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Mientras algunos siguen insistiendo en los tintos e incluso erróneamente los resaltan como los de preferencia en el mercado, la realidad es que de la percepción a los datos va un trecho y lo que sucede de forma imparable es el cada vez mayor rezago de los primeros en contraste con los blancos, cuya demanda y suministro global ha ido creciendo en las últimas dos décadas hasta desplazar a los tintos a partir de2013 y crecer hasta un 13% en 2021, representando ya cerca de la mitad del vino universal.

Mucho de esto tiene que ver con el boom de los vinos espumosos, muchos con base blanca, pero también con cambios en los hábitos del consumidor, tendencias todas para las que la región francesa de Alsacia tiene algo que ofrecer.

Aunque ya había cultivo de viñas desde época romana, no fue sino hasta el siglo XIX que el vino se convirtió en uno de los motores económicos de Alsacia, tierra de calles estrechas, cigüeñas halagüeñas en el tope de los edificios y tradiciones navideñas muy arraigadas, no en balde la del árbol de Navidad nació allí en 1521, una fecha que comparte, al igual que los adoquines, con la ciudad amurallada de San Juan.

Navidad real, Navidad imaginaria, en el reloj del vino actual una de las horas más puntuales la marca Alsacia, con vinos frescos y gastronómicos, hechos a la medida de lo que busca en la copa el consumidor de aujourd’hui.

Cuentan que en Alsacia están algunas de las viñas más añejas de Francia, allí desde que los romanos decidieron asentarse allí para vivir una vida más apacible. Desde entonces hasta la Primera Guerra Mundial, mucho pasó en Alsacia hasta albergar la primera apelación de origen controlado del país galo. A la apelación la custodian bodegas pequeñas, generalmente familiares como la Navidad, con una trayectoria de generaciones y un eslabón de terroirs que han estado ahí, hablando durante milenios.

Desde que los blancos comenzaron a desplazar a los tintos con enjundia en el paladar del consumidor, esa gran región francesa de vinos que es Alsacia ha experimentado también un renacer. Lo blanco es el corazón de esta zona entre fronteras, en que además del color de los vinos, se pinta de blanco el paisaje, con las nieves que engalanan sus estampas navideñas cual si se las hubiera espolvoreado de nieve o azúcar glas.

Sólo basta mirar en las redes sociales y constatar como los vinos alsacianos empiezan a hacerse hueco en las fotos que exhiben los vinos consumidos, muy en sincronía con eso de que se consumen más blancos, más burbujas, tintos elegantes, vinos que respetan la naturaleza y la biodiversidad, muestran mayor expresividad de sensaciones, tanto de la mano que les acuna como del terroir donde nacen.

En Alsacia hay vinos para todos los momentos. Vinos más ligeros para lo cotidiano, vinos blancos que se insertan en el acelerado ritmo internacional, vinos secos que son espontáneos y sinceros, blancos complejos, grandes blancos con equilibrio, complejidad y acidez, aptos no sólo para sabores étnicos sino para los formatos de la nueva cocina. Vinos perfumados, vinos con textura, vinos espumosos.

La Riesling es la gran estrella del viñedo alsaciano, seguida no a tantístima distancia por la Gewürtztraminer y la Pinot Gris, en una producción dominada por los vinos monovarietales. Esto, para vinos tranquilos, pues la Pinot Blanc es la líder indiscutible en la elaboración de espumosos.

Pero lo más interesante es que si en el mundo ha ido creciendo el consumo de vinos blancos en detrimento de los tintos, el crecimiento de los tintos alsacianos sigue un ritmo imparable, ya que no sólo se ha desarrollado su producción, sino que también se ha expandido la superficie cultivada con esta variedad. Tanto en Francia como en el resto del mundo hay una demanda creciente de tintos alsacianos de Pinot Noir, pero también de espumoso Crémant d’Alsace y muy particularmente de estos espumantes en versión rosé o blancs de noirs a partir de esta variedad. 

Este crecimiento, no obstante, no tiene que ver sólo con el color de la uva, sino también con el estilo de elaboración, pues ha habido una especie de renacimiento de Pinor Noirs con sustancia, alejados de los tintos muy diluidos y ligeros que se elaboraban en las décadas de 1950 y 1960, y que están decayendo. 

Desde los años 1980s y aún más a partir del inicio del siglo XXI, Alsacia es testigo de la revitalización del estilo que muchos designan como “verdadero” Pinot Noir alsaciano, que evoca aquellas prestigiosas elaboraciones que se hacían durante el Santo Imperio Romano Germano hasta el siglo XVII.  

Conviene saber que hasta el final del Renacimiento la producción tinta llegó a representar la mitad de la viña alsaciana, y que la Pinot Noir era la variedad tinta dominante, aunque no la única que se cultivaba.

La mayoría de los Pinot Noirs alsacianos que se elaboran hoy son afrutados y ligeros, pero no diluidos, e incluso hay algunos más concentrados, afrutados y hasta con notas de su crianza en madera, que surgen de suelos no únicamente calcáreos sino también graníticos, que con los primeros tienen en común una fruta delicada y elegante, y a precios mucho más asequibles que los de muchos Pinot Noirs de Borgoña. Y la realidad es que tanta garra han cogido los Pinot Noirs alsacianos que por primera vez desde 1975, ya no sólo podrán ostentar categoría de Grand Crus vinos elaborados a partir de ciertas variedades blancas, sino que dos entre los 51 Grand Crus podrán desde la añada 2022 designar también a sus Pinot Noir con este prestigioso listón. 

No corren igual suerte los rosados tranquilos, que siguen siendo anecdóticos, aunque las estadísticas no son muy precisas pues los rosados se enmarcan en la categoría más genérica de AOC Alsace Pinot Noir, que no especifica la tonalidad del vino elaborado con esta variedad, contrario a la  AOC Pinot Noir Rouge. 

La realidad es que una de las tendencias del mercado que se ha sostenido en los últimos años es la selección de vinos para beber, más que para catar, con frescura, pues la acidez invita a comer, y en una noria que va corriendo la comida pide más vino, y el vino, más comida. Por eso, se buscan vinos que puedan disfrutarse a lo largo de toda una comida, quizás con más sencillez que sofisticación y un deseo de beber hasta quitar la sed.

35% de las viñas de la apelación está certificado como biológico, cifra que continúa creciendo pues hay no pocos proyectos en reconversión de viña. Y si ya mucha hay certificada como biológica entre ésta se incluye un 9% certificado como biodinámico con más de una veintena de productores certificados. El cultivo biológico facilita la vinificación y se nota desde las viñas, que son más bonitas, y luego se transfunde la vino, al que se adhiere la energía del terreno, para que los vinos adquieran otra estructura, complejidad en la expresión, equilibrio, sanidad y que sean, en resumen, vinos más emocionantes, que es lo que busca el consumidor actual. 

Un gran vino es aquel que puede transpirar el terroir ---el ADN del vino---  y una de las grandes riquezas de Alsacia es contar con un amplio repertorio de suelos que confieren una gran diversidad a sus vinos. Esto como resultado de la parcelización de las viñas de empresas eminentemente familiares, lo que les confiere diversidad y singularidad, así como la posibilidad de crear muchos vinos de alta costura y pequeña producción que transmitan suelo e historia en copa.

Hay poco más de medio centenar de terroirs y más de 13 tipos de suelo en Alsacia, que transfunden a la copa elementos como la acidez y una sensación de mineralidad. El granito, hallado a mayores altitudes, da vinos muy rectos y directos que se revelan con mayor rapidez que en otros suelos. Lo calcáreo, vinos más esféricos. El grès, mayor complejidad. Después vienen las orientaciones, profundidades, que hay que conectar con la mano del hombre que sepa transmitir la energía del suelo, un carrusel que da margen a mucha creatividad y que puede ser un instrumento para combatir el cambio climático, sin necesidad de dar paso a la plantación de nuevas variedades. 

Desde la añada 2021 Alsacia ha hecho compulsorio indicar en las etiquetas el nivel de dulzor basado en el balance entre el azúcar y el ácido tartárico, lo que es un beneficio para el consumidor, que tiene una referencia más específica sobre lo que hallará en el vino ya que las indicaciones deben de ser visibles, claras y estandarizadas: Seco, si el contenido de azúcar residual no excede los 4 g/l; Medio seco, entre 4 y 12 g/l de azúcar residual; Meloso, entre 12 y 45 g/l y Dulce: Más de 45 g/l

Toda esta metamorfosis muestra la vocación de Alsacia de cambiar, progresar y acercarse más que nunca a las expectativas de los consumidores actuales. 

Ha pasado un tiempo desde que hiciéramos una primera parada detallada en Alsacia, y el discurso de las horas no ha hecho sino constatar todo lo que esta región hoy francesa prometía y promete.

Como en otras regiones vitivinícolas del mundo, la mujer desempeña un papel fundamental en Alsacia, cuya industria del vino no será igual sin las féminas, sea por su trabajo en la viña, la bodega o el trabajo administrativo y comercial.

Riesling

 

Domaine Schoffit Riesling 2020. Vin d’Alsace AOC. Un vino de viñas entre 60 y 80 años con aromas a piedra, manzanilla, luego notas a fruta blanca y a fruta de hueso, siempre con ese choque mineral de piedra en el retrogusto, donde se muestra muy largo, profundo y persistente.

Domaines Schlumberger Alsace Grand Cru Kitterle 2017. Riesling cultivado con gran exposición al sol. Poca producción en una buena añada en Alsacia. Un vino con una plétora aromática con intensidad de notas apetroladas, recuerdos a pólvora y albaricoque. Una boca que se estrena algo austera, pero que va ganando volumen e intensidad, así como remarcada salinidad.

Domaine Mann Vignoble des 3 Terres AOC Alsace Grand Cru Pfersigberg Riesling Millésime 2019. Un fragante jardín en copa es este blanco con aromas a jazmín, pétalos de rosa blanca y abundante manzanilla, con una boca deliciosa, evolucionada, salina, afrutada con recuerdos a albaricoque y marcados cítricos a limón, muy líneal, con acidez tensa y una interesante nota oxidativa. El proyecto Domaine Mann distribuye sus 13 hectáreas de viña a través de cuatro pueblos donde las viñas se cultivan en tres grandes tipos de terroir: granito, grès y calcáreo.

Domaine Valentin Zusslin AOC Alsace Riesling Millésime 2018. Situado al sur del viño alsaciano, el Domaine Valentin Zusslin se fundó en 1691 y desde entonces crea vinos identitarios que sean un reflejo de los terruños de Bollenberg, Clos Liebenberg Monopole el Gran Cru Pfingstberg, Este vino tiene notas minerales a piedra y un velo de keroseno conviviendo con matices de compota de manzana y un punto de cilantro, hierbas aromáticas y cítricos. En boca es sápido y tiene una acidez tensa que no decae y convive con un final de boca persistente y untuoso. Vino elegante, de final de boca persistente y fino.

Les Vignobles Ruhlmann-Schutz AOC Alsace Grand Cru Frankstein, Riesling Millésime 2019. Blanco con cariz mineral y recuerdos a fósforo, suave piedra mojada y pizarra amarilla, entrecruzados con aromas a hojas de limonero, flores y frutas blancas. En boca su expresión frutal tarda en manifestarse, para revelarse también cítrico, fresco, salino, con buen volumen, buena acidez y un retrogusto complejo por el que aparecen frutos secos y un perfil profundo y elegante.

Les Vignobles Ruhlmann-Schutz AOC Alsace Riesling Millésime 2021. Un blanco muy floral y lineal, con aromas a té de jazmín y litchi, y una boca seca y salina, que gana untuosidad en el paladar para terminar con un final cítrico y persistente, así como un retrogusto mineral.

Domaine Stentz-Buecher AOC Alsace Riesling Millésime 2021. Apenas 12 hectáreas en el corazón del viñedo alsaciano, los vinos de este proyecto buscan extraer lo más puro de terroirs llenos de fruta y carácter. Abundantes aromas a flor de manzanilla complementados con matices a levadura, fruta blanca, sílex y compota de manzana. En boca se expresa con notas muy cítricas y marcada salinidad, ganando mucho volumen en copa, donde es sápido y goloso, elegante, y con un largo final con amargo retrogusto.

Domaine Stentz-Buecher AOC Alsace Riesling Millésime 2019. Blanco más evolucionado en nariz, con sutiles notas apetroladas y un punto de humo en un fondo de fruta de hueso que evoluciona a tarta de limón. Un vino fresco, con matices minerales que gana untuosidad y sapidez para terminar con un retrogusto a toronja y un final persistente y con notas especiadas a jengibre y jalea de limón.

Domaine Edmond Rentz AOC Alsace Riesling Millésime 2021. Viñadores Independientes desde 1785, conjugando tradición y modernidad. Con respeto al medioambiente y de terroirs excepcionales nace una paleta de grandes vinos alsacianos, vinos monovarietales, Grands Crus, vendimias tardías y selección de franos nobles. Este Riesling es algo parco en aromas frutales y florales, destacando más bien sus fondo de tiza y una pizca balsámica a laurel. Se trata de un vino muy salino y cítrico al final del paladar, con un toque de piedra amargo en el retrogusto. Vino elegante, largo, profundo y persistente.

 

 

Gewürtztraminer

 

Domaine Hurst Vin d’Alsace Gewürtztraminer 2020 Vieille Vignes. Un blanco fragante y floral viñas de medio siglo, con aromas que luego dan paso a frutas de hueso y manzanilla. Con abundante lágrima en copa, en boca es mineral, seco y untuoso, con un largo retrogusto y algún recuerdo a fruta seca y especiados al final de boca que se perciben casi como un estallido de fuegos artificiales.

Domaine Stentz-Buecher Gewürtztraminer Millésime 2021. Interesante nariz con delicados aromas a melón, azucenas, pólvora, hoja seca, notas ahumadas y algo de miel. Un vino elegante con boca seca y glicérica, muy equilibrada. Un blanco serio y complejo, con perfecta acidez.

Pinot Noir

 

Cave de Ribeauville Vin d’Alsace Pinot Noir 2019 RodernLigero de color, este tinto fue un verdadero carrusel aromático con recuerdos a notas especiadas, cereza, puntos balsámicos, tostados, fondo de cedro y tabaco, aromas florales a clavel y enebro. En boca fue de taninos pulidos, un pase aterciopelado por el paladar y excelente acidez que se resumen en un tinto elegante, fino, fresco y delicadamente persistente.

Domaine Valentin Zusslin AOC Alsace Pinot Noir Millésime 2018. Tinto de cuerpo ligero y color pálido y recuerdos aromáticos a frutas de baya oscura, canela y enebro, con un final torrefacto a café. En boca se expresa afrutado, redondo y elegante, con una acidez cítrica que le confiere frescor.

Domaine Scheidecker et Fils. AOC Alsace Pinot Noir Millésime 2020. Ubicados en el centro del viñedo alsaciano, esta bodega se precia de la multitud de terroirs que hay en sus diez hectáreas de viña, lo que le valió en 2023 la distinción de la Guía Hachette Vinos como “Vigneron del Año”. Este tinto destaca por su fruta oscura, notas a pimienta, tostados, recuerdos a toffee, una pizca ahumada y delicadas notas balsámicas. Con una acidez marcada en boca, ésta se compensa por su buena fruta y taninos dulces.

Les Vignobles Ruhlmann-Schutz AOC Alsace Pinot Noir Millésime 2018. Tinto con aromas a fruta de baya madura, fruta escarchada y recuerdos a bizcocho de fruta de Navidad con mejorana, enebro, azúcar negra tostada y un punto de avellana en el paladar, donde se expresa con frescura y elegancia.

Domaine Edmond Rentz AOC Alsace Millésime Pinot Noir 2020. Un tinto por crecer, con aromas a cassis, cedro y un punto de carbón ahumado. Muy afrutado en boca con notas tostadas y sapidez. Salino en el posgusto. Largo, fino y elegante.

 

Plurivarietales

 

Domaine Jean-Baptiste Adam AOC Alsace Grand Cru Kaefferkopf Millésime 2019. Uno de los grandes nombres de la viticultura alsaciana desde 1614 y quince generaciones. Este ensamblaje de 80% Gewürtztraminer y 20% Riesling es de aromas más bien contenidos. Primero ataca la parte mineral con recuerdos a piedra y talco, dando inmediatamente paso a aromas cítricos a limón y un melocotón bien fino en la retaguardia, como una confitura de naranja y melocotón en una perfecta conjunción de acidez y dulzor. Salino desde la nariz, en boca es grande y amplio, potente, con buen volumen, untuosidad, mucha estructura y elegancia. Un vino muy transparente de su suelo, percibido casi como un gran macizo de piedra, con final salino, afrutado y una pizca especiado con memorias de jengibre.

Domaine Jean-Baptiste Adam AOC Alsace Grand Cru Kaefferkopf Assemblage 2020. A primera vista no es fácil detectar si se trata de un vino naranja o un rosé. Poseedor de un fascinante conjunto aromático por lo inesperado, el vino hechiza con su profusión de notas especiadas a clavo, matices de tinto, florales a rosa y clavel, y hasta cáscara de manzana roja. Es la boca lo que sugiere debe de ser un vino naranja, por ser seco y tánico, menos afrutado y con notas especiadas a clavo y nuez moscada. Un vino no demasiado intenso, pero sí persistente y con largo retrogusto. Para dejar evolucionar para indagar a dónde llega.

Más sobre Alsacia en: http://viajesyvinos.com/Viajes_vinos_vinos-alsacia_files_files.htm

 

7 de enero de 2024. Todos los derechos reservados ©

 

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Texto: Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos:Viajes & Vinos y Facebook Vins d'Alsace y Route des Vins d'Alsace (C)