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En 2019 Wine Spectator escogió a su añada 2016 como uno de sus diez mejores  vinos del año. Antes de eso, sus añadas 2015 y 2017 habían logrado puntuaciones perfectas. Y tan reciente como este enero, el crítico James Suckling declaró a esta última Vino de la Década, añadiendo galones a la interminable lista de reconocimientos de este tinto chileno que con su alma, viva, ha encumbrado a Chile en el Olimpo de los vinos de alta gama.

En febrero de 2020 este proyecto de referencia para el vino de Chile añade una distinción, la de incorporar a Manuel Louzada como su Director General, estrenando una nueva etapa para la bodega en que su nuevo regidor tendrá como principal objetivo estratégico el dar continuidad al extraordinario trabajo de dos décadas hecho por su predecesor, Felipe Larraín, y su equipo para consolidar a Almaviva como la marca de vino premium de referencia de Chile en el mundo, aportando la particular visión del vino que le han insuflado los proyectos tan diferentes como especiales en que ha estado involucrado a lo largo de una dilatada carrera enológica en Viejo y Nuevo Mundos.

“El trabajo anterior ha sido impecable en todos los ámbitos que conforman el negocio del vino, sin duda sostenido por una visión a largo plazo con la que hubo un permanente compromiso”, resume Louzada a DiVINIdades las primeras dos décadas de Almaviva.

Lejos quizás estaba Chile en la hoja de ruta de Louzada cuando siendo aún un niño compartía con su abuelo en las viñas familiares en Portugal. Allí, en región atlántica de Bairrada, al norte de Coimbra, se sitúa Caves Messias, otra bodega de referencia, con presencia en varias regiones portuguesas y donde cuajó la pasión del niño por el vino.

Cuarta generación familiar, Manuel se trasladó muy temprano a España y allí estudió ingeniería agrónoma, enología y viticultura, antes de regresar a su natal tierra lusa para laborar en una estación enológica y también enseñar esa materia. Tras esa experiencia se incorporó al proyecto familiar de vino y de ahí pasó a laborar en Rozès, una bodega elaboradora de vinos de Oporto y del Douro que entonces pertenecía a Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH).

Aquella experiencia fue providencial pues le abrió las puertas a un negocio de vino diverso, que además se convirtió en una plataforma de oportunidad que del Douro le llevó luego a Mendoza, para laborar en Chandon Argentina. Así que a los vinos de Oporto y tranquilos durienses se añadieron en el currículo de Louzada los espumosos, entre los que se desempeñó con tanta efervescencia que terminó a cargo de la enología del proyecto y los varios de LVMH en el país austral.

Con tan amplio pedigrí enológico no resultó una sorpresa que tras LVMH adquirir la bodega Numanthia, en la DO Toro, Manuel Louzada regresara a España para dirigir este proyecto de viñas viejísimas y también un referente de alta gama entre la Tinta de Toro y los vinos de esta denominación castellano leonesa, a la que seguiría años después otra etapa española con la dirección de Señorío de Arínzano, la única bodega navarra con DO Vino de Pago.

¿Qué ha aportado la experiencia en Numanthia y Arínzano que sea de beneficio en esta etapa en Almaviva?

“Son dos etapas muy diferentes que me han enriquecido enormemente y que creo pueden servir en esta nueva etapa de mí vida. En el caso de Numanthia, seguir haciendo uno de los mejores vinos de España y del mundo a la vez que seguir consolidando una marca con una historia increíble. En el caso de Arínzano, aunque el proyecto se construyó prácticamente a la vez que Numanthia, nunca llegó a tener la misma relevancia por lo que fue casi empezar un proyecto desde cero, desde alinear la estrategia de viñedos y elaboración, a revisar el proceso de envejecimiento, redefinir el portafolio de la marca y su packaging, y desarrollar una estrategia de comercialización global”.

Así que con un impresionante bagaje de experiencias y valoraciones muy positivas, además de con excelentes recuerdos de Chile, su naturaleza, su gente, su orden y organización, Louzada regresa al Cono Sur, con apertura de miras y mucho entusiasmo por los desafíos interesantes   ---irrespectivamente de dónde se encuentren---, además de con buenas sensaciones de lo que ha conocido del proyecto Almaviva, que resume como “de ensueño. Los vinos son fantásticos, la bodega espectacular, su equipo humano súper profesional y de enorme capacidad”.

Fue en 1997 cuando los directivos de Château Mouton Rothschild y Viña Concha y Toro sellaron un acuerdo para crear lo que sería un vino franco-chileno de excepción, Almaviva, bautizado con el nombre del Conde mozartiano de las Bodas de Figaro y tan deslumbrante como el prodigioso talento del compositor.

Un lugar especial en lo más alto de Valle de Maipo, idóneo para el cultivo de la Cabernet Sauvignon, Puente Alto fue el origen de este vino que se situó en el pináculo del éxito desde su primerísima añada, la de 1996, ensamblando el terroir chileno con las tradiciones y experiencia enológica francesa, al igual que algunas de sus cepas más internacionales con la Cabernet Sauvignon a la cabeza. De hecho, con Almaviva se estrenó el concepto château en Chile, fundiendo como una Santísima Trinidad la excepcionalidad de un terruño, una bodega y un equipo creador.

A 650 metros de altitud y a los pies de la Cordillera de los Andes, los suelos de Puente Alto son pobres, de origen aluvial y con condiciones que aportan a la calidad, equilibrio y elegancia de Almaviva, algo a lo que se suma el clima semiárido y frío que propicia brisas frescas y una gran amplitud térmica que favorece a la uva durante su maduración.

