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Banfi: entre lo conocido y lo por conocer

 

 

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A fines del siglo XIX Ferruccio Biondi Santi seleccionó un clon particular de la variedad sangiovese expresada con gran esplendor, cuya vinificación dio inicio a una apelación en los vinos toscanos de entonces. Aquel clon se tipificó oficialmente como brunello, dando pie para una regulación en Toscana que en el siglo siguiente adveniría al rango de DOCG: Brunello di Montalcino.

Montalcino es un poblado medieval en la provincia de Siena, situado en una colina coronada por un castillo imponente, pero quizás no tanto como la fortaleza que más fama da a la villa, sus célebres vinos tintos.

Tras el Brunello de fines del XIX, a inicios del XX llegaron la Belle Époque y el 1919. Dígitos por duplicado. Dos 19 al cubo que se convierten en cifra o en fecha pero, sobre todo, en la base de un puente centenario que ha unido a los vinos de Italia con el Atlántico de Puerto Rico.

1919 era el año que transcurría cuando John Mariani, Sr., un imigrante italiano, decidía fundar en la ciudad de Nueva York un negocio de vinos. Aunque no descendía de una familia productora, una etapa en Italia, país al que tuvo que regresar tras la muerte de su padre, hizo que durante el tiempo que allí permaneció descubriera el vino de la mano de su tía Teodolinda, quien laboraba con el Cardenal de Milán que se convertiria en el Papa Pío XI. Entre su lista de deberes había uno particular, escoger los vinos para el Papa, con lo que esta sumiller precoz de los años veinte cautivó con sus historias y explicaciones a John, quien quedó prendado del vino y de los vinos del Vaticano.

Tras su regreso a Estados Unidos y su servicio militar durante la Primera Guerra Mundial, Mariani pensó que el vino podía ser una alternativa de negocios y así comenzó una empresa en Nueva York que bautizó como Banfi.

Mientras John fundaba a Banfi en Nueva York, Puerto Rico se preparaba para la apertura de lujoso hotel Vanderbilt, llamado como la célebre y pudiente familia neoyorkina, una hospedería que, como el negocio del italiano, también abría sus puertas en 1919.

Se desconoce si entonces Banfi vendió al hotel alguna de las etiquetas que representaba, pero sí hay certeza de que 100 años tras la fundación de hotel las historias de la bodega y su restaurante 1919 vuelven a enlazarse con la fecha de 2019.

Banfi celebró por todo lo alto en la Isla este centenario compartido, con una agenda de eventos cuyo culmen fueron dos cenas en 1919, restaurante bandera del Vanderbilt, que abrió su cocina al talento del chef Domenico Francone, acogido por el equipo encabezado por Juan José Cuevas, chef ejecutivo del hotel.

Francone se desempeña como chef ejecutivo de Sala dei Grappoli, el restaurante de la bodega Castello Banfi, que complementa su quehacer elaborador con una diversidad de complementos de turismo enogastronómico. Sala dei Grappoli interpreta en clave de alta cocina la filosofía Banfi sobre gastronomía y enología, un quehacer que le ha situado entre los mejores restaurantes de Italia.

Los vinos de Banfi

 

Si bien Banfi comenzó siendo un comerciante de vinos, tras la muerte de su fundador sus descendientes quisieron honrarlo con una bodega. Fue así como en 1978 nació Banfi, un proyecto a gran escala que integró la producción vitivinícola tradicional con las dotaciones de modernas facilidades de elaboración, con el objetivo de que los vinos que elaboraran exhibieran un consecuente alto nivel de calidad.

Con este fin Banfi hace hincapié en la investigación como estrategia diferenciadora y de consecución de la calidad, especialmente en lo que concierne a las estandarte del patrimonio vitícola toscano, la sangiovese-brunello. Esto, manteniéndose también receptiva a la labor con otras cepas internacionales con un buen desempeño en la región, con cuyo entorno y riqueza humana Banfi siempre ha sido respetuoso.

El Banfi toscano se reparte por tres de las zonas más reputadas de esta región italiana: Montalcino, Chianti Classico y Bolgheri, célebre esta última como tierra de los super toscanos. Esto dota al proyecto de un abarcador abanico de propuestas en botella para todos los bolsillos, que tiene un eje en esa Toscana de su origen con las líneas Banfi y Castello Banfi, y otro en el bajo Piamonte, región donde Banfi puso un pie tras adquirir Bruzzone, una histórica bodega piamontesa especializada en la elaboración vinos espumosos a los que la empresa ha dotado de su saber hacer toscano para producir tintos y blancos de tranquilos ligados al territorio, amén de espumosos de muy alta calidad.

