19 de agosto de 2015 - Novedades de Viajes & Vinos

En esta edición:

SABOR - Lo nuevo de ASERE

PERSONAJES: Conde Ferdinando Guicciardini

PROTAGONISTAS - Los vinos de la Ribeira Sacra

BODEGAS - Arzuaga Navarro

EVENTOS - PR Meets NYC

ZONAS PRODUCTORAS -  Los vinos de Creta

HISTORIA - Los nuevos vinos de Chambord

BODEGAS - Las nuevas cepas de Do Ferreiro

VINOS - La Rioja Alta celebra en America

AMBIENTE - Whisky y sostenibilidad

Y además… Las nuevas cepas ancestrales de Torres, Hongos al descubierto, Maria Marte en Santo Domingo, Maestros franceses en Yucatan, Barefoot limpia a Puerto Rico, Franciacorta mide la huella de carbono, La Fromaxeri una nueva tienda de quesos, Nueva experiencia de ron en Bacardi, Primer vino de pizarra en Chile, Lo nuevo de Cocina Abierta, Vega Sicilia estrena director tecnico y mas...

Tendría que haber un evangelio apócrifo que relate otros secretos del milagro de Caná. Uno en que las tinajas de piedra cobran silueta de desgastada barrica centenaria de castaño que, al abrir sus entrañas para dar a conocer sus secretos, revela un elixir de tinto mencía capaz de generar una emoción tan mística como la que sin duda revoloteó por aquellos esponsales bíblicos donde Jesucristo transformó el agua en vino y concretó en público las primeras señales de su poder divino.

Entre lo divino y lo humano está la Ribeira Sacra, donde desde hace siglos se hacen milagros de vino. Porque sólo admirando desde la silenciosa altura ese paisaje de escalofriantes pendientes con un fondo de río es que se entiende que algunos de los vinos más emocionantes del patrimonio de la humanidad tienen que ser fruto de un milagro, casi como aquel de Caná.

Desde ese alto Mirador da Capela en Vilachá se ven las viñas de San Mamed por la Ribera de Val do Frade. Casi perpendiculares, rasgando la montaña, bañadas por el sol y envueltas por el silencio sepulcral que magnifica lo imponente del paisaje, capaz de  transformarse en vino. Dicen que desde el Mirador trasladaban al santo en procesión, mártir que no abjuró de su fe cristiana a pesar de los tormentos a los que fue sometido, y que concluyeron con su muerte cuando sus enemigos vieron que no cesaba de hacer milagros. Y quizás por no cesar en su empeño milagrero, escogió llegar por el Camino de Santiago a la Ribeira Sacra para proseguir haciendo portentos entre vides.

Foto: Consorcio Turistico Ribeira Sacra (C)

 

La DO Ribeira Sacra cuenta con cinco subzonas: Chantada, Amandi, Ribeiras do Miño, Ribeiras do Sil y Quiroga-Bibei.

 

Del prodigio del vino en la Ribeira Sacra hemos hablado ya en Divinidades, pero la magia es incesante en esta denominación de origen, que exhibe el secreto encanto de lo agreste y lo celestial conjugados en perfecta sinfonía para continuar revelando un fenómeno en botella que día a día adquiere mayor madurez con la aparición de nuevos proyectos y la consolidación de algunos muy heroicos, pero tal vez más discretos. Casi un centenar de bodegas en la denominación de origen, la mayoría de pequeña dimensión, y pocas dedicadas íntegramente al negocio del vino, que más bien viven como un complemento a otras actividades económicas de familia.

Una de ellas es la de San Mamed, a la que desde el Mirador se llega como en aquellas procesiones en las que se sacaba al santo por caminos con frecuencia estrechos, solitarios y tortuosos, que se van pintando con carretillas de heno, avellanos, flores amarillas, casas derruidas y hasta antiquísimas aldeas de piedra y pizarra que evocan el espíritu artesanal del vino en la Ribeira Sacra, con casas rústicas y ancestrales como las de las adegas abelairas, cuyas puertas de madera a veces se abren para acoger con hospitalidad a los amigos en un brindis que confabula godellos y mencías, cepas dominantes en la denominación, y revelarles secretos en botella que rozan el paraíso.

Hacia San Mamed, la bodega, que es como mejor se conoce a la Adega Pumar Rodríguez, los aromas a leña van señalando el camino. Discreta estructura blanca con un ala de piedra y pizarra, tiene en su entrada una amplia mesa de comunión, donde la gente se sienta literalmente en bancos de iglesia para disfrutar del regalo del pan y el vino, como en la eucaristía. El pan es casero y acompaña embutidos también de casa, chorizos de cerdo cebado con castañas, un aroma a lar que es la esencia de esta bodega de garaje, que se fundó formalmente en 1999 cuando se integró a la denominación de origen, a pesar de haber elaborado vino por generaciones.

Ubicada en la subzona de Quiroga-Bibei, una de las cinco que ensamblan la Ribeira Sacra, San Mamed es una bodega familiar con una pequeña producción basada casi toda en viña propia, que es la que se enfocan en mimar. Casi se retrocede en el tiempo en el pequeño espacio que acoge la bodega, justo bajo el ala de piedra y pizarra que se ve a la entrada. Pequeña pero limpia, con depósitos en los que ni siquiera hay control de temperatura integrado y hay que enfriar manualmente, en San Mamed no hay tecnología en demasía, pero con holgura sí hay dedicación y sentido común.

De rociar con estas cualidades el vino se encarga María Aria Pumar, quien junto a su marido depositó en aquella barrica mágica de castaño con 200 años a cuestas un mencía emocionante hasta las lágrimas, concebido, no con un fin comercial sino el del celebrar sus propios esponsales, con el espíritu de recrear “los vinos de siempre”, revelados con la sublime elegancia de un gran Borgoña o el protegido encanto de aquel Le Coin Perdu de la película “A Good Year”. Un vino con alma, que nació con la vocación de ser especial y para ello escogió reposar en esa antiquísima barrica recuperada, trayendo al siglo XXI un material que se empleó por siglos, pero que cayó en desuso a favor del roble, que aporta más matices al vino. Se gestó de cepas jóvenes de no más de una década, que se fermentaron íntegramente con raspón y empleando un pie de cuba con levadura de la viña, para luego reposar unos ocho meses en la barrica.

Excepción también por ser una de las primeras elaboraciones en madera de San Mamed, que hasta 2014 había creado toda su producción en acero inoxidable, empleando algo también en fibra de vidrio. De todas las actividades de la bodega, desde la vendimia, se encarga María, con la asesoría del joven enólogo Roberto Regal, y el apoyo de su hoy esposo, quien, de momento, tiene al vino sólo como afición.

En los vinos buscan mucha extracción y un reflejo del suelo pizarroso y de xisto donde nacen las uvas. Para lo primero realizan varios remontados al día y es precisamente esa intensidad la que caracteriza al San Mamed, la etiqueta con la que se estrenó la bodega. Un vino joven, con alta capa y mucha densidad y fruta en boca, que se ha alzado con no pocos premios como el mejor de su categoría en competencias regionales de vino. La uvas de la bodega se surten de Vilachá, viñas abandonadas como muchas otras en la comarca, que el esfuerzo de la familia se aseguró de retomar.

Tras esta etiqueta surgió en 2011 Linaxe de Lupián, otro joven mencía, pulido, fresco, y aún más intensamente afrutado. En 2014 la bodega realizó su primera elaboración con barrica, un tinto mencía que pasa seis meses en madera y sale de ella con más estructura en boca.

Para la cosecha 2015 la bodega ha ido eliminando todos los tratamientos en viña, una apuesta por lo ecológico, sin llegar a la biodinámica, que aporte a ese objetivo de que los vinos transmitan, sobre todo, honestidad.

La honestidad es el denominador común entre San Mamed y Lar de Ricobao, ubicada también en esa subzona de Quiroga-Bibei y una de las más jóvenes bodegas de la Ribeira Sacra.

Contrario a otros espacios bucólicos, en Lar de Ricobao impera el pragmatismo y por ello la bodega tiene su sede en una nave industrial amplia y funcional, donde todo está acomodado en un espacio sin más compartimientos que las mismas divisiones que establecen depósitos, barricas y botellas con cuya silueta se graban las “O” de su nombre. Indiscutible reflejo del trasfondo en ingeniería medioambiental y de energías renovables de los fundadores de la bodega que, ante la crisis apostaron por sacar partido a unas viñas de su propiedad, creando una bodega con vocación exportadora que en 2013 se instaló en su sede actual.

Dentro de la nave, en las paredes se grabaron como huellas la forma de las botellas. Grabada a su vez, no sobre cemento, sino en copa, por el trabajo conjunto de Luis Buitrón, enólogo todo terreno con tentáculos por el noroeste español, y Julio Quiroga, ingeniero y bodeguero propietario, quienes en los vinos pretenden reflejar un aprovechamiento de las peculiaridades del Valle de Quiroga, su clima, las variaciones de sus suelos, y los cambios térmicos que ayudan a la maduración de la uva, con un respeto por la materia prima y el ambiente, cuidando la viña de manera ecológica.

La mencía ocupa más de la mitad de las viñas, en las que hay también tintas tempranillo, sousón, mouratón y garnacha, y blancas como la godello, la treixadura y la mozafresca (dona branca), tanto de viñas viejas como de cepas más jóvenes. Además de las viñas propias hay otras en alquiler, dándose seguimiento a sus viticultores, a quienes se han ido re-educando para re-enfocar la producción a una en la que la búsqueda de la calidad sea más pretenciosa que los grandes rendimientos. Los ensamblajes de uvas tintas son enseña de la casa, como es bastante habitual en muchos vinos de Ribeira Sacra, al igual que una indeleble marca floral a violetas.

Además de aplicar técnicas sostenibles en las labores de campo, Lar de Ricobao emplea sistemas de aprovechamiento de energías renovables para el trabajo en la bodega, donde se emplean equipos fotovoltaicos, biomasa e incluso pozos para el agua. Dentro de la bodega hay depósitos de distintos tamaños y sobresale una sala de barricas construida a partir de un cubículo que se asemeja a una sauna, y que retrata esa funcionalidad que se pretende en esa nave, que tiene la doble función de almacenar vino y trabajar cómodamente en su elaboración.

Treinta mil litros de Lar de Ricobao se producen con esencia de raíz, pero también espíritu contemporáneo, repartidos en varias etiquetas blancas y tintas. Un godello joven y un godello fermentado y criado en barrica entre los blancos, un tinto joven muy afrutado y otro selección especial, así como un aventajado monovarietal de garnacha, que se embotella fuera del amparo de la denominación de origen.

La bodega elabora además un aceite de oliva extravirgen extremadamente artesanal, uno de los pocos realmente creados con aceitunas cultivadas en el valle de Quiroga, y entre las que se emplean dos autóctonas gallegas, brava y mansa.

A otro extremo de Quiroga está Amandi, subzona por excelencia de la denominación de origen, con espeluznantes viñas colgadas del cielo para enmarcar el cañón del río Sil. De vértigo. Con productos de fama histórica, Amandi es una de las cinco subzonas productoras de una denominación situada entre el sur de la provincia gallega de Lugo y el norte de la de Orense, una región caracterizada por su topografía de montaña, que discurre en torno a los ríos Miño y Sil, y la distingue de otras denominaciones gallegas, obligando a practicar una viticultura extrema, entre pendientes tan escarpadas que incluso exigen usar montacargas y sacar las uvas en bote durante vendimia.

Imponentes y aterradoras son las viñas de Régoa, 80 grados en vertical ascendiendo como alpinistas, del río a lo alto de la montaña.

Allí se impone la regla de José María Prieto. El doctor. Como si fuera una prescripción médica, sigue rigurosamente la saludable regoa de ir a cuidar esas viñas, remotas y escondidas entre la pendiente, el paisaje y el elocuente silencio, de tan difícil acceso que ni siquiera el dominio con que desciende la tortuosa ruta calma la ansiedad que provocan las estrechas curvas que serpentean casi a ras del río, y que han servido para proteger ese pedazo de tierra habitado por godellos y mencías casi como si fuera un arca de Noé.

Sólo bajando allí abajo y mirando hacia arriba se entiende la plantación. Una tan alucinantemente inclinada que no se da crédito a que alguien con sus cinco sentidos bien puestos se anime a cultivar allí vides. Pero es que la Ribeira Sacra no es de cinco sentidos sino de más, con la apasionada intuición como el sexto dictamen de la regola monástica que desde hace siglos sugirió que de esas augustas laderas podrían salir buenos vinos. Por eso el doctor decidió adquirir allí tierras para poder dedicarse a sanar, con vino.

