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Champagne Jacques Copin: contemporáneo y familiar

 

 

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Su porte hace pensar que es un chico que ama el ir de fiesta con sus amigos, pero sorprende mostrando en el teléfono móvil fotos del tierno rostro de bebé Gerber de su hijo de un año sumergido en una sofisticada bañera a su medida y que uno se pregunta si estará llena de champán.

Entre la tercera y la cuarta generación de los Copin hay un espacio de apenas 26 años, pero unos lazos inquebrantables de familia con el terroir de Verneuil y la historia moderna de Champagne. Hay también un conjunto de valores como el respeto, la autenticidad, la calidad, la estabilidad o la sencillez que empezó a transmitir el abuelo de Mathieu Copin y se han ido pasando de generación en generación.

El patriarca Jacques Copin, abuelo de Mathieu y bisabuelo de su hijo, era un vigneron champañés que vendía sus uvas a la cooperativa local hasta que un día tuvo desencuentros con aquellos socios y decidió emprender su propio negocio de champán en solitario. Así fue como en 1963 determinó crear una marca a la que puso su propio nombre: Jacques Copin.

De este modo él y su esposa comenzaron a forjar su burbujeante aventura familiar en el corazón del valle del río Marne, en cuya ribera derecha se halla Verneuil, un pueblo de poco más de mil hectáreas y algo menos de mil habitantes. De esas mil hectáreas de extensión unas 350 son de viña y unas 10 de ellas pertenecen a los Copin.

Los suelos de esas viñas van de piedra caliza de tiza en su parte baja a más tiza en la parte superior, lo que permite hacer vinos diferenciados ya que las parcelas se manejan de manera individual. Las viñas miran al sur y están pintadas en un 21% de Pinot Meunier, la cepa protagonista de Verneuil y también del champán bandera de la casa cuyo timón hoy lleva Bruno, hijo de Jacques y padre de Mathieu. Solo una viña de Chardonnay mira al norte, cuyas uvas se emplean en el Blanc des Blancs de la casa.

«La tradición de la región es emplear más Pinot Meunier en los ensamblajes aunque la variedad es proclive al mildiu y dificil de cultivar. Tiene mucho más sabor, pero su piel es fina lo que obliga a que la fermentación alcohólica tenga que ser muy fría, lo que impone un reto a las levaduras. No empleamos levaduras autóctonas porque al tardar más la fermentación de hacerlo requeriría que también empleáramos más sulfitos», explica Mathieu Copin a Divinidades.

Por eso los Copin practican una agricultura a mitad de camino entre lo biológico y lo convencional, una viticultura durable que se delinea según las necesidades de cada parcela y en la que para crear esa etiqueta de champán contemporáneo que ellos asignan a los suyos lo moderno tiene que redundar en lo tradicional. Como por ejemplo, cuando para sacar las malas hierbas no se apuesta por herbicidas químicos o raras preparaciones, sino más bien por el uso de equipos modernos para cuidar el terreno.

«No queremos certificarnos como orgánicos porque creemos que serlo es una moda y las modas por modas no pueden ser buenas », detalla el bodeguero, añadiendo que es posible seguir prácticas amables sin el sello de una certificación, que pueden ser un reto en añadas que no sean buenas, considerando el clima del norte de Francia. « Salvar la cosecha es lo primero, especialmente cuando se es un pequeño productor que no puede poner en jaque una mala cosecha», subraya.

Porque si de algo se precian los Copin es de las siglas « RM » que aparecen en sus botellas para definirlos como Récoltants Manipulants, es decir que sus champanes proceden estrictamente de uva propia, ---con cepas de entre 10 a 60 años---   garantizando el respeto de todas las etapas del proceso de la cepa a la botella.

En bodega siguen la misma línea equilibrada entre lo ancestral y lo innovador, como por ejemplo, las vinifaciones en barricas de roble con el uso de depósitos de acero inoxidable termoregulados o la realización de microvinificaciones.

El abuelo Jacques, que a sus 81 años continúa trabajando en la pequeña empresa familiar, fue quien creó el ensamblaje de la Cuvée Brut Tradition, el emblema de la casa que apuesta por la Pinot Meunier al 90% para crear un champán súper pulido, de nariz muy fresca y mineral, con matices anisados, a melocotón, uva, flores y muy sutil tostado, con mucha estructura en boca pero gran frescura y un fin amargo y bien persistente. Una uva que se complementa con un 10% de Pinot Noir que aporta lo afrutado en un champán que tiene un 10% de vinos de reserva. « Los ensamblajes se hacen alrededor de enero-febrero », detalla Mathieu.

Otros porcentajes en otras etiquetas, como la Cuvée Réserve, ensamblaje a partes iguales de Pinot Meunier, Chardonnay y Pinot Noir con un 28% de vinos de reserva ; la Cuvée Vintage, a medias Pinot Noir y Chardonnay con una larga vocación de guarda en años excepcionales ; o la Cuvée Rosé, que domina la Pinot Noir al 60% (con 25% Pinot Meunier y 15% Chardonnay) y sorprende por su intenso color rosado, casi rojizo, fruto de la incorporación de un 18% de vino tinto para devenir un champán donde se perciben notas a flores rosadas y bollería, y la salinidad de su acidez más que el carácter frutal. « Los rosés fueron fashion y lo sigue siendo », acota el joven bodeguero.

Tres etiquetas más para los champanes de la casa, la Cuvée Blanc de Blancs, elaborada íntegramente con Chardonnay de una localización específica ; la Cuvée Originelle, un champán 80% Pinot Noir y 20% Pinot Meunier de viñas entre 24 y 60 años. que se elabora a partir del mosto yema, pasa por roble francés nuevo y no hace malolática, una elaboración rara para Champagne que aporta un sugestivo toque de oxidación al vino, que se elabora exclusivamente para clientes específicos ; y Polyphénols, el champán Vintage que Copin sitúa en el mayor nivel de complejidad y que se elabora con Chardonnay y Pinot Noir a medias. Siete etiquetas en total, además de una ratafía, para una producción de entre 75 y 80 mil botellas, y cuatro de las cuales   ---Cuvée Tradition, Cuvée Réserve, Cuvée Rosé y Cuvée Blanc de Blancs---  estarán en el mercado de Puerto Rico como champanes de la colección privada de La Boutique du Vin.

Los Jacques Copin se estrenaron en la Isla durante el Plaza Cