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Agrohomeopatía: el último grito en viticultura

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Zamora Wine Group (C)

Si ya parecía algo confuso el distinguir entre natural, orgánico y biodinámico, añade agrohomeopático a tu glosario de sostenibilidad vitivínicola y tal vez te sientas más turbado aún. Bueno, de momento solo vitícola aunque lo vini seguro que no tarda mucho en llegar.

Agro ¿qué? Agrohomeopático. ¿Qué es eso? La aplicación de la homeopatía para la salud de las plantas con el objetivo de controlar enfermedades, plagas y proteger los suelos.

Vamos por partes. Primero definir la homeopatía antes de quedar patidifusos. Es un nombre que escuchamos con frecuencia pero que no siempre se sabe qué es. Se trata de una rama entre las medicinas alternativas creada por un médico y farmacéutico alemán a fines del siglo XVIII en respuesta a su insatisfacción con la medicina que se practicaba entonces y que se basaba en fuertes aplicaciones en las que a veces era peor el remedio que la enfermedad.

Samuel Hahnemann, que así se llamaba el médico, no encontraba suficientes bases científicas en la medicina que se practicaba en tiempos ilustrados por lo que empezó a trabajar presunciones basadas en su observaciones y el principio de curación hipocrático de que los síntomas que produce una sustancia en una persona sana pueden curarse en la enferma con un preparado del mismo remedio, una historia larga de explicar, pero que se resume como una especie de creación de anticuerpos con sustancias diluidas y potenciadas energéticamente.

De este modo, la ley de la similitud se tornó en uno de los pilares de la homeopatía. Así, si alguien tiene una condición que le hace llorar, debe tomar dosis pequeñas y controladas de preparados de cebolla, pues cortar cebolla también produce lagrimeo.

Pero la similitud no es el único de los pilares homeopáticos que tienen en la individualización de síntomas, la dilución y potenciación, y la comprobación en las personas sanas otras tres columnas, siendo las dos primeras pensadas para tratar temas agudos y las otras dos condiciones y padecimientos recurrentes.

De momento, la aplicación de tratamientos agrohomeopáticos se circunscribe al viñedo, aunque el enólogo cree que su aplicación en la vinificación, en bodega, es un siguiente paso sobre el cual aún hay por aprender y explorar.

Cruz de Alba es, en principio, la única bodega con producción agrohomeopática, aunque en España hay agricultores con cultivos varios que la practican, así como ganaderos, que también se hallan primordialmente en Sudamérica y el norte de Europa. Es una alternativa natural que se está aplicando en cada vez más países para lograr cultivos ecológicos, sostenibles y equilibrados a fin de  minimizar plagas y enfermedades, reducir residuos, proteger los suelos y mejorar los rendimientos, aumentando la producción a un costo competitivo, ya que si bien se gasta más en mano de obra, el costo de los productos agrohomeopáticos empleados suele ser económico y, en este sentido, cobra importancia como mecamismo para paliar los efectos del cambio climático, que está propiciando la aparición y multiplicación de nuevas plagas y enfermedades.

Es apenas el principio.

 

11 de junio de 2020. Todos los derechos reservados ©

 

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¿Qué preparados se acostumbran a utilizar en Cruz de Alba y con qué objetivo? Por citar algún tratamiento, para detoxificar suelos o zonas colindantes con cultivos convencionales, Nux vomica 9CH, Carbo vegetabilis 9ch, Chamomilla vulgaris 12 CH. Para cotrarrestar las heladas la esencia de flor de mota. Para eliminar el estrés por plantación, el Arnica montana 12 CH y para insectos chupadores picadores Ledum palustre 30 CH.

“Pero no siempre usamos los mismos productos. La maduración del ecosistema va demandando cosas distintas según su evolución. Podemos usar infusiones, preparados biodinámicos, homeopatía, suero de leche, azufre, Flores de Bach, e incluso algún producto ecológico si el viñedo lo demanda”, aclara el enólogo.

Los resultados se notan bastante pronto y Ávila explica que ya en el primer año pueden verse cambios. “No tenemos una meta a la que llegar, pues la naturaleza está en constante cambio y evolución y nuestro viñedo habita en ella siguiendo su estela, con lo que cada año tenemos nuevas mejoras, en ocasiones sutiles, ínfimas e inapreciables, pero mejoras evidentes”, indica. “Lo verdaderamente interesante es ver como “la Parte pertenece al Todo y el Todo a la Parte”, es decir, cómo el ecosistema mejora a la viña y la viña mejora el ecosistema, con lo que nuestro cultivo está mucho más “a gusto”, dándonos una uva equilibrada. El viñedo se observa de un color distinto al resto, ni mejor ni peor, las plantas enferman mucho menos, pues son más reactivas a los posibles contratiempos naturales”.

La experiencia de la bodega utilizando agrohomeopatía ha sido totalmente satisfactoria pues el aprendizaje sobre el viñedo y el fluir natural de los seres que le habitan ha forjado un ecosistema que va dando indicios de las pautas a seguir, mientras va mostrando los aciertos y errores en su interpretación.

“Cada año nos resulta distinto del anterior, bien sea por climatología o por la normal evolución del ecosistema y nosotros mismos. Pero por citar alguna, para nosotros es de vital importancia el cuidado de los suelos, que creo es el mayor tesoro de la agricultura y el que peor se trata, por desconocimiento en el mayor de los casos”, observa.

Ávila hace hincapié en el hecho que lo más importante de las decisiones sobre tratamientos aplicados al viñedo reposa sobre la relación entre el suelo y la variedad de uva.

“El mejor tratamiento que podemos dar a nuestro viñedo, y cultivo en general es un correcto emplazamiento, y a partir de aquí empezamos a hablar de lo que se quiera, al igual que las variedades, en cada zona la suya, que eso ya lo vieron nuestros abuelos y nos han dado el trabajo hecho. ¿Qué sentido tiene poner un viñedo en un suelo de vega súper fértil, o Albariño en la Ribera del Duero?”, arguye. “La mejor manera de hacer las cosas bien es entender tu denominación, tu comarca, tus pagos y finalmente tu viñedo. Mientras sigamos necesitando hacer vinos con estilo, elegancia, sutileza y una marcada personalidad, la agrohomeopatía es, sin duda, la manera de conseguirlo y hacerlo duradero en el tiempo. Ese es el caso de Cruz de Alba y ése es uno de nuestros sellos más característicos”.

Todo el trabajo de campo con estos métodos sostenibles pretende dotar al viñedo de una personalidad y calidad características, una singularidad que no le asemeje a ninguno otro, un sentido de origen, individualidad y calidad que se refleja por obligación en el vino, reflejando la zona donde se elabora y sin soslayar que el objetivo de la bodega es elaborar un vino agradable, sincero y lo más sano posible, respetuoso con la naturaleza, con quienes le hacen y con quienes le consumen.

 

Con el creciente interés por la agricultura ecológica  ---que busca un sistema de cultivo que haga un óptimo uso de los recursos naturales sin emplear productos sintéticos o genéticamente modificados---,   la agrohomeopatía ha empezado a tener un nuevo eco, con mayor aplicación e investigación en países como México, Brasil o India, y ya hay algunas empresas que venden preparados homeopáticos con un fin agrícola.

En Cuba, por ejemplo, ha habido una experiencia muy positiva en la aplicación de la homeopatía a los cultivos de caña de azúcar para prevenir enfermedades y lograr cosas como un mejoramiento del vigor, gracias a tratamientos de fondo que estimulan la fertilidad en el suelo. En otros lugares también se ha aplicado la agrohomeopatía al cultivo del trigo, por mencionar un producto adicional al que se han aplicado sus preceptos.

¿Cuándo llega la agrohomeopatía al mundo del vino? Pues aún recién empieza. Una de las bodegas pioneras en su uso es Cruz de Alba, en la DO Ribera del Duero, que comenzó a introducirla en sus viñedos tras una evolución de varios años en la que pasó por varias fases y empleó diversas técnicas de cultivo.

“Nosotros tratamos de preservar el legado de Hahnemman en el ámbito de la producción agrícola, aplicando la agrohomeopatía en nuestras técnicas de viticultura”, explica a DiVINIdades Sergio Ávila, director técnico a la bodega.

Ávila explica que la incorporación de la agrohomeopatía a las prácticas viticulturas de la bodega fue algo circunstancial, resultado de experiencias personales acaecidas en su familia que le mostraron que había otra vía para hacer las cosas, con mayor valor, respeto, conocimiento y humildad.

“Y así todo empezó a evolucionar en 2006, comenzando con el cultivo en ecológico, en 2008 abordamos lo biodinámico y en 2010 lo agrohomeopático, estando hoy en práctica estas tres filosofías agrícolas”, subraya.

¿Cuál es la diferencia entre agrohomeopatía y biodinámica? ¿O una es parte de la otra?

“Realmente no tienen mucho que ver aunque cierto es que pueden llegar a compartir ciertas similitudes. La biodinámica es mucho más que un mero sistema productivo, puede llegar a ser incluso un modo de vida, pues no solo nos quedamos en la fase puramente práctica, sino que se ahonda en la interacción con la naturaleza, se vale de conocimiento astronómico y astrológico, y lo verdaderamente interesante es que el componente espiritual dota y aporta conciencia a nuestras acciones y decisiones”, dice Ávila.

El enólogo detalla que es el uso de preparados biodinámicos los que crea analogías entre biodinámica y agrohomeopatía, pues atendiendo a las dosis y modos de elaboración ambas ciencias se aproximan.

 

Entendido esto, la agrohomeopatía pretende ayudar de forma paliativa y preventiva, controlando plagas y enfermedades en el primero de los casos, y equilibrando y fortaleciendo los cultivos, en el segundo, actuando sobre los procesos biológicos de la planta acelerando o frenando su crecimiento, con preparados naturales de origen mineral, animal o vegetal, que minimizan el daño tanto a la planta como a quienes intervenienen con ella.

La homeopatía y la agricultura cruzaron sus caminos tornándose en agrohomeopatía de forma bastante reciente, pero cada vez más extendida. Esto, para que los cultivos puedan seguir subsistiendo sin plagas, aunque con insectos, y de una manera realmente ecológica y sostenible, tanto a nivel ambiental como económico, y tomando en consideración las peculiaridades de la ubicación donde se asientan.

Curiosamente, a pesar de que en el siglo XIX la aplicación de los principios homeopáticos tuvo un gran auge en humanos, su aplicación en las plantas estuvo más bien ausente. Fue apenas cuando Rudolf Steiner empezó a hablar de biodinámica en 1924 que empezaron a enlazarse homeopatía y agricultura, pero solo en ciertos aspectos como las dinamizaciones que Steiner propugnaba en la biodinámica, aunque no aplicadas homeopáticamente según la ley de la similitud. El austríaco apenas recomendaba usar dinamizaciones de semillas de malas hierbas o cenizas de plagas quemadas para combatir esos mismos males, aunque sus alumnos sí profundizaron en el uso de dinamizaciones mostrando sus beneficios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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