La pizarra domina el paisaje vertical, tan abundante y pura que sobresale con crudeza por esas once hectáreas donde se gestan los vinos de Bodega Régoa. Junto con la pizarra destacan los raíles de hierro, herramienta indispensable para transportar las uvas fuera de las terrazas que pintan esas pendientes de 80 grados.

En ellas la tinta alvarello, también conocida como brancellao, una cepa autóctona gallega de bayas pequeñas, escaso contenido fenólico, pero mejor resistencia a algunas enfermedades de la vid, que aporta notas balsámicas y aceitunadas, frescor y textura untuosa al vino. Esas cinco mil cepas de esta variedad constituyen la mayor plantación de brancellao en Galicia, y son una de las señas de identidad de los vinos de Régoa. Para muestra una vinificación 100% brancellao de la cosecha 2013, que tiene en nariz muchos recuerdos a ciruela claudia fresca, miel, rosas, lavanda, pâté de aceituna kalamata, y en boca es más sutil y sin tanta carnosidad.

Además de éstas hay también otras variedades minoritarias como la sousón o la caíño y, por supuesto, mencía, aunque en una proporción mucho menor que la de rige en la mayoría de las viñas de otras bodegas de la Ribeira Sacra. Todas de una antigüedad superior a los 15 años y producción máxima de dos kilogramos por cepa.

Escalando la salida de esa viña por empinadas curvas que serpentean en ascenso, se emprende la ruta hacia la bodega, en Sober. Un contraste con la montaña, por ubicar la estructura en un terreno distante al río, y hallarse en un edificio amplio y espacioso construido en 2005 y que aún no se ha terminado de armar del todo en su interior, permitiendo, no obstante, trabajar cómodamente en la elaboración del vino, fomentando la convivencia de depósitos de acero de diversos tamaños, depósitos troncocónicos de madera, y barricas de diversa capacidad para realizar a través de estos envases vinificaciones y envejecimientos.

La madera es amiga de todos los vinos de la bodega, aportando estructura y complejidad a sus varias etiquetas. Régoa, un 90% mencía con algo de brancellao pasa entre seis y ocho meses en roble; Régoa TN fermentado y criado en depósito tronconónico, y Régoa Iria, un finísimo vino de parcela, bajísimos rendimientos y larguísima crianza.

También en la subzona de Amandi y con pendientes de vértigo, tan abruptamente inclinadas como las de Régoa, están las de Val da Lenda, ubicadas en una ladera oriental sur a la que se llega descendiendo la montaña por un sendero famélico en acusado zig zag, que amedentra por su estrechez. Allí a mitad de camino entre el río y la cima del monte se huele el paisaje con sus flores de lavanda que perfuman más de 300 metros de ladera que luego buscan encerrarse en la botella de vino.

Víctor Manuel Rodríguez cuenta que de aquellos estrechísimos bancales de piedra que se esparcen por la viña, antaño durante la vendimia había que sacar en burro los pesados cestos de casi 35 kilos de uvas hasta la bodega. Luego llegaron las mulas, después los cables y los raíles que hoy recorren la viña de arriba a abajo para facilitar el transporte de las cajas que se emplean en la actualidad. A pesar de su juventud, el bodeguero plantea con orgullo la proeza de una historia que conoce bien, la de las viñas de su familia y cómo la fundación de la denominación de origen Ribeira Sacra obligó a replantear el territorio que anteriormente destinaba el fruto de la viña primordialmente para autoconsumo familiar.

Ellos recuperaron parcelas y restauraron bancales persiguiendo siempre la naturalidad de la poca intervención, con disciplina de seguir los ciclos lunares para los trabajos en la viña, así como el uso de abonos orgánicos como la paja o cubiertas de hierba para proteger una población de cepas que en su mayoría tiene más de medio siglo. De ellas surten casi toda la viña empleada en bodega y el poco restante se obtiene de viñas vecinas trabajadas con la misma filosofía que las propias.

Parecen colgadas del cielo desde un suelo de esquisto. Y cuando se supera el pánico a caer desde lo alto de los raíles, se escucha lo que cuenta el silencio mientras se admira un horizonte bañado por el sol de tarde que se refleja en la piedra mientras empieza a rozar el atardecer y se imaginan todas las leyendas que encierra ese valle y que los de la bodega intentan relatar en botella con tinta de mencía.

Se emprende la ruta de ascenso casi a contraluz, con el sol de frente cegando el derrotero y así se llega a la bodega, un pequeño espacio dominado por la piedra en la casa familiar de más de dos siglos en la que a través de varias generaciones se ha ido elaborando vino. Primero para autoconsumo, vendiendo los excedentes, y, a partir de 1991, constituida como bodega en toda regla, una de las pioneras de lo que más adelante sería la denominación de origen.

Allí un mastín se pasea al caer la tarde vigilando vinos y bodega. La pequeña prensa, los depósitos de acero donde se elabora su etiqueta, Val da Lenda, un tinto joven de mencías cultivadas en aquellos impresionantes viñedos, que ha cosechado premios internacionales y que tiene también una versión de godello, escasísima. Y vela también el can un acogedor espacio de convivencia y cata, donde suena el brindis de copas.

Podría uno quedarse anclado allí del amanecer al atardecer, repasando el verde en el tren del tiempo y escuchando las historias que cuentan las laderas sagradas donde se cuelgan sueños de viñas, vinos y botellas enmarcadas por la historia del Imperio Romano, de los monjes cistercienses, de joyas románicas y pequeños poblados de piedra, pero, sobre todo, por héroes del vino.

Esos parajes remotos y magnéticos con inclinaciones de escalofrío que, hasta hace poco permanecieron casi recónditos, con aldeas abandonadas y bancales desconocidos, se abren al mundo como un divino hechizo vinícola donde hoy, además de probar su revolución de sus vinos, se pueden visitar los lugares donde se hacen y entre, bodega y bodega, ir rellenando el programa con más experiencias de ocio y sabor que hacen de la Ribeira Sacra un destino patrimonial de España, aún ignoto, pero con muchos elementos para cautivar a quien ama la cultura, la naturaleza y el vino.

La Ribeira Sacra es una zona de una riqueza paisajística impresionante, en la que a los ancestrales bancales de piedra donde se cultivan las vides, se suman los cañones de los ríos, zonas de montaña, miradores, bosques de robles y castaños, meandros de película, espacios de ribera con vegetación propia y hasta pueblos abandonados de piedra, paja y pizarra, tesoros escondidos y salvajes que se han empezado a revitalizar alrededor del vino.

En la comarca se aglutina la mayor cantidad de arte románico de Europa, con numerosas iglesias y monasterios esparcidos por todo el territorio que le da nombre de ribera sagrada

Toda esta riqueza histórica, arquitectónica, etnográfica, vinícola y natural, han estimulado a la Ribeira Sacra a buscar el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Seguro que por ello por allí quiso morar San Mamed.

 

Arpegio 2013. Bodegas Ronsel do Sil. Ronsel do Sil es un proyecto de vinos relativamente joven, concebido por una arquitecta que está convencida que la Ribeira Sacra es el paisaje más arquitectónico que tiene España. Asesorado por la reconocida enóloga gallega Cristina Mantilla, la bodega produce varias etiquetas como este Arpegio, un mencía que pasa ocho meses en barrica y que construye su pentagrama de sabor con notas de uva de microparcelas que suenan con la continuidad de un musical arpegio de frescura, buena fruta, ligereza en su estructura, redondez, sedosidad en el paladar y mucha elegancia. La bodega elabora también Ourive, un contraparte de blanco godello, así como una etiqueta más básica, los Vel’Uveyra, en versión tinta mencía y blanco godello, así como un vino más top, Alpendre.

Alpendre Merenzao 2011. Bodegas Ronsel do Sil. La merenzao (trousseau) es una de las cepas más vinculadas a la zona de la Ribeira Sacra, donde por mucho tiempo se ha empleado en los ensamblajes tintos, pero en tiempos más recientes algunas bodegas han comenzado a moldear en solitario, una apuesta de gran valor por la llimitadísima disponibilidad de la cepa a lo largo de la región. Este Alpendre se cultiva en terreno granítico y como otros vinos de merenzao es de estructura ligera, fácil de trago, con intensos recuerdos a fresa en nariz, tonos balsámicos y un pase por boca sumamente elegante, como es seña de los monovarietales de esta cepa tinta.

Bancales Olvidados 2012. Adega Ponte da Boga. Este vino ensambla mencías procedentes de tres viñedos. En nariz destaca por sus matices a frambuesa, regaliz, anises y tonos ahumados, y en boca por ser pulido y con muy buena acidez.

Capricho de Merenzao 2012. Adega Ponte da Bodega. Un verdadero capricho por su limitada producción por la escasez de esta cepa, y la apuesta arriesgada y acertada de la bodega por esta cepa minoritaria y precaria que, afortunadamente, Ponte da Boga está recuperando. Este monovarietal hace su maloláctica en madera usada y envejece en roble usado casi totalmente, con una muy pequeña parte que lo hace en acero inoxidable. El vino se ha ido consolidando cosecha tras cosecha por su fina y elegante nariz, con matices florales a rosas rojas, a fresa, fruta escarchada y tonos de canela, mostrándose en boca con ligera estructura y gran elegancia que le asemejan al perfil de muchos pinot noir franceses.

Lar de Ricobao Godello 2013. Bodega Lar de Ricobao. Un ensamblaje de 80% godello, con un restante contenido de treixadura y otras variedades, de limpio color dorado, y una nariz de manzana roja, mucho hinojo, enebro y anisados, precediendo a tonos melosos a compota de manzana recién hecha que luego dan paso a tonos cítricos de limón. En boca es untuoso (tiene crianza en lias), goloso, salino, con fresco, buena acidez y fina persistencia.

Lar de Ricobao Godello Barrica 2013. Bodega Lar de Ricobao. Un vino que culmina su fermentacion en barricas francesas nuevas y luego se cria tres meses en barrica, bien integrada en el vino donde los aportes de la madera van más en línea de untuosidad y volumen que de matices tostados. Polifacética nariz con tonos a intenso melón, melocotón, manzana y litchi precediendo tonos de flores, piña y una pizca de curry. Un vino que en boca es salino, con una acidez menos marcada, gustoso, con buena persistencia y que invita al próximo trago.

Lar de Ricobao Selección do Val 2014. Bodega Lar de Ricobao. Tinto cóctel de mencía, garnacha, brancellao, merenzao, mouratón y tempranillo que entregan una nariz pletórica a fruta rojas y violetas, que en boca es fácil, pulido y con buena estructura.

Lar de Ricobao Selección do Val 2013. Bodega Lar de Ricobao. Mezcla de mencía, garnacha, brancellao, merenzao, tempranillo. En nariz ataca de entrada la vainilla para dar paso a aromas frutales, a granito, tonos ahumados y a incienso, que en boca regalan un vino fresco, que estalla en frambuesa y luego en flores, para proseguir con notas tostadas y buena persistencia. Tinto joven que se cria sobre sus lias.

Lar de Ricobao Selección do Val 10 Lunas 2013. Bodega Lar de Ricobao. El vino tiene un ensamblaje varietal similar a los anteriores, pero de cepas mas viejas. Realiza malolactica en barrica y se cría en roble frances y centroeuropeo durante diez meses. Predominan los tonos florales a violeta y los minerales en nariz, con algún tono a caramelo y ahumado en boca, donde es aterciopelado, con mucha estructura, muchos matices frutales a fresa, salino y carnoso, pulido y con agradable persistencia.

Lar de Ricobao Garnacha 2013. Bodega Lar de Ricobao. Un tinto elaborado fuera de la DO Ribeira Sacra que pasa 15 meses en barrica y que descolla por su extrema finura y elegancia, con un perfume por el que se pasean cerezas en licor, moras y flores rojas, y que en boca destaca por su fruta, frescura, delicados tonos especiados y sedosidad.

Ponte da Boga Expresion Barroca 2012. Adega Ponte da Boga. La última etiqueta del cuarteto de vinos concebido para conmemorar el 800 aniversario de la Catedral de Santiago de Compostela. Un ensamblaje de 70% mencía con un restante merenzao, brancellao y sousón, que envejece durante 10 meses, parte en depósito de acero inoxidable y parte en barrica usada. Un tinto de intenso color, con abundante fresa y puntos ahumados en nariz, que en boca es fresco y pulido. Su cosecha 2013 tiene algo más de estructura que su precedente.

Ponte da Boga Mencía 2013. Adega Ponte da Boga. Un vino que realiza maceración pre-fermentativa lo que aporta una buena carga frutal con tonos a cereza y pimienta rosa, y que en boca es fácil y fresco, a la par que untuoso.

Regina Viarum 2014. Bodegas Regina Viarum. Mencía joven con notas especiadas y algo ahumadas en nariz, donde también aparece algún resquicio vegetal. En boca tiene muy buena acidez, lo que crea un buen equilibrio entre frescura y fruta.

Regina Viarum Mencia Ecológico 2012. Bodegas Regina Viarum. Tinto que envejece en predominante roble francés con algo de americano, y que ataca con tonos tostados, afrutados a grosella, y en boca es fresco, pulido y con una pizca especiada.

Regina Expresión 2011. Bodegas Regina Viarum. Su crianza por nueve meses en barrica confiere a este tinto de mencía matices de mayor madurez, más garra y golosidad con sabor a frambuesa y tonos ahumados, con una boca sedosa.

Foto propiedad de Viajes & Vinos (C), Prohibida su reproduccion.

Régoa 2011. Bodega Régoa. 90% mencía y 10% brancellao que se cría ocho meses en barrica. Intenso en copa, destaca por su fruta oscura y marcados tonos balsámicos a eucalipto y laurel, que se van afinando para dar paso a tonos florales, de jardín silvestre. En boca es potente, con mucha estructura pero también finura, destacándose sensaciones especiadas y minerales que trasladan muy a la tierra y al polvo de pizarra.

Régoa Iria 2008 (en primeur). Bodegas Régoa. Un vino de parcela, con bajísimos rendimientos de medio kilogramo por cepa, y que tiene una muy larga crianza que puede alcanzar los nueve años o lo que se estime suficiente. Es un vino de cuerpo más bien ligero, que destaca por su gran finura en boca. Además de los tonos afrutados a grosella, en nariz destaca por sus tonos a tomillo y a café tostado.

Sácrima 2013. HGA Bodegas.  Un mencía al uso con mucha frescura y carga frutal a tutti fruti y que es pulido en boca.

San Mamed 2012. Bodega Pumar Rodríguez. Ganador de laudos como mejor tinto de Galicia, además de por su jugosa frambuesa y su intenso color este mencía destaca por sus tonos balsámicos, a mentol, chocolate, ahumados y caramelo, con una boca con mucho cuerpo y estructura.

San Mamed 2014. Bodega Pumar Rodríguez. Densidad y frescura desde la nariz donde estalla una parafernalia de fruta vivaz. Moras con punta de pimienta y canela. Lavanda con punta de lápiz y aceite de oliva. Un vino afrutado, concentrado, carnoso y pulido.

Val de Lenda 2013. 90% mencía y una restante garnacha que explaya una plétora de fruta en nariz, frambuesa, perfumadas flores y algún toque herbáceo. En boca tiene mucha estructura y untuosidad y buena frescura.

 

Viajes & Vinos agradece al CRDO Ribeira Sacra su ayuda en este reportaje.

Casi se pierde en el tiempo la fecha de redacción del primer capítulo de la historia de los Giucciardini. En el Medioevo ya había noticias que enlazaban este noble apellido toscano con el Castello di Poppiano y para 1300-1400 había constancia de que elaboraban vino.

Poppiano es un pueblo de la Toscana italiana del que sobresale su Castello, impresionante construcción medieval que se presume haber servido de defensa externa a la artística ciudad de Florencia, y que resistió no pocos embates y asedios, siendo incluso superviviente de un terremoto en el siglo XIX. Fue el “botín” que le tocó a una de las tres ramas de la estirpe de los Giucciardini, trío de familia, como los tres cuernos de caza que sirven de marca a las botellas de la casa.

Prominente familia florentina, los Giucciardini fueron actores influyentes en la vida social, comercial y política de la ciudad. De sus integrantes, el más conocido de los primeros capítulos fue, sin duda, Francesco, político, diplomático, pero, sobre todo, cronista de una época engarzada en el Renacimiento y del lugar que en ese contexto ocupaba Florencia y el país de los Médici, interpretando y juzgando esa realidad en un libro magistral sobre la historia de lo que entonces constituía el territorio italiano: La Historia di Italia.

“Francesco recorrió el mundo, y aunque a Poppiano regresó al final de sus días y allí escribió el libro, durante sus ausencias por viaje regularmente recibía noticias sobre lo que acontecía en el campo toscano, y entre esa documentación ya había referencias de que se elaboraba vino en los dominios de los Giucciardini”, explica a Divinidades el conde Ferdinando Giucciardini, cronista en primera persona de los capítulos del siglo XXI del Castello de Poppiano y de parte de su siglo anterior.

En los siglos XVIII y XIX aumentó la producción de la bodega y Castello de Poppiano empezó a invertir, comenzando a exportar.

 

Ferdinando se hizo cargo del Castello en 1964, justo en la época en que en Toscana se daba una gran transformación del medio rural provocada por la abolición de la mezzadria, el sistema administrativo medieval donde cada propiedad repartía su producción entre el propietario y las familias que en ella vivían y se encargaban de su cultivo.

Heredó la tarea de su abuelo, quien asumió su crianza muy joven, al fallecer su padre, y le transmitió los valores familiares y la religiosidad con la que él se aproximaba al campo, algo que no le inculcó de palabra, sino con el ejemplo, que el Conde vio y absorbió, sin necesidad de que le dijeran lo que tenía que hacer.

Hace un siglo los valores familiares se transmitían de manera muy diversa a cómo se realiza hoy. La agricultura a principios del siglo XX era, para muchos, una actividad económica complementaria a otras responsabilidades profesionales, pero hoy día, si bien es una actividad que deja dinero, requiere que uno se involucre en ella trabajando, y, en el caso de familas nobles y longevas como los Giucciardini, conciliando tradición con progreso, un reto que tienen los agricultores toscanos de familias antiguas que, a través de ese relevo generacional,  convierten el amor por la tierra, las viñas y olivos en parte del DNA de los suyos.

Fue precisamente lo que hizo Ferdinando Giucciardini, cuyos esfuerzos iniciales al asumir la dirección del Castello di Poppiano se encaminaron hacia la transformación del campo con el fin de convertirlo en algo sostenible a nivel económico. De la era de la mezzadria, Giucciardini se responsabilizó por traer al Castello a la economía actual, algo que realizó con mucho esfuerzo porque había que cambiar la mentalidad de la familia, pero también la del trabajo.

Aunque le gustan los vinos de Saint Émilion, Giucciardini afirma con humor que cuando no bebe uno de sus vinos, bebe agua.

En esa tarea le ayudó mucho su preparación como economista agrónomo, que ejercía laborando en una sociedad en Milán, donde aprendió la necesidad de valorar no sólo la pasión, sino también la viabilidad financiera de los proyectos. Una experiencia que le llevó a recorrer el mundo y a realizar muchos proyectos por Sudamérica, donde aprendió a hablar español.

En Poppiano plantó nueva viña y re-estructuró bodegas y olivos, pero sin dejar su actividad profesional en Milán. Por treinta años jugó a esa doble vida, pero en 1994 determinó hacer un retiro anticipado para dedicarse como única devoción a la bodega, a fin de darle un empuje definitivo.

Hoy Castello di Poppiano cuenta con 130 hectáreas de viña  y 47 de olivares repartidos por Chianti Colli Fiorentini, una de las subregiones de Chianti, la más reconocida de las denominaciones toscanas. “Las subdivisiones de Chianti se hicieron en el siglo XX con una filosofía más política que de terroir. No obstante, las diferentes subzonas, como Colli Fiorentini, sí tienen algunas particularidades que, en el caso de ésta radican en una altitud 100 metros menor, así como un suelo más calcáreo y menos rocoso, lo que rinde vinos más finos, menos robustos”, subraya el Conde.

Allí elaboran varias líneas de vinos, siguiendo los conceptos de tradición, innovación, historia y vinos especiales. Los vinos, amparados tanto por esta DOCG, como por indicaciones geográficas de calidad (IGT), se construyen a partir de la emblemática sangiovese, en solitario o en conjunción tanto con uvas autóctonas toscanas, como la colorino o la canaiolo, como con otras cepas internacionales como la merlot o la cabernet sauvignon. Hay también alguna etiqueta especial elaborada al 100 con algunas de estas cepas. Los que se comercializan al amparo de las DOCG envejecen en barricas de 500 litros, y los que lo hacen como IGT se producen en envases de madera de 300 litros.

Castello di Poppiano Colli Fiorentini Riserva DOCG 2010, ensamblaje de sangiovese, merlot y cabernet sauvignon, proyecta intensa mermelada de fruta, tonos tostados y sedosidad. Tricorno 2009, un IGT, nació de la mano del enólogo Giacomo Tacchis, con la vocación de ser supertoscano, aunque hoy no se posicione así, porque como indica el Conde supertoscano es un concepto que ya no está tan en boga. Enseña de la bodega, este tinto Tricorno es racial, fino en nariz, con muchos recuerdos a mora, sazón de pimiento verde, puntos especiados y ahumados, y bastante pulido en boca, aunque Giucciardini advierte que le favorece afinarse en botella. Un vino que en sus inicios tuvo también otras uvas como la barbera o la nebbiolo, que se eliminaron para que permanecieran sólo las tres actuales, a tono con los tres cuernos emblema de la bodega.

En ese equilibrio entre tradición y progreso está La Historia di Italia, un vino que honra a Francesco y su libro L’Historia d’Italia, curiosamente con “h”, una letra ausente hoy del alfabeto italiano. “La Historia es nuestro deseo de hacer algo innovador”, explica el Conde. Innovador y quizás también rompedor pues esta etiqueta apuesta en su integridad por la merlot, que se proyecta en matices de gran frescura y finura que cautivan de manera inequívoca a los catadores. Un tinto que se lanzó al mercado en 2010 y que en esa cosecha fundacional tiene recuerdos a cereza confitada, vainilla, tonos balsámicos y una gran sedosidad en boca. Doce meses de envejecimiento en barrica y cuatro más en botella. Un arte histórico como el de las pinturas que durante la guerra mundial se custodiaron en el Castello di Poppiano, ayudando a proteger y preservar algunas de las obras maestras más reconocidas de los museos florentinos.

La torre del Castello donde se guardaron algunas de esas piezas hoy se convierte en el altar que alberga otras obras maestros, los Vin Santo, vinos que pasifican su uva malvasía en bodega y luego se fermentan y envejecen en “caratelli”, unas barricas añejas y pequeñas donde permanecen unos cuatro años al menos para garantizar una evolución lenta, y de las que surge un vino con notas avellanadas y a cáscara de naranja ahumada.

En el verano de 1997 Ferdinando probó en Vinexpo unos vinos de la región de la Maremma, una zona costera Toscana que siempre le había gustado por ser más diversa que la Toscana tradicional. Tanto le gustó lo degustado que decidió trasladarse a la Maremma a buscar espacios con potencial para el vino, y en esa búsqueda dio con Morellino di Scansano, región que a su esposa le encantó por su paisaje, y a él le hechizó su potencial por explorar.

En esa DOCG en la que a la sangiovese se la llama morellino, los Giucciardini determinaron escribir un nuevo capítulo construyendo una nueva bodega, Masi di Mandorlaia, un proyecto en el que la familia posee unas 50 hectáreas, una cifra nada despreciable considerando los montos regionales de producción, que se han ido expandiendo dramáticamente, y de los que las uvas Giucciardini representan entre el 4 u el 5% del total de uva producida.

Además de la sangiovese, hay también espacio allí para la alicante bouschet (garnacha tintorera), una cepa asociada con la producción de volúmenes y que si bien algunos apuntan por ir eliminando, otros están empleando en la elaboración de vinos de muy alto nivel. Tres zonas diferentes hay en Mandorlaia para la alicante, y de cada zona obtiene la bodega un vino diferente, uno de los secretos de los ensamblajes de la bodega.

Acompaña la alicante vinos como el Masi di Mandorlaia Morellino I Massi 2011, donde en conjunto con la sangiovese nace un vino que en el que se percibe una fruta más madura, ciruela y mora jugosa salpimentada con incienso, y donde también aparecen tonos cítricos a limón que luego dan paso a matices de caramelo en nariz. Un tinto con muy buena acidez, estructura aterciopelada, especiados, un gran retrogusto y una gran persistencia en boca.

Aunque Giucciardini declara que el clima de Toscana es más propicio para la elaboración de vinos tintos, entre ésta y su Castello di Poppiano elaboran dos blancos de vermentino y viognier. Además de vinos, en Castello di Poppiano hay una selecta producción de aceites de oliva extra vírgenes, en los que domina la variedad Frantoio, que incluso se prensa en antiguos molinos de piedra y que, en etiquetas como Laudemio, se revela afrutado en nariz, con una boca muy delicada y suave retrogusto amargo. Se producen habitualmente unas 20 a 25 toneladas anuales, aunque las últimas cosechas no han sido muy prolíficas.

Ferdinando Giucciardini opina que Italia es el territorio de la sangiovese, una variedad cuyo difícil cultivo plantea retos al éxito de sus plantaciones en otros terruños.

 

Los vinos de Giucciardini se destacan por su aptitud gastronómica, ya que comer, que no cocinar, es algo que place mucho a Ferdinando, quien  disfrutó con un acertado menú desarrollado por chef puertorriqueña Lorraine Colón, con platillos como un potaje toscano con carne, alubias y vegetales; pasta con pato deshilachado con pasta trufada; carne estofada sobre cremosa polenta; una pequeña ensalada con pan, prosciutto y ensalada de ricotta; y un risotto dulce con nueces y frutos secos con que acompañar los vinos que el Conde presentó en una cata exclusiva en su distribuidor, La Bodega de Méndez. Ni siquiera reparó el noble del vino en cambiar sus cubiertos cuando alguno cayó al suelo, porque “lo que no mata engorda”, en su opinión.

Pausado en sus gestos, con una profunda mirada azul, y calzado con sandalias y medias que retrataron su sencillez, Ferdinando Giucciardini contó a Divinidades que en su próximo capítulo de vinos la bodega proyecta incursionar en nuevas zonas toscanas, en una apuesta por vinos de calidad superior. En los nuevos proyectos pretenden un equilibrio entre la rentabilidad y la búsqueda de una mayor calidad, de ahí que sean cautelosos en sus proyectos de expansión, porque puede que se hallen espacios magníficos para vinos sobresalientes, pero hay que auscultar si la cantidad de vino que pueda producirse compensa el costo que conlleva establecer una operación en esos lugares.

¿Los vinos por hacer de este apasionado de la música que se declara in crescendo apasionado por Bach, Rachmaninoff, y sobre todo Beethoven? Le gustaría hacer un Amarone, o algo más en linea de alta gama, por el que “pudiera cobrar las botellas a 100 euros”, aunque su sobrino Bernardo, a quien adoptó y es el nuevo heredero del Castello, coquetea con las burbujas. En Poppiano hay parcelas experimentales para conocer el comportamiento de cepas,  con lo cual no sería de extrañar que la familia sorprendiera con algún nuevo proyecto cimentado en alguna nueva variedad.

Ha probado albariños de California, Nueva Zelanda, Valencia, Australia, Penedès y hasta Japón y si para algo le ha servido tanta degustación ha sido para constatar que como las Rías Baixas, ningún mejor sitio para esta cepa blanca.

Él, Manu, es la nueva cepa de una cepa de elaboradores que con su Cepas Vellas de cepas centenarias ha ganado para la bodega familiar, la de Gerardo Méndez, mejor conocida como Albariño do Ferreiro, el renombre no sólo de un gran vino regional, sino también uno de los grandes blancos de España.

Nace frente a su casa. En una pequeña parcela habitada por cepas antiquísimas, se cree que hasta de casi 300 años, que se enroscan por los parrales como serpientes, primero desnudas, luego con algunas hojas, y luego con suculentos racimos que al vendimiarse y convertirse en vino se transforman en el Do Ferreiro Cepas Vellas, un ícono blanco que es la estrella de esta bodega familiar que elaboró por primera vez vino en 1973, cuando Manu no había nacido aún.

La de Do Ferreiro figura como una de las primeras bodegas adscritas a la denominación de origen Rías Baixas cuando ésta se creó a fines de los ochenta. Es una herencia familiar de viñas y sabiduría en botella que Gerardo, como tercera generación siguió y ahora sigue su hijo Manu, la cuarta, quien vive apasionadamente su función elaboradora con un vocación indiscutible por la viña y por llevar a la bodega un paso más adelante en el futuro, mano a mano con su papá.

A pesar de su juventud, Manu es un verdadero apasionado del vino, algo que no siempre se da por sentado en las nuevas generaciones de herederos, pero que afortunadamente es garantía para el futuro del proyecto familiar de bodega, porque su vocación por este producto es innegablemente genuina, un interés surgido de forma espontánea siendo aún adolescente, y que desde entonces siempre ha retratado con espíritu de seriedad y determinación a largo plazo, y no como un antojo momentáneo o un flirteo de juventud. Una madurez heredada de la experiencia familiar, y sin duda también de las cepas centenarias a un costado de su casa bodega, a la que se incorporó formalmente en 2012, luego de haberse preparado en Galicia, y en la que hoy se reparte tareas con su padre, entre viña y elaboración.

La bodega elabora unas 90 mil botellas que se reparten en varias etiquetas íntegramente de albariño, el Do Ferreiro joven, el Do Ferreiro Barrica, el Do Ferreiro Cepas Vellas destinado a perdurar, además de otra etiqueta, el Rebisaca, que es un ensamblaje de albariño, loureiro y traixadura, mucho más ligero que los monovarietales. En algún momento de su trayectoria, en Do Ferreiro se llegó a elaborar vino espumoso, una categoría que desde hace un par de años ampara y busca potenciar la DO Rías Baixas.

El Do Ferreiro 2013 tuvo una nariz glicérica con matices a fósforo, talco, flores y puntos salinos. Una cosecha más abundante, pero con menos extracto. En contraste, el Do Ferreiro 2014, una vendimia complicada en la que hubo que hacer una gran selección de uva pero que fue de gran calidad, fue más aromático con recuerdos a piña, pera, flores, tiza, anisados, hierbas como el estragón, y una boca persistente y con un final salino.

Elaborado con cepas centenarias el Do Ferreiro Cepas Vellas es un vino destinado a consumirse con varios años a cuestas, y muy al contrario de la filosofía del mercado que entiende que los albariños deben siempre beberse jóvenes. Esta excepción está espléndida incluso con una década a sus espaldas, siendo uno de esos vinos blancos que ofrecen una generosa relación entre su precio y placer con el añadido de su potencial de guarda. El Cepas Vellas no se elabora todos los años.

El Do Ferreiro Barrica comenzó a elaborarse en 2009, siguiendo la línea de frescura, finura y complejidad del Cepas Vellas y en el que su contacto con la madera es prácticamente imperceptible y se respeta mucho la fruta. El vino juega con tiempo y el tamaño del recipiente, fermentándose y criándose durante nueve meses en barricas de roble francés de 500 litros, que no han sido tostadas, sino vaporizadas, simplemente para doblar la duela y que la aportación de la madera sea de apenas un toque.

Es lo que reflejó el Do Ferreiro Barrica 2013, muy fresco, cítrico, con aromas a manzana, mucho limón y apenas un hilo ahumado en nariz, que en boca fue fino, elegante y salino. Un contraste con la primera añada de 2009 en que la madera se sobreponía a la fruta y que con varios años a cuestas se mostró de color dorado intenso, con matices a miel y trufa negra, y una buena acidez y persistencia en boca.

El Do Ferreiro Barrica tiene una producción minúscula de apenas mil litros. De momento no se realiza selección de parcelas para la elaboración del vino aunque en el futuro no se descarta hacerlo, como tampoco emplear barricas de castaño, a la usanza tradicional de la zona, por entender que preserva mejor el carácter varietal de la albariño.

Desde que Manu se incorporó de lleno a la actividad de la bodega, Do Ferreiro ha empezado a enfocarse más en la vinificación por parcelas y tipos de suelo, una diferenciación evidente en la evolución de las elaboraciones de ciertas parcelas con un inusual suelo de pizarra y cepas viejas de entre 50 y 60 años, en el que el tipo de suelo se revela como una influencia mayor en el vino que la edad de las cepas. El vino en rama de la cosecha 2014 de esta procedencia, aún sobre sus lías, se abrió con aromas a piña, pasando a tonos a piedra y ahumados, anisados, florales a azahar y jazmín, estallando luego en memorias de eucalipto que se explayan en boca con gran frutosidad y untuosidad, volumen, magnífica acidez, complejidad y finura, que obliga a no descartar una elaboración por separado en el futuro.

Desde la cosecha 2014 el joven bodeguero estudia también en detalle el comportamiento de las conducciones en espaldera en las viñas, en contraste con las conducciones en parral, tradicionales en Rías Baixas, por entender que la espaldera permite realizar una mejor viticultura, y que el impacto de la humedad no es tan grave como se acostumbra a pensar en la zona. Desde 2005 la bodega ha incrementado la extensión de sus viñas hasta alcanzar las doce hectáreas, unas propias y otras en alquiler. Entre ellas aparecen racimos de uvas como la espadeiro o la sousón, con lo cual estos maestros del blanco, no se cierran a la posibilidad de llegar a elaborar también algún Do Ferreiro tinto.

¿Dónde comprar?: El Almacén del Vino de B. Fernández (Puerto Rico), Siete Cepas (Panamá).

Flotando sobre la Ribera del Duero se admira un hechizante paisaje de viñas y pinares enmarcando una Milla de Oro del vino, a lo largo de la cual relucen algunas de las mejores bodegas de la región. En el lindero de Quintanilla de Onésimo de esa ruta de vinos, una fachada de piedra con campanario y un letrero imperdible a orilla de la carretera marcan en el GPS de botellas la dirección de casa de los Arzuaga Navarro.

Por ese territorio compró don Florentino Arzuaga la Finca La Planta donde, además de esos pinares menos conocidos de la zona, había y hay un santuario de flora y fauna, con jabalíes y ciervos, en un espacio tan amplio que también le dejó lugar para las vides y el vino.

Los Arzuaga se aplicaron primero a las uvas, que empezaron a vender a los demás hasta que en 1993 decidieron elaborar vino construyendo una bodega propia, donde parte de la familia se estrenó en el negocio enológico, elaborando un tinto de esqueleto elegante, rotundo y complejo a la vez.

Con negocios turísticos en las Islas Baleares, y textiles en Lerma, la Bodega Arzuaga Navarro es el tercer eje de un triángulo empresarial familiar que se esparce por 150 hectáreas donde tienen plantadas cepas de tempranillo, y también de merlot, chardonnay y cabernet sauvignon.

Muchas enmarcan la bodega que se alza regia a orillas de esa Milla de Oro, y que tras su fachada protagonista va redondeando su forma con nuevas estructuras que reflejan el crecimiento que ha tenido la bodega en dos décadas, al igual que sus vinos, que persisten en su filosofía de elaborar vinos artesanales, con elegancia y hechos para disfrutar en la mesa.

La propiedad de la viña se reparte a medias entre los Arzuaga y otros viticultores que han cuidado las viñas con los parámetros estipulados por la bodega. Las viñas tienen un mínimo de dos décadas y hay muchas con vides de 80 años o más. Treinta y cinco de las hectáreas están certificadas como ecológicas, y se labran con métodos sostenibles. Al momento de la cosecha, las viñas se vendimian por separado y se fermentan de acuerdo a su procedencia, y su envejecimiento en barrica puede realizarse o bien por separado, o con los distintos vinos ensamblados. El 70% del parque de barricas de la bodega es de roble francés, y el resto se distribuye entre roble americano y algo de húngaro.

Se ha ido quedando pequeña su sala de depósitos  donde los hay de muchos tamaños para trabajar sus tres uvas principales y algunas cosas experimentales. Además de esas tres tintas, hace ya un tiempo la bodega rescató antiguas elaboraciones de la Ribera del Duero, y el empleo de la blanca albillo, que se emplea en algunas etiquetas con el Reserva Especial o el Gran Arzuaga, para compensar a sus hermanas tintas. Los vinos, hoy a cargo del enólogo Adolfo González Lázaro, siguen básicamente un mismo proceso de elaboración para todas las etiquetas, de entre las que hay tres que realizan su fermentación sin despalillar los racimos, incluido el Amaya, que reposa en una cuba de enormes dimensiones en el centro del ala de elaboración, que Arzuaga Navarro contempla expandir con la construcción de una nueva nave que se estrenará con la cosecha 2015, y en la que todo funcionará por gravedad.

Estas diferencias se hacen evidentes en una cata de barricas de las cosechas 2012 y 2014, en que el vino cuyas uvas no se han despalillado, tiende a tonos más torrefactos, y el que se ha despalillado destaca más los tonos de fruta roja madura, conjugando potencia y finura.

La bodega elabora una amplia colección de etiquetas, desde las que apenas tienen un toque de madera, como La Planta, hasta los que ostantan grandes crianzas y conservan las tradicionales contraetiquetas de categorías de envejecimiento, porque como entiende Ignacio Arzuaga, su director general, Crianzas, Reservas y Grandes Reservas son algo intrínseco de la personalidad del vino español.

La Planta es un tempranillo 100% procedente de las viñas que pasa seis meses en barricas de roble americano y francés y es un buen acompañante para tapas. Los Arzuaga Crianza, insignia de la bodega, tienen un 90% tempranillo y un restante 10% de cabernet sauvignon y merlot que envejece durante unos 16 meses en barricas de roble francés y americano. Los Arzuaga Reserva, esencia de Arzuaga Navarro, prescinden de la cabernet y añaden albillo al ensamblaje con merlot y tempranillo, y se someten a una larga crianza que casi alcanza los 30 meses en barricas predominantemente francesas. Los Gran Reserva ensamblan tempranillo, merlot y cabernet sauvignon de la finca La Planta, en la Milla de Oro, que fermentan en depósitos de madera y envejecen por 48 meses en madera.

Entre tintos la bodega elabora también el Arzuaga Reserva Especial, terruño en alta expresión, un 95% tempranillo y 5% albillo de viñedos centenarios y escaso rendimiento, que fermentan y realizan su maloláctica en madera y luego envejecen durante dos años en barricas nuevas de roble francés. El Gran Arzuaga, que busca sensualidad y elegancia, mantiene el porcentaje de albillo, pero reduce el de tempranillo a 75% para incorporar un 20% de cabernet sauvignon. 

Una elaboración especial de la bodega es Amaya Arzuaga, un tinto que se elabora con uvas de viñas prefiloxéricas de la Ribera del Duero, que se fermentan con raspón y cuyas botellas se visten con una etiqueta que expone el vestido que Amaya, la diseñadora de la familia, considera más representativo de la añada. La bodega tiene también un Crianza Ecológico, elaborado con uvas de las parcelas así certificadas.

A partir de la cosecha 2013, la bodega introdujo a su cartera Arzuaga Rosae, un rosado de tempranillo con vocación muy gastronómica y que cautiva a primera vista con su estilizada botella. Y, aunque deamparado de la DO Ribera del Duero, tiene también un blanco, Fan D’Oro, un 100% chardonnay con crianza de 12 meses en roble francés, y dos espumosos, Txapana, en versiones blanca y rosada.

Además de los vinos que elabora en Ribera del Duero, Arzuaga Navarro tiene presencia en Castilla La Mancha donde elabora el 100% tempranillo Pago Florentino, y produce también dos depurados aceites de oliva extra vírgenes de las variedades cornicabra y arbequina de olivos con unos 300 años de edad, que producen muy bajos rendimientos.

Como extensión de su bodega en Ribera del Duero, Arzuaga tiene un hotel de lujo, que cuenta también con un spa de vino.

Aruzaga Rosa Rosae 2014. Un rosado de tempranillo, las primeras uvas de la vendimia, que ha multiplicado de forma acelerada su producción gracias a su buena aceptación en el mercado desde su estreno con la cosecha 2013. De color salmón pálido, casi cebolla, este rosado es un vino con gran aptitud gastronómica que destaca por sus notas afrutadas a fresa, a anís cristalizado y un dulzor equilibrado que le hacen un vino seductor y adictivo.

Arzuaga Crianza 2011. Tempranillo al 90% con cabernet sauvignon y merlot que envejecen por 16 meses en barricas de roble francés y americano. En nariz entra como un estallido de especiada canela que luego da paso a caramelos, romero, vainilla, y algún punto de cuero envolviendo una intensa fruta madura de moras y frambuesas y sutiles torrefactos. En boca persiste la fruta y un final especiado en la lengua.

Arzuaga Reserva 2010. Un 90% tempranillo, con 5% merlot y otro tanto de albillo que envejeció 26 meses en madera francesa y algo de americana. Las vides proceden en su mayoría de vides viejas de la Finca La Planta, con suelos calizos, y de Gumiel de Mercado, donde son más arcillosos. En nariz destaca por sus recuerdos a jugosa zarzamora, flores rojas, regaliz, tonos ahumados, torrefactos a café, y un delicado sazón de especias como canela molida muy fina o vainilla en polvo, que desembocan en una boca fina, especiada y potente.

Amaya Arzuaga 2010. Tempranillo al 95% con un restante albillo, es un vino elaborado con uvas de viñas prefiloxéricas que realiza su fermentación con raspón tras un leve pisado de los racimos, y en grandes depósitos tronconónicos de madera y luego envejece por unos 19 meses en barricas nuevas de roble francés de distintos orígenes. Es un tinto más joven y fresco que destaca por su fruta, seguida de tonos especiados, balsámicos y a caramelo, con una boca más aterciopelada, fácil y persistente. Una producción muy limitada.

Arzuaga Gran Reserva 2004. Tempranillo al 90% con 8% de cabernet sauvignon y 2% de merlot que envejeció por casi 48 meses en barricas de roble francés y americano y que en nariz tiene recuerdos intensos a fruta madura y escarchada, tonos a cedro y cerezo, y en boca es complejo, sedoso, redondo y muy elegante.

AL RESCATE DE LA HISTORIA VITÍCOLA DE CHAMBORD

 

Es uno de los retratos turísticos más multiplicados del paisaje francés. Torres rebuscadas que coronan de pizarra el blanco que pinta este histórico castillo que se ha vuelto un ícono del Loira y que, a pesar de la importante producción vitícola de esta región francesa, por mucho tiempo no decoró sus jardines con cepas de uva.

Las hubo hace más de dos siglos y las empieza a haber de nuevo ahora, cuando el Château de Chambord ha iniciado la recuperación de un proyecto histórico de viña, comenzando a replantar viña en los alrededores del castillo, como antaño lo había hecho el rey François I.

El Château de Chambord es una extraordinaria obra de arte, un ícono global del Renacimiento francés que desde 1981 forma parte de los patrimonios de la humanidad de la UNESCO. Más que un castillo, Chambord es una joya de la arquitectura y la naturaleza, fruto de la imaginación y los excesos de François I.

Chambord, un coto de caza del monarca, se fundó en 1519 y para su fundación François I hizo traer al Loira desde Borgoña unas 80 mil cepas de vid. Décadas después, en 1552, un censo luego de la muerte del rey Henri II evidenció que muchas de las granjas del dominio de Chambord contaban con viñedo propio. Desde el siglo XVIII, la granja de L’Ormetrou, en el castillo, dispuso siempre de espacio para viñas que para fines de siglo contaban con evidencia de estar plantadas y bien mantenidas. Pero la filoxera las devastó.

Cinco siglos después, y para conmemorar el quinto centenario de la fundación de Chambord, se rebuscó en ese pasado vitícola del castillo, decidiéndose reemprender un proyecto de replantación de vides, enmarcado en los objetivos de valorización histórica, sostenibilidad ambiental y rentabilidad económica del Château.

Para ello se ha rescatado la historia y la esencia de Chambord, reintroduciendo al espacio la Romorantin, la cepa que François I había traído de Borgoña y que sobrevivió a la filoxera, plantando con ella las viñas originales del castillo, y creando, de este modo, una especie de museo de vides vivientes en Chambord.

La romorantin es una variedad blanca emparentada con la chardonnay, que produce vinos que, a diferencia de los típicos borgoñones, se describen como minerales, con una compleja paleta de fruta blanca y un toque de avellana, miel y flores blancas. Antaño extendida por el Loira, hoy se circunscribe a la zona de Cheverny.

Superviviente de la filoxera ha sido la Maison Marionnet la responsable de suplir de vides de romorantin a esta nueva etapa de Chambord. Henry y Jean-Sébastian Marionnet son especialistas internacionales reconocidos por su conocimiento sobre las viñas viejas y las viñas del valle del Loira. Los vinos de Marionnet son muy populares en tiendas delicatessen como Fauchon, y los más finos restaurantes parisinos. 

En 1999 Marionnet halló y compró cepa sin injertar, prefiloxérica y plantada antes de 1850. Se cree que ésta fue la parcela más antigua de Francia, con 75% de su viña original, de cuyas uvas se elaboró un vino que se sirvió a la Reina Isabel II durante su visita oficial a Francia en 2004. Esta cepa era la romorantin, cepa con la que en mayo de este 2015 comenzaron a plantarse las 12 hectáreas contempladas para esta nueva etapa de Chambord. Cuatro hectáreas de romorantin fueron plantadas, a las que en junio prosiguieron dos hectáreas de pinot noir, que evoca la auvernat, la variedad que estaba en Chambord en el siglo XIX. A lo largo de 2016 se plantarán 5.5 hectáreas más de pinot noir, y media hectárea de gamay.

La plantacion de viña es parte del objetivo de diversificar la biodiversidad de Chambord, pero también a su sostenibilidad financiera con la venta del vino y el mecenazgo de cepas.

El objetivo del proyecto, del cual Maison Marionnet será consultor enológico, es que su primera cosecha sea la de 2019, coincidiendo con el medio siglo del inicio de la construcción de Chambord. Las viñas se cultivarán de manera orgánica y empleando métodos ancestrales de cultivo del Loira, y se espera que para 2020 alcancen las 60 mil botellas.

No obstante, el viñedo podrá visitarse a partir de junio e 2016 con recorridos en carruaje y bicicleta y se podrá participar en la vendimia.

LOS VINOS DE CRETA

 

 

 

 

 

 

 

Creta es la mayor isla de Grecia, la quinta en tamaño del Mediterráneo y lugar donde floreció una de las primeras civilizaciones europeas entre el 3,000 y el 1,400 A.C., la minoica, símbolo de la cual es el Palacio de Knossos, el monumento arquitectónico más viejo de Europa.

Desde entonces y hasta épocas más recientes, Creta ha sido objeto del deseo por su estratégica posición geográfica, lo cual ocasionó no pocos enfrentamientos por ella, de los cuales siempre se alzó victoriosa gracias a la bravura de sus guerreros y a su espirítu de libertad que les convirtió en guardianes de la tradición, todo un símbolo de independencia y autenticidad, que les permitió hacer a su cultura trascender por centurias.

Con una historia milenaria, monumentos de varias culturas e impresionantes paisajes naturales, a todos estos atractivos turísticos y al mar cretense que baña a la isla con la más antigua civilización europea se le añade un nuevo objeto de alabanza, las vides que crecen casi rozando el mar, dando vida a botellas que pretenden brillar en el firmamento enólogico de forma tan refulgente como el sol.

Los minoicos habían desarrollado tratos comerciales con los egipcios y fenicios, de quienes se dice aprendieron también el arte de hacer vino. Los minoicos cultivaban la tierra y degustaban sus productos, algo expuesto a través de numerosos grabados descubiertos por arqueólogos, en los que se admiraban las actividades de la economía cretense, entre las que se hallaba el vino.

Las vides se cultivan en Creta desde hace unos cuatro mil años y ya desde tiempo de Homero sus vinos eran reconocidos en el mundo, incluida la corte del faraón egipcio. Posteriormente, cuando Creta se volvió provincia romana, los romanos se percataron de que no podían autoabastecer sus necesidades vino, con lo cual miraron a Creta, que elaboraba excelentes vinos dulces.

A medida que el Imperio Romano empezó a decaer y el cristianismo a dominar el mundo, Grecia y sus islas entraron a integrar el Imperio Bizantino, que les llevó a participar en algunas guerras, un tiempo difícil durante el que las viñas pasaron a un segundo plano. No obstante, los cretenses mantuvieron su red de contactos comerciales, y buscaron volver a dominar los mercados de vino europeos.

Cuando en 1669 los otomanos conquistaron a Creta, la industria del vino se vio adversamente impactada por prohibir la religión musulmana el consumo de alcohol, al menos de puertas hacia dentro. Concluido ese período en el siglo XIX, el nuevo gobierno griego promovió la re-estructuración y actualización del sector agrícola, dando un nuevo impulso al vino, que ya a inicios del siglo XX celebró una feria promocional con la participación de varios bodegueros.

En 1913 Grecia se anejó a Creta, y la Isla tuvo que lidiar con el decaimiento del sector vino griego, que pronto tuvo un lavado de cara con mayor presencial internacional.

Desde 2006 la industria vitivinícola cretense comenzó una nueva etapa que tuvo su plataforma en una red de bodegueros de Heraklion y luego dio paso a los Vinos de Creta, una organización con la vocación de dar a conocer los vinos de la isla, no sólo dentro de ella, sino fuera también, y de hacer del vino cretense un atractivo turístico más.

En el último par de años Creta ha logrado proyectarse como una dinámica zona productora de vinos de calidad, con una personalidad dada por su patrimonio de vides autóctonas. La Vilana es la uva blanca por excelencia, una que produce vinos aromáticos, ligeros, con tonos cítricos y agradable acidez.

Otras blancas autóctonas son la vidiano, con aromas a albaricoque y más volumen en boca; la dafni, con tonos balsámicos; la thrapsathiri, muy plantada en la isla y génesis de vinos muy balanceados; la malvasía de Candia, un clon de la malvasía que aporta aromaticidad tanto a vinos secos como dulces; la moscatel de Spina, un clon de la moscatel que enaltece la finura de algunos vinos blancos; o la plito, una uva casi en peligro de extinción y que tiene tonos cítricos y produce vinos ligeros.

Entre las tintas se destacan la mantilari, una uva que da origen a la DO Peza; la kotsifali, con matices que recuerdan a la merlot, y la liatiko, que rinde vinos pálidos pero con carácter y un singular toque dulce. Por supuesto, están también otras cepas más conocidas como la cabernet sauvignon, que se usa tanto como monovarietal como ensamblajes en otras cepas, la chardonnay, la merlot, la sauvignon blanc, la sangiovese y la syrah.

Podía haber tenido una exitosa carrera en la judicatura, pero Gabriel Mariño cayó en el mundo del turismo por rentabilidad que se convirtió en pasión. De su Habana cubana llegó al mundo mágico Disney, donde le hablaron tanto de Puerto Rico que no resistió la tentación de conocer por sí mismo si ese mundo era tan mágico como se lo pintaban y llegó a la Isla donde la magia de la gente y la cultura le hechizó de tal modo por su semejanza a Cuba que determinó permanecer en ella convirtiéndola en la segunda ala de su pájaro de vocación.

Fue tiempo después de esa llegada que llegó él a ASERE, una esquina cubana en el macrouniverso de la Placita de Santurce, donde el cocinero intenta trasladar al plato ese sentimiento que inspiraba a su madre y a su abuela en su cocina habanera, salpimentándolo con recetas de corte más internacional para la clientela cosmopolita que visita su local.

Por allí desfila el omnipresente ceviche, que aunque no abunda en Cuba, se ha vuelto indispensable de los menús latinoamericanos, y en ASERE se acompaña con fruta fresca como el mangó, la piña o la sandía sobre una base de leche de coco, coronándose con hilos crujientes de batata. La batata, boniato en Cuba, es ingrediente indispensable de la cocina de Mariño, que la vuelve protagonista de los majados con que acompaña otros platos como un tentáculo de pulpo a la brasa, blando y jugoso, o un sencillísimo chillo frito, donde la precisión de la cocción es el secreto de delicia, carne al punto, recién frita, y delicado tueste de la piel. Junto con éstos otras creaciones como una pechuga de pollo con una salsa de tomate fresco, un “hummus” cubano de frijoles negro con ajo rostizado y servido con mariquitas de plátano, o un plato de jamón, queso manchego rallado y tomatitos frescos, para untarse en unas tostas caseras de orégano.

Pero son los platos con un más genuino reflejo de la tradición culinaria cubana los que emocionan de manera equiparable al ratatouille que cautivó al crítico Anton Ego en la inolvidable película del ratón que llegó a ser jefe de cocina, y donde el comensal establece una conexión a flor de piel con los orígenes del cocinero. Porque si bien en ASERE hay un postre que pretende rendir homenaje a la película “Fresa y chocolate”, con un muy dulce sorbete casero de fresa y un bizcocho caliente de chocolate, niguno revuelca más los sentimientos que el dulce de lechosa (papaya) a la usanza de la abuela de Mariño, donde la fruta se presenta con una textura más de compota fresca que del dulce casi curado y almibarado que abunda comercialmente, y que el cocinero sazona con la justa pincelada de dulzor que le confiere una sensación de pureza y frescura inédita fuera de muchas cocinas habaneras que se crean traspasando las fronteras de Cuba. Mariño sirve la fruta con un queso que recrea para seguir la línea de la receta tradicional.

Igual reacción apasionada genera la versión del sándwich cubano a lo ASERE, confeccionado con pan casero, pernil a la naranja y lacón ahumado, mostaza Dijon, mezcla de quesos suizo y mozarella ahumado, y pepinillos encurtidos artesanalmente en el restaurante con vinos tinto y de Jerez. Una versión que ensalza una receta de todos los días y que Mariño redondea sirviéndola con unas adictivas papas fritas con condimentada personalidad al sazonarse con adobo y tener una fritura con matices porcinos.

Estas recetas son parte de un menú renovado, donde hay también cerdo kurobuta con fufú de plátano, otra típica receta de una cocina que con la reanudación de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, se empieza a poner de moda y a generar mayor interés.

Mariño cuenta que los frutos del mar abundan en el recetario nacional, con ingredientes como la langosta, el cangrejo, el pulpo o el pargo y algunos platillos como el “crudo cubano”, un pescado que se sazona con sal y un poco de limón y se deja secar al sol para que quede crujiente, y es popular en las zonas costeras.

Para complementar el menú gastronómico, ASERE ha creado un menú de cócteles de inspiración cubana.

Asere significa en el argot cubano, "mi amigo”, y esa sensación de hospitalidad es la que ha convertido al restaurante en un favorito de turistas y residentes de Puerto Rico por igual. En el primer nivel el comensal es transportado por el diseño a la elegancia de los ‘placeres’ de los años 50 y en el segundo piso se adentra en "La Carnicería", zona ‘clandestina’ para disfrutar de una buena selección de cócteles, al ritmo de buena música, ambiente y gastronomía. Incluso incluye la mágica experiencia de tomar una copa en un segundo piso con vistas  a la Placita.

Unicado en el #180 de la calle Dos Hermanos en el área de la Placita, ASERE abre martes y miércoles a las 4:00 p.m. hasta la 1:30 a.m. y de jueves a domingo desde las 12:00 p.m. hasta la 1:30 a.m.  Para reservas  787-946-3804 u www.opentable.com 

Moneu y gonfaus son las dos nuevas variedades de uva recuperadas por Bodegas Torres como parte de un proyecto de recuperación de variedades ancestrales que se realiza desde hace más de tres décadas. Estas dos variedades se unen a otras como la querol, la garró o la selma blanca que fueron identificadas anteriormente.

La moneu y la gonfaus tienen el aliciente de ser resistentes a las altas temperaturas o la se sequía, lo cual las pone en ventaja para contrarrestar el cambio climático. Las cepas se plantaron de manera experimental en la finca de L’Aranyó, en Borges Blanques, en el corazón de la comarca leridana de Les Garrigues, tras un largo proceso que empezó con la localización, en 1998, de dos cepas viejas que resultaron ser de variedades desconocidas. Después de sanearlas, reproducirlas y plantarlas en diferentes fincas para comprobar su adaptación, la familia Torres ha constatado que estas dos variedades expresan su mayor potencial en climas áridos y en condiciones extremas.

Moneu fue localizada cerca de Querol, en el Alt Camp, y su nombre hace referencia al ‘Coster de Moneu’, el faldón del Torrente de Lloreda situado al sur de este municipio tarraconense. Gonfaus, por su parte, proviene del pueblo de Sta. Eulàlia de Puig Oriol, en la zona del Lluçanès, en la comarca de Osona. Su nombre viene del ‘Quintà de Gonfaus’, una zona de pastura situada al sudeste de esta localidad barcelonesa. Ambas variedades son muy resistentes a la sequía. Gonfaus es, además, poco productiva y probablemente se trate de una de las pocas variedades femeninas conocidas actualmente –la mayoría son hermafroditas-, según el departamento de viticultura de Bodegas Torres.

Para Miguel Torres Maczassek, director general de Bodegas Torres: “Recuperar variedades ancestrales es un proceso lento y largo que requiere mucha paciencia y horas de experimentación y el buen hacer de un gran equipo de profesionales. Este trabajo está a mitad de camino entre la viticultura y la arqueología y nos ayuda a entender mejor la riqueza de variedades de vid previas a la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX.  Las variedades moneu y gonfau representan una recuperación del patrimonio vitivinícola en Cataluña, pero además pueden ayudarnos a afrontar los efectos del cambio climático”.

Desde que inició el proyecto de recuperación de variedades ancestrales a principios de la década del 1980, Bodegas Torres ha logrado recuperar 40 variedades que se cultivaban antaño en Cataluña y que habían prácticamente desaparecido. De éstas, sólo siete muestran gran interés enológico, entre ellas la querol y la garró, que se utilizan en el ensamblaje de Grans Muralles, y selma blanca, la primera variedad blanca recuperada del Penedès.

Bodegas Torres ha decidido ampliar el alcance de su proyecto de recuperación de variedades ancestrales y esta primavera inició la localización de variedades desconocidas fuera de Cataluña, concretamente en la Rioja, Rueda, Ribera del Duero y Rías Baixas. Mediante la publicación de anuncios en medios locales, el equipo técnico de la bodega insta a los viticultores a que se pongan en contacto con ellos en caso de encontrar una cepa vieja que no logren identificar. Tras recibir la llamada del viticultor y constatar que se trata de una variedad desconocida gracias a la ayuda de un ampelógrafo y al análisis de ADN de la cepa, Bodegas Torres iniciará un proceso de saneamiento, reproducción, adaptación de la variedad al campo y valoración de sus aptitudes enológicas que puede durar de ocho años a veinte años. 

Vincular zonas y momentos más proclives para la aparición de hongos en el ciclo vegetativo de la vid a través de las diferentes denominaciones de origen de Galicia ha sido uno de los principales puntos de destaque del proyecto de investigación pionero que el Grupo de Viticultura de la Misión Biológica de Galicia y la Fundación Juan de Vega han concluido recientemente, y que permitirá proponer a bodegas y viticultores las herramientas para combatir enfermedades de la vid causadas ciertos por hongos, incluso antes de que aparezcan.   

Los hongos responsables de las enfermedades de la vid son uno de los temas más preocupantes para las empresas vitivinícolas. En concreto, el estudio para estudiar la virulencia de los hongos se ha enfocado en los hongos responsables del mildiu, el oídio y la botritis, tres de las principales enfermedades de la vid. Más de 30 mil muestras se recogieron, procesaron  y analizaron para el estudio, empleando las variedades mayoritarias de cada una de las denominaciones: albariño, mencía, godello, treixadura y dona blanca. En el estudio colaboraron Bodegas Terras Gauda (DO Rías Baixas), Adegas Moure (DO Ribeira Sacra), Virxen de Galir (DO Valdeorras), Pazo Casanova (DO Ribeiro) y el viticultor Félix Estévez Cisterna (DO Monterrei).  

Las principales líneas de investigación se centraron en: a) la cuantificación de las concentraciones de esporas de los distintos hongos en el aire; b) la existencia de razas dentro de cada uno de los patógenos; c) la cuantificación de los distintos niveles de agresividad de cada una de las razas seleccionadas, trabajo que se llevó a cabo mediante inoculaciones controladas en laboratorio con las razas de hongos recogidas en campo; d) el estudio del grado de afinidad de estas razas de hongos, con relación a las cinco variedades estudiadas.  

El estudio examinó la concentración de esporas (formas de diseminación de los hongos) en el aire, observándose que varía notablemente entre cada una de las tres enfermedades, siendo el patógeno responsable de la botritits el que presenta la mayor concentración de esporas. Tras la botritis el segundo con mayor concentración fue el del oídio, seguido del mildiu. Ese mismo orden mostraron las cantidades de razas de cada hongo causante de alguna de estas enfermedades. 

Del mismo modo se observó que determinadas condiciones climáticas relacionadas a la temperatura y a la humedad favorecen el ataque de los hongos, así como que aparenta existir una relación opuesta entre la presencia de esporas de botritis y de oídio, es decir, que cuando había más de las primeras, había menos de las segundas. 

Monterrei y la Ribeira Sacra fueron las áreas donde se alcanzaron los niveles más altos de esporas, especialmente en la primavera.  Por su parte, Ribeira Sacra y Ribeiro fueron las que mostraron mayor número de razas distintas y Rías Baixas y Valdeorras las que menos. 

En cuanto a la virulencia de cada una de las diferentes razas procedentes de las distintas zonas vitivinícolas objeto de estudio, se observó que la mezcla de razas procedentes de los viñedos de Monterrei fue la más agresiva de todas y afectó a las cinco variedades, seguida de la procedente de Ribeira Sacra. El resto de las razas mostró agresividad diferente, dependiendo de la variedad en la que eran inoculadas, lo que demuestra que tienen una mayor afinidad por unas variedades que por otras.  

Este estudio ha permitido mejorar técnicas moleculares y de microscopía para facilitar la cuantificación de esporas fúngicas en el aire, de modo que los viticultores tengan mayor información para poder saber si o qué tratamientos es necesario aplicar antes de la aparición de los síntomas de algunas de estas enfermedades.  

El Grupo de Viticultura de la Misión Biológica de Galicia desarrolla actividades de I+D en el área científico-tecnológica de viticultura y resistencia a enfermedades fúngicas de las variedades de vid. Posee, además, una amplia experiencia en otros aspectos relacionados con las variedades de vid.  

Dicho grupo de investigación es experto en la cuantificación de los niveles de sensibilidad a hongos de las viníferas (con especial dedicación a las antiguas y todavía poco conocidas variedades gallegas), en el estudio de los mecanismos de defensa de la planta frente a la entrada del hongo y en el estudio de la influencia del suelo, el clima o el manejo de cultivo, en la aparición de enfermedades. Son temas todos ellos muy demandado en los últimos años por el sector empresarial vitivinícola internacional, y en el que existen pocos científicos especializados.

Catas conmemorativas de La Rioja Alta en las Américas

Sus etiquetas de vino se han mantenido en lo alto de la preferencia de los consumidores por 125 años y para celebrarlos, Bodegas La Rioja Alta se traslada a las Américas desde fines de septiembre para compartir parte de su herencia de vinos con un muy limitado y exclusivo grupo de consumidores en Nueva York, Los Angeles, Miami y San Juan, Puerto Rico.

Almuerzos de degustación concebidos para mostrar la evolución y desarrollo de los vinos de esta bodega riojana a través de un período de décadas permitirán a los catadores comparar el contraste entre los vinos más tradicionales y los vinos que la bodega produce en la actualidad y que considera más frescos, estructurados y sutilmente adaptados al gusto del consumidor, pero siempre manteniendo las raíces clásicas y tradicionales que distinguen su producto.

Con esta idea en mente, en las catas se presentarán dos añadas de algunas de las etiquetas más reconocidas de la bodega, para un total de ocho vinos diferentes: Viña Arana (1989-2006), Viña Ardanza (1985-2007), Gran Reserva 904 (1982-2005) y Gran Reserva 890 (1981-2001). Un ejercicio original, considerando la alta calidad de los vinos que se elaboraron en las década del 1980s y la del 2000.

Guillermo de Aranzábal, presidente de La Rioja Alta, encabezará las catas que se realizarán durante almuerzos VIP de degustación en restaurantes de alcurnia de cada uno de los mercados seleccionados: Eleven Madison Park en New York (31 de agosto), Spago en Beverly Hills (1ro de septiembre), SLS Bazaar by José Andrés en Miami (3 de septiembre), y Ruth Chris en San Juan (4 de septiembre). Se realizarán también otros eventos conmemorativos de degustación, más multitudinarios, en México DF, Querétaro y Cancún.

Fundada en 1890 en el histórico Barrio de la Estación de Haro, la bodega es un modelo de vitivinicultura traditional riojana, y hoy es una de las bodegas españolas de referencia. En septiembre también será una de las participantes de unas jornadas de cata y celebración que agrupará en Haro al conjunto de bodegas históricas de esa importante localidad desde la que el vino español se proyectó al mundo en el siglo XIX.

Avanza la cultura vinícola en Costa Rica

 

Más de 100 renombradas bodegas de vino de todo el mundo ser darán cita los próximos 8 y 9 de octubre en el Centro de Eventos Pedregal de San José, donde se celebrará una nueva edición de Expo Vinos Costa Rica, un evento donde los distribuidores y productores de vino y productos complementarios, expondrán sus productos y harán negocios con su audiencia, conformada tanto de compradores profesionales como de amantes del vino y su cultura. El evento cumple con el objetivo de fomentar la cultura del vino, así como el conocimiento sobre la misma, a través del desarrollo de negocios en torno a él.

 

En el evento los asistentes podrán conocer los mejores vinos de regiones diversas en un único lugar, disfrutar degustaciones, incrementar su bagaje de conocimientos a través de las charlas ofrecidas y contactar directamente a las empresas importadoras de vinos, suministros y de gastronomía, así como aprovechar ofertas especiales de los expositores.

Maestros franceses en Yucatán

Christian Têtedoie, Claude Le-Tohic, Claude Godard and Michele Mustière son los cuatro maestros cocineros franceses de Francia y América que este próximo octubre trasladarán sus ollas y sazones al hotel Gran Velas Riviera Maya en Playa del Carmen para construir un ejercicio exquisito en que los sazones de sus recetas tendrán en el plato las mismas pinceladas rítmicas y musicalidad que las notas de Edith Piaf.

Es, precisamente en Piaf, restaurante del hotel, donde Mustière, chef ejecutivo del restaurante, recibirá a los cocineros del 14 al 18 de octubre para encabezar una serie de cenas de degustación para los huéspedes del hotel, quienes podrán disfrutar de un extenso menú de diez platillos con sus respectivas armonías de vino.

Têtedoie regenta un restaurante homónimo en la francesa Lyon, que cuenta con una estrella Michelin desde hace más de una década. Godard, heredero de una tradición coquinaria familiar hoy tiene bajo su tutela Madison Bistro en Nueva York. Le-Tohic es el chef ejecutivo de L’Atelier de Joel Robuchon en Las Vegas.

María Marte vuelve a República Dominicana

Su historia de superación ha encadilado a todos los hispanohablantes y ahora regresa a su casa con la satisfacción de haber alcanzado sus sueños y de poner el nombre de su país bien en alto.

Se trata de la cocinera dominicana María Marte, quien heredera de una familia de pasteleros decidió mudarse a España donde llegó al madrileño Club Allard y de una lavaplatos llegó a convertise en su jefe de cocina responsable de allegarle a este restaurante sus dos estrellas Michelin, con un esfuerzo que le mereció la más reciente distinción como Mejor Jefe de Cocina de España, otorgado por la Real Academia Española de Gastronomía.

“María Marte: una experiencia, dos estrellas Michelin” es el título de las jornadas que realizará en el Sheraton Santo Domingo de la capital dominicana del 31 de agosto al 2 de septiembre, como parte del programa Orgullo de mi Tierra.

El programa de actividades incluye un show cooking con otros cocineros dominicanos, y una clase magistral para estudiantes, profesionales y entusiastas de la gastronomía, que tendrán lugar en el hotel Sheraton el 31 de agosto. Los días 1ro y 2 de septiembre Marte encabezará dos cenas de degustación.

Previo a estas jornadas la chef será distinguida con el reconocimiento “Tesoro Dominicano”.

 

 

Puerto Rico Meets NYC

Hubo un tiempo en que tanto se demandó la presencia de cocineros para un interminable desfile de eventos benéficos, que esa capacidad de ser la indispensable sal de la solidaridad hizo plantearse si no debiera considerarse la representación de los cocineros en posiciones de poder con capacidad de dar un giro a las cosas, resolver problemas, y administrar recursos con sapiencia y eficiencia.

Más que las gestiones de gobierno, quizás ese referente tenga un mayor peso en el ejercicio de negociar con los influyentes círculos financieros neoyorkinos y de ahí que Puerto Rico Meets NYC pueda ser un convincente punto de encuentro en la Gran Manzana, revelando una de las disciplinas que se mantiene aún sólida en la maraña de crisis económica que aqueja a esta Isla caribeña.

Programada para tener lugar del 30 de septiembre al 4 de octubre, Puerto Rico Meets New York aglutina un programa de eventos de varios días que enlazará a algunos de los más destacados exponentes de la culinaria actual boricua con otros de Nueva York, en un ejercicio de clases de cocina, cenas y otras actividades que servirán de punto de encuentro entre los de aquí, la diáspora de allí y los que aquí.

Conoce la agenda completa de eventos dentro de esta gran celebración al vino accediendo a nuestro Calendario en el siguiente ENLACE.

Este fin de agosto la cita dulce es en Ciudad de Panamá, donde se realizará el Foro Internacional de Pastelería que traerá a este lugar de unión entre las Américas a cinco de los más prestigiosos exponentes de la cocina dulce del mundo.

El puertorriqueño Antonio Bachour y los españoles Oriol Balaguer, Carles Mampel, Xavier Barriga y Javier Guillén, son los artistas de la pastelería y la pastelería que dirigirán seminarios y talleres para profesionales del sector. Más información y registros en este enlace.

Sostenibilidad Whiskera

Dewar’s se ha asociado a la Asociación de Whisky Escocés con el objetivo de proteger su historia centenaria y asegurar su viabilidad en el porvenir, haciendo hincapié en la sostenibilidad ambiental, habida cuenta de la importancia que tiene entorno natural en la calidad del agua y las materias primas como la cebada que allí crece, indispensables para lograr la excelencia del whisky escocés.

Ambos socios implantarán una estrategia ambiental que será aplicable a toda la industria y permitirá reducir las emisiones de carbono e incrementar la inversión en energías renovables, en un momento en que la producción de whisky se halla a pleno rendimiento.

El whisky es el corazón de la economía de Escocia, cuya industria whiskera emplea unas 35 mil de los cinco millones de personas que la habitan. Se calcula que cada segundo salen desde Escocia para el mundo 36 botellas de whisky escocés.

Como parte del compromiso medioambiental que John Dewar & Sons, matriz de la marca Dewar’s, ha implantado en sus cinco destilerías de maltas, desde 2006 se ha logrado reducir las emisiones de gas en un 34%, el uso de agua en 46% y los desperdicios en un 30%.

John Dewar & Sons Ltd. emplea a unas 300 personas a través de las distintas destilerías que opera en Escocia, así como en otras facilidades de elaboración, envejecimiento y almacenaje de las marcas Dewar’s, William Lawson, Aberfeldy, Aultmore, Craigllachie, The Deveron y Royal Brackla.

 

Barefoot limpia a Puerto Rico

Un saldo de más de 55 neumáticos, 150 bolsas de basura llenas a capacidad, neveras, televisores, muebles y cientos de escombros fue el resultado de la limpieza que Barefoot Wine & Bubbly y 40 voluntarios de los movimientos sociales La Tribu Contribuye y Puerto Rico Sin Filtro realizaron en el río El Cantil, en Caguas, en lo que constituyó una de cuatro limpiezas realizadas simultáneamente a través de Puerto Rico por el colectivo que busca preservar los recursos y paisajes naturales del país.  Para mantenerse informado de futuras actividades siga #PuertoRicoContribuyewww.facebook.com/latribucontribuye y www.facebook.com/barefootwine

 

Franciacorta mide la huella de carbono

Por primera vez en la historia, el movimiento de bióxido de carbono en la viña se rastreará con tecnología innovadora en Franciacorta a partir de la vendimia 2015, gracias a un proyecto desarrollado por CIRVE, el centro dedicado a la investigación en viticultura y enología de la universidad de Padua en el Veneto italiano, e instalado a través de las viñas de Franciacorta que permitirá monitorear el bióxido de carbono justo sobre las hojas, sin interrumpir el natural flujo del aire por las cepas.

Esto permitirá determinar la cantidad de bióxido de carbono absorbido y el resultado de las medidas tomadas para reducir la huella de carbono y, de esta forma calibrar mejor futuras intervenciones, garantizando la calidad de las uvas, así como la sostenibilidad de la región en el futuro.

La italiana Franciacorta es la única región del mundo en desarrollar un monitoreo tan detallado como éste. Los vinos espumosos de Franciacorta fueron los primeros en Italia en producirse mediante el método de segunda fermentación en botella. En 1995 advinieron al rango de DOCG, Denominación de Origen Controlada y Garantizada.

Nueva experiencia Bacardi

Bacardí ha lanzado el “Casa Bacardí® Special Reserve”, más que un ron, una experiencia inovadora que permitirá a los visitantes de Casa Bacardí, en Puerto Rico, envasar sus propias botellas de un ron exclusivo y creado especialmente para este proyecto que por primera vez integra al público en la elaboración del producto final.

José Gómez, Maestro Ronero de Bacardí por más de tres décadas concibió este producto que añade una etapa de envejecimiento en barricas que han tenido vinos olorosos de Jerez, lo que redondea un primer envejecimiento en barricas de roble americano, que tradicionalmente se han empleado en la elaboración de whiskies. La estancia adicional en las barricas que tuvieron los oloroso jerezanos acentúa las notas de vainilla y caramelo, así como las de frutos secos como almendra, avellana y nueces, añadiendo refinamiento y complejidad al producto.

La nueva experiencia de ron pretende que los visitantes ejerciten los cinco sentidos al visitar las facilidades de la destilería, la más grande del mundo. Allí habrá barricas con este nuevo ron, que los visitantes podrán embotellar a mano, creando así su versión personal del ron Bacardi.

Esta nueva experiencia de ron, especialmente creado para el proyecto, sólo estará disponible para un número limitado de personas al día. Cada botella del Bacardí® Special Reserve” embotellado a mano tendrá un costo de US$150.00.

La actual destilería de Bacardi en Puerto Rico se construyó en Cataño en 1958 siendo la mayor destilería de ron premium en el mundo, con una producción diaria de 100 mil litros de ron. Desde 1961 la destilería cuenta con un centro de visitantes, que anualmente recibe más de 250 mil visitas.

Para visitar Casa Bacardi acceda a www.visitcasabacardi.com o www.facebook.com/bacardidistillerytour.

 

La Fromaxerí

Los apasionados del queso de Santiago de Compostela tienen un nuevo destino divino en La Fromaxerí, una coqueta tienda de quesos céntricamente ubicada en la rúa de San Pedro, una de las más transitadas de la ciudad.

La tienda contará con una amplia selección de quesos gallegos, españoles y del mundo, muchos con Denominación de Origen, como el tetilla, el Arzúa-Ulloa o el San Simón, Torta del Casar o Cabrales, o el portugués Serra da Estrela o el Pecorino italiano, entre muchos.