La Cabernet Sauvignon es la prima ballerina de Almaviva, que a lo largo del tiempo ha ido modulando su ensamblaje, sumando o restando variedades como la Cabernet Franc, la Merlot, la Petit Verdot y la Carmenère, así como modificando sus tiempos de crianza para afinar al vino.

«Almaviva ha sido y será la combinación perfecta entre el conocimiento de un terruño aportado por Concha y Toro, en el que para mí se puede producir especialmente uno de los mejores Cabernet Sauvignon del mundo, y su perfeccionamiento con el paso del tiempo, al que se ha sumado la experiencia inigualable aportada en todo el proceso de elaboración, envejecimiento y ensamblaje por Baron Philippe de Rothschild. Nuestro enólogo, Michel Friou, lo ha sabido interpretar, reflejar y hacer evolucionar de forma impecable en cada añada, a pesar de las variaciones particulares de las condiciones climáticas”, detalla Louzada.

La Carmenère es la variedad diferenciadora de Chile y además uno de los pilares de Almaviva, en cuyo ensamblaje ha representado entre un 20 a 25%. Empleada más bien como sazón a una ecuación de vinos, más recientemente ha ido descollando en solitario. “Si la pudiera definir como una virtud humana diría que es una variedad de enorme generosidad en los ensamblajes ya que, especialmente con Cabernet Sauvignon, permite elaborar vinos muy por encima de las virtudes individuales. Al cuerpo, estructura y robustez de esta variedad, la Carmenère suma carnosidad, elegancia y frescura”, explica el nuevo Director General.

La Cabernet Sauvignon es una referencia en Chile, como lo es en Burdeos y Napa donde se ha ponderado incorporar variedades como la portuguesa Touriga Nacional y otras al inventario vitícola como opciones al calentamiento global. ¿Chile también contempla incorporar nuevas variedades a su repertorio de vides por este motivo?

“Por la diversidad de sus climas, en Chile siempre se han adaptado un gran número de variedades completamente dispares en las condiciones que necesitan, así como en la expresión que son capaces de alcanzar. Quizás más que incorporación de otras variedades, en Chile se están descubriendo o desarrollando algunas nuevas zonas de plantación e incluso algunas variedades autóctonas que estaban prácticamente abandonadas”.

La viña es precisamente uno de los pilares de Almaviva, 60 hectáreas con algunas parcelas plantadas en 1978. El respeto por el medioambiente rige las prácticas en bodega y en viña, donde se intenta emplear en todo momento productos orgánicos y se aplica un riego comedido para que la planta cubra sus necesidades sin que pierda innecesariamente.

Algo aparentemente diverso al quehacer del Viejo Mundo es la estructura reglamentaria del vino a través denominaciones de origen y Consejos Reguladores que existen en países como España y Portugal, pero que Louzada entiende que es igualmente rigurosa y minuciosa, lo que se refleja en la excelente calidad de los vinos de Chile, un país que, en su opinión, está encontrando el camino equilibrado entre vinos de muy buena relación calidad-precio, aunque sea en los vinos más asequibles, y la capacidad de hacer vinos únicos y extraordinarios. Una búsqueda de equilibrio que también cree debe hallar su natal Portugal, entre los vinos de muy buena calidad pero de precio más asequible y los vinos excepcionales que se pueden elaborar a través de todas las regiones vitivinícolas de ese país.

“Por un lado, se debe seguir consolidando el reconocimiento de los grandes vinos que se elaboran o se pueden elaborar en Chile. Por el otro, gracias a la enorme diversidad de terruños y, consecuentemente, de estilos de vino, creo que Chile es un país fascinante por su capacidad de hacer vinos particulares y que hay que ayudar a descubrir. No quisiera dejar de mencionar que también me he encontrado con excelentes profesionales vitícolas y enólogos, con excelente formación y que creo que van también van a dar que hablar en la vitivinicultura en todo el mundo” subraya.

En opinión del nuevo Director General de Almaviva, un reto de la industria vitivinícola chilena es continuar distanciándose de la imagen de productor de vinos de muy buena calidad a precios asequibles para emprender un viaje de vinos hacia precios más elevados. “Es un trabajo permanente y de muy lenta evolución”, dice.

El calentamiento global es otro de los retos de la industria, cuyos desafíos hay que saber intuir a todo nivel, desde el cultivo hasta el impacto financiero, a fin de precaver y poder reaccionar ágilmente con medidas que puedan minimizar su impacto.

En lo que concierne a Almaviva, la bodega, seguirá atenta a la permanente evolución de la viticultura y la enología, a fin de realizar las inversiones que sea menester para mantener al proyecto en una posición de vanguardia en el mundo del vino. Como una consolidada marca premium de referencia, con identidad y personalidad muy contundentes, Louzada cree que debe seguir su camino de forma autónoma e independiente al conjunto de Concha y Toro, aunque a momentos sus caminos se crucen en eventos conjuntos, y respaldados por la gran reputación de esta empresa chilena.

De momento, los últimos meses han sido para él un periplo incesante de viajes por el mundo de la mano de este proyecto, y anticipa la posibilidad de estar realizando catas verticales de los vinos a nivel internacional, especialmente para coleccionistas, como una manera de descubrir el potencial de envejecimiento de Almaviva, y también de estrechar vínculos con sus apasionados consumidores.

 

3 de febrero de 2020. Todos los derechos reservados ©

 

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Rosa Maria Gonzalez Lamas. Foto: Almaviva (C)