran a frecuentar. Es el Adega São Nicolau, con un comedor que tiene techo cóncavo asemejándose a las barricas, un espacio a la medida de quienes hacen y disfrutan el vino. Nada de preparaciones elaboradas, sino un lugar de producto, frescura y sencillez, como los que también hay en Matosinhos, otro de los barrios de Oporto, su cara al mar, célebre por sus restaurantes de pescados y mariscos, que en los fines de semana rezuman un ambiente familiar.

En Matosinhos un indispensable es Gaveto, un emblema de la tradición culinaria portuense que no presume de ornamentos, pero sí de la materia prima de sus recetas y del trato al vino, con una impecable carta de vinos, que es uno de sus enseñas más relucientes. Otra referencia en Matosinhos es Cafeína, un local de cocina internacional, pero con fantástico manejo de los frutos de mar.

Oporto está repleto de pequeños restaurantes familiares y de vecindario donde la suculencia y abundancia se pagan a un más que buen precio. Sabrá si son recomendables cuando los vea llenos de residentes locales, como la Churrasqueria do Infante, en frente al Palacio de la Bolsa, donde podrá comerse el bacalao en mil maneras para chuparse los dedos, tentado por una jarrita de vino de la casa.

De estos localitos hay también en el Mercado de Bolhão, el mercado capitalino que actualmente se encuentra en proceso de renovación, pero que cuenta con algunos espacios humildes que adoran los turistas aventureros. Aunque esté provisionalmente cerrado, Bolhão bautiza a un cercano mini reino del azúcar con aires de antaño, con un sinfín de dulcerías antiguas y bien tradicionales (también alguna tienda de vinos, quesos y embutidos como Comer e Chorar por Mais) donde se pueden adquirir numerosos pasteles y creaciones sucarosas con la más férrea firma de la historia y la tradición. Y también, por supuesto, en un contexto de modernidad, como el espacio donde se elaboran en volumen e incesantemente pastéis de nata, que hacen la delicia de quien quiere disfrutarles solos o en compañía de un café.

Las colas sabrán dirigirle al lugar más conocido para tomarse uno, el Café Majestic, un café con historia en el corazón de la rúa Santa Catarina, donde sus decoraciones de caoba se funden con el café en la taza o el vino de Oporto de aperitivo. Ese espíritu de café con historia lo tiene también el de la Brasileira, un local nuevo, pero decorado con esencia Belle Époque, ubicado en los bajos del Pestana Brasileira, un hotel que toma el nombre del café original y donde ciertamente no hallará las colas que han restado magia al Majestic.

El sabor de Oporto se condensa también en los numerosos locales de Gelados de Portugal, una exitosa franquicia que busca refrigerar los sabores de la tierra portuguesa con combinaciones heladas de algunos de sus productos de referencia. Helado de castaña con vino de Oporto, lujurioso helado de pastel de nata, o helado de yogur y calabaza, son solo algunas opciones de una larga selección autóctona.

Como ciudad abierta Oporto cuenta también con propuestas y sabores del mundo, que extiende esta ciudad atlántica a un universo de gusto, enriqueciendo los suyos propios y tornándola irresistiblemente apetecible tanto para quien la vive a diario como para quien halla efímeramente en ella un lugar autóctono con vocación universal.

 

2 de noviembre de 2018. Todos los derechos reservados ©

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Apetitosa Oporto

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos, The Fladgate Partnership, Graham's Porto  (C)