Además de quesos, La Fromaxerí tendrá mantequilla de Soria, leche fresca, yogur, kéfir y más productos. La tienda puede realizar catas privadas y preparar tablas y bandejas de quesos para llevar.

La Fromaxerí ubica en la Rúa San Pedro 17 en Santiago de Compostela.

Lujo y gastronomía

Real Conservera Española y la bodega Abadía Retuerta son los nuevos socios de Círculo Fortuny, una asociación sin ánimo de lucro que nació en 2011 con el objetivo de unir en un foro común al sector español de las marcas culturales y creativas de prestigio, promoviendo y defendiendo su entidad corporativa y apoyando la construcción de la Marca España.

“La incorporación de dos referentes de la excelencia como Abadía Retuerta y Real Conservera Española refuerza el papel de Círculo Fortuny como representante e impulsor de  las tradiciones artesanas, la cultura y la gastronomía siendo parte de la riqueza y saber hacer de España. La Asociación, de esta manera, agrupa a firmas del sector como: Numanthia, Osborne Vinos Viejos, Pagos Marqués de Griñón, Bodega Vega Sicilia, Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria, Cinco Jotas, LA Organic, Dehesa de Los Llanos", señaló el presidente del Círculo, Carlos Falcó, Marqués de Griñón.

Ubicada en el valle del río Duero, Abadía Retuerta es una bodega innovadora y de tradición con gran experiencia y reconocimiento en la elaboración de vinos de alta calidad desde 1996. Real Conservera Española es herencia de una saga familiar de conserveros que desde hace casi un siglo asume un compromiso permanente con la calidad de sus productos, suministrados por los mejores proveedores de las rías gallegas, y preservados mediante procesos tradicionales ya olvidados como el tueste de algunos pescados, pero con la tecnología y el control de calidad del siglo XXI.

El Círculo Fortuny es la única asociación española aceptada internacionalmente como interlocutora y representante e industrias de alta gama. Algunas otras empresas afiliadas a la Asociación inclueyn a Loewe, Lladró, LVMH, Bulgari, Cartier, Lorenzo Caprile o el hotel Ritz de Madrid, entre muchas de diversos sectores.

Escala de Empedrado, exclusivo y pionero sabor de pizarra en Chile

 

Podría parecer el paisaje del Priorat, pero no es. Es el aquel del que surge Escaleras del Empedrado, un 100% pinot noir que, cuando salga al mercado el próximo noviembre, se convertirá en el primer vino chileno en nacer de suelos de pizarra ordenados en terrazas, como los que conforman el paisaje de la gran comarca catalana. Paisaje y suelo, combinados con el clima frío de la finca, resultado de su proximidad al Océano Pacífico, contribuyen al marcado carácter y calidad de este vino que apunta a convertirse en vino de culto, ya que de su primera añada, la del 2012, se ha elaborado una edición limitada de 2,400 botellas que se venderán a unos 100 euros cada una.

Con esta primera añada, la familia Torres materializa un proyecto en el que ha invertido cerca de USD $ 4 millones y 20 años de trabajo, pues este ambicioso proyecto nació en 1995, cuando Miguel Torres, cuarta generación y actual presidente de la compañía, inició la búsqueda en Chile de terrenos formados por pizarra, a la que los chilenos denominan “piedra laja”, con la idea de elaborar un vino de muy alta gama y gran personalidad, inspirado en los grandes tintos del Priorat o el Douro. Tras varios años de búsqueda, dio con el lugar adecuado en el valle de Empedrado, situado cerca de Constitución, a unos 400 km al sur de Santiago de Chile y a 26 km del mar. Así, en 2001, la familia Torres adquirió 369 hectáreas, de las que destinó 25 hectáreas a la plantación del viñedo en terrazas, que van desde los 250 metros de altitud a los 500 metros en su punto más alto.

Nunca antes se había plantado viña en este tipo de terreno en Chile y la bodega empezó a experimentar con variedades propias del Priorat, entre otras. Pero el clima era demasiado frío, las uvas no maduraban, así que finalmente decidió plantar pinot noir, concretamente los clones franceses 667 y 777, que se adaptaron perfectamente al terreno y a las condiciones climáticas.

El nacimiento de Escaleras de Empedrado demoró diez años según las previsiones iniciales, debido principalmente a dificultades relacionadas con el clima demasiado extremo y la voracidad de la fauna local. El viñedo se vio afectado, no sólo por las heladas recurrentes, sino por los pájaros, que provocaron la pérdida de tres cosechas a pesar de los diferentes sistemas utilizados para ahuyentarlos. Esto obligó a proteger el viñedo con un sistema de control de heladas y a mitigar la acción de los pájaros con la colocación de redes individuales en cada cepa, lo que añade dificultad a los trabajos de recolección, que se realizan manualmente debido a las características del terreno.

Escaleras de Empedrado ha sido el proyecto más laborioso en toda la historia de la bodega. Es el primer vino que nace en terrazas de piedra pizarra en Chile, con ese marcado carácter que imprime el terreno y una frescura y acidez que lo sitúan a caballo entre el viejo y el nuevo mundo. Es la primera plantación en terrazas y sobre suelos de piedra pizarra que existe en Chile, y está amparada bajo la Denominación de Origen del mismo nombre, que se constituyó en 2011, reconociendo las características geográficas y climáticas de esta zona, además del carácter del suelo. Esta ‘tierra de piedras’, como indica su significado, y la ordenación escalonada del terreno, han servido de inspiración para dar nombre a este exclusivo vino chileno: Escaleras de Empedrado.

Miguel Torres Chile se fundó en 1979 y se convirtió en la primera empresa vitivinícola extranjera que establecida en ese país sudamericano, modernizando el proceso de elaboración de vino llevando cubas de acero inoxidable por primera vez en Chile.

Con unas 400 ha de viñedo plantado, Miguel Torres Chile se ha consolidado en estos 30 años como una de las principales bodegas productoras de vinos de calidad en Chile y sus vinos se comercializan en más de 100 países. A partir del año 2009 se inició una nueva etapa en la viña chilena, enfocada en la viticultura orgánica y la certificación Fair Trade de su línea de vinos más conocida por los consumidores: Santa Digna (Fair for Life). Miguel Torres Chile ha sido también pionera en la reintroducción de las variedades tradicionalmente plantadas como la país, la muscat o la carignan.

Mondariz, la magia relax del agua

 

El balneario gallego de Mondariz nació a mediados de los siglos XIX y principios del XX, y ha sido desde siempre el referente europeo del Salutem per Aqua, partir de las propiedades de sus manantiales, cuyas aguas fueron declaradas de Utilidad Pública por el Gobierno español en 1873, reconociendo sus propiedades medicinales a partir de descubrimientos casi anecdóticos. Mar, ríos y aguas mineromedicinales convierten el noroeste español en todo un destino de salud y bienestar que tiene en el termalismo una tradición centenaria que hace a Galicia única.

El termalismo tradicional de los “aguïstas” de la Belle Époque que trajo a Galicia a personajes como Isaac Peral, John Rockefeller II, Isabel de Borbón, el arzobispo de Westminster, Miguel Primo de Rivera o el sultán Muley Haffid y el infante Augusto de Braganza a cuidar su salud ha dado paso en el siglo XXI a toda una industria turística gallega a partir del culto al cuerpo y la necesidad de buscar la fuente de la eterna juventud.

Mondariz es un agua con historia que mantiene desde principios del siglo XX su propia marca de mesa y que dio origen a un municipio pequeñísimo. Una villa termal que continúa hoy en activo gracias a la recuperación de su actividad y de sus edificios, labor reconocida por los premios Mejor Balneario de España 2005 y 2006, Mejor Alojamiento de Galicia 2007 y  Conde Nast Traveler que lo destaca como Mejor Spa de España.

La primera casa de baños fue construida en 1880 y a partir de ahí el Gran Hotel que, en 1900, rivalizó con los grandes balnearios de Baden-Baden, en Alemania, y Bath, en Londres. El nivel de los termalístas que acudían cada verano a Mondariz, llegó a convertir el Gran Hotel en un centro social, político y cultural del que dieron cuenta Emilia Pardo Bazán, José Echagaray o Galdós en sus escritos. Fiestas amenizadas por el cuarteto Bacarat, llegado cada año expresamente de París; reuniones politícas entre las que destaca la celebrada, en agosto de 1929, por el jefe del Gobierno español, Miguel Primo de Rivera, y el primer ministro de Portugal, Arthur Ivens Feraz a los que se unió posteriormente el jovencísimo John Rockefeller III, heredero de la entonces mayor fortuna de los Estados Unidos.

Una época de esplendor que ha dado paso a un centro moderno con un balneario a la carta, un circuito termal basado en la tradición Celta y el Palacio del Agua, un spa de 3.000 metros cuadrados de piscina interactiva y un campo de golf de 18 hoyos, así como una zona dedicada a los más pequeños, Mondariz Kids, para que ellos disfruten mientras sus padres descansa. Una gestión propia por parte de los propietarios que desarrollan varias líneas de negocio: hostelería, termal, golf y cosmética natural que acaban de lanzar al mercado con la marca Mondariz.

 

Gonzalo Iturriaga de Juan, nuevo director técnico de Tempos Vega Sicilia

El ingeniero agrónomo y enólogo, Gonzalo Iturriaga de Juan es el nuevo director técnico de Tempos Vega Sicilia en sustitución de Javier Ausás.

Gonzalo Iturriaga de Juan comenzó su carrera profesional como enólogo en una bodega familiar de la Ribera del Duero, posteriormente fue designado director técnico de Bodegas Habla (2004-2009) y actualmente era Export-Manager para la zona ibérica (España, Portugal y Latinoamérica) de Lamothe-Abiet, una empresa productora de insumos enológicos.

Pablo Álvarez, consejero delegado de Tempos Vega Sicilia, explicó que el nombramiento de Gonzalo Iturriaga abre una nueva etapa que seguirá el camino marcado por la bodega durante sus 150 años de historia: el compromiso con la calidad.

“La calidad de un vino es la suma de muchos años de esfuerzo y constancia”, añadió Álvarez, “Frente a lo que la gente cree en muchas ocasiones, un vino, una bodega y, por supuesto, una bodega como Tempos Vega Sicilia deben estar siempre en continua evolución; siempre hay algo que aprender o algo que mejorar en el viñedo, en la bodega o en la comercialización. Pero siempre respetando la personalidad de cada uno de nuestros vinos que, a fin de cuentas, es lo más importante para los consumidores. Creo que hemos cumplido una etapa y ahora comienza otra sobre la que tengo la más absoluta seguridad de que los grandes vinos que elaboramos seguirán siendo aún más grandes todavía”, subrayó.

 

EDICION PREVIA
EDICION JUNIO

Divinidades es una publicación fundada en 2004 y editada regularmente por Viajes & Vinos, una empresa dedicada a la promoción de servicios de turismo del vino y a la representación de empresas especializadas en la oferta de dichos servicios. Desarrolla además proyectos de mercadeo, editoriales, eventos especiales y consultoría en vinos. Prohibida la reproducción total o parcial de textos o imágenes sin previa autorización.

 

Equipo editorial:

Rosa María González Lamas, Editora

Alec Brito, Corresponsal en Buenos Aires

Otros colaboradores: Dominique Roujou de Boubee, Jose Hidalgo, Maria Antonia Fernandez Daza, MW Pedro Ballesteros

El chef Martín Louzao renovó el menú de su restaurante Cocina Abierta en San Juan con doce nuevos platos como croquetas de prosciutto y queso manchego con chutney de tomate; una bouillabaise caribeña, de inspiración marsellesa, pero frutos de mar del Caribe que van cambiándose según su disponibilidad; una juego de texturas con un trozo de navaja, pescado frito y cremoso puré de yuca; un pollo frito tailandés curado en ají, coco y servidor con una ensalada de litchi y pepino con ricas puntadas de jegibre; unos bocaditos picantes de conejo; y unos bocaditos de churrasco y carne de cordero, con un bizcochito de polenta.

Para complementar los bocados se desarrollaron nuevos cócteles con licores de lujo de la plataforma World Class como un Pineapple Express, con un puntito agridulce, elaborado con Domain de Canton, schrub de piña y jugo de limón verde; Pasión de Julio, con tequila Don Julio, Aperol, jugo de maracuyá y xocoloatl bitter; un interesante Amor & Amargo, con una inédita combinarción de Bullet Bourbon, licor de Chambord y vino tinto pinot noir, ligero,  seco y refrescante, con una pizca amarga; y Fancy Cucumber, un refrescante trago con ginebra Tanqueray, licor St. Germain, sirope de romero y jugo de toronja, con un interesante posgusto cítrico a esta fruta y a la rodaja de pepinillo que lo decora.

Cocina Abierta está ubicado en la zona turística del Condado, a pasos del San Juan Marriott Resort.