Fue precisamente Cuvée Aurora 2013, un espumoso de esta gama la que estrenó un hexágono de sorpresa vínicas que mostró el rostro de más alto standing de Banfi. Se trata de un espumoso elaborado mediante el método tradicional de segunda fermentación en botella y amparado en la DOCG Alta Langa, que se enfoca en espumosos extra brut de larga crianza a partir de pinot noir y chardonnay. Son precisamente las variedades que integran este espumoso (70% pinot noir y 30% chardonnay) con añada, y ensamblado con 90% de vino de esa añada y un restante 10% de la anterior envejecida en roble, permaneciendo con sus lías por al menos 40 meses. Un vino armonioso que destacó por sus aromas cítricos y sapidez, burbuja fina y persistente, y gran equilibrio en boca donde fue ganando volumen y terminó con una pizca de amargor. Un espumoso que también se elabora en versión rosé, y que fue buena introducción a bocados como el crujiente de morcilla con huevo de codorniz que sirvieron de preludio al menú de degustación.

También piamontés fue el blanco Principessa Gavia 2017, un monovarietal de uva cortese cultivada en la DOCG Gavi es una zona que ha elaborado vino desde el siglo X que advino al rango de Denominazione d’Origine Controllata e Garantita en 1998. La cortese es una uva muy afincada en Gavi, donde se ha empleado por centurias para elaborar vinos con sin demasiada estructura, pero muy agradables por como aperitivo o acompañante de frutos de mar. Este blanco delicioso fue muy fresco y limpio en boca, con abundantes aromas a flores blancas, tiza y piedra, matices minerales que se envolvieron con pizcas de hierbas aromáticas. Un vino que gana estructura en copa y termina en boca con un final salino que se engarzó a la perfección con un tartar de carne con salsa de huevo, helado de parmesano, chip de maíz negro y hojuelas de foie-gras, envolviendo completamente el conjunto del plato, terminando con un prolongado posgusto.

Con el blanco Fontanelle 2017 se transitó de nuevo al origen toscano de los Banfi. Se trata de una etiqueta con IGT Toscana que se elaboró por primera vez en 1982 y que, si bien antes tuvo versiones tintas, ahora se circunscribe a un blanco chardonnay de pago pionero en su envejecimiento en roble francés, que con la añada 2017 estrenó nuevo diseño de etiqueta. Un blanco de Montalcino que destacó por su redondez y equilibrio, en un vino afrutado con recuerdos a fruta de hueso y puntos cítricos en convivencia con delicados tonos tostados de su fermentación y crianza en madera y a delicado humo, con una buena acidez en boca y buen volumen gracias a su crianza de siete meses sobre lías, un conjunto que abrazó con elegancia una vieira con papa al tomate, mozarella y crouton de albahaca.

La DOC Bolgheri se reconoce como productora de supertoscanos que permiten el empleo de cepas internacionales como la cabernet sauvignon sazonada con cabernet franc que crean Aska 2015, un vino elegante, estructurado y concentrado que envejece por unos dos años en barricas de roble de 225 litros. Las uvas proceden de un viñedo de unas cinco hectáreas y en nariz conjuga aromas a carbón, con pizcas de cuero, recuerdos a menta, fruta roja madura y pinceladas de carne ahumada. Un vino fino y con nervio que armonizó bien con unos también finos ravioli con crema de calabaza y prosciutto seco, resaltando las notas especiadas y tostadas de un plato que también convivió bien con el blanco Fontanelle.

Poggio all’Oro 2010 es la gran insignia de Banfi, un Brunello de Montalcino DOCG Riserva, 100% sangiovese que solo se elabora en grandes añadas y que en la de 2010 se reveló muy fresco y vivo. Las uvas proceden del viñedo histórico homónimo de once hectáreas plantado en 1978 del que nació este magnífico tinto afrutado con recuerdos a grosella, guinda en licor y frutos rojos, regaliz, anisados, pimienta negra y un punto de cuero en nariz. Su pase por el paladar fue envolvente, untuoso, aterciopelado con taninos dulces, expresión de la elegancia y redondez de este vino que persigue una mayor extracción, balance, y refinamiento, y que entre envejecimiento en barrica y botella pasó cinco años afinándose para convertirse en una acertada armonía para el solomillo de ternera preparado por el chef invitado. Este vino fermenta en unos depósitos troncocónicos híbridos de roble francés y acero inoxidable, con temperatura controlada, patentados por Banfi.

La selección de vinos se redondeó con un dulce FloruS 2014, un Moscatello di Montalcino DOC elaborado con vendimia tardía parte del cual se envejece en barrica de roble francés. Aromas a melocotón y un buen equilibrio entre dulzor y acidez caracterizaron a este vino que encajó mejor con el frescor del prepostre de piña, amaretto y crumble que con el algo recargado postre cimentado en frutos rojos y chocolate.

Además de estos vinos, Banfi elabora grappa y aceite de oliva.

La empresa ha hecho una loable labor en la creación de un sistema de trazabilidad y monitoreo que convirtió a Banfi en la primera bodega del mundo en obtener una certificación de responsabilidad ética y social del sistema, y otra de calidad de los productos y servicios de respeto al cliente.

 

11 de febrero de 2019. Todos los derechos reservados ©

 

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Rosa Maria Gonzalez Lamas. Foto: Viajes & Vinos, Castello Banfi y Suministradas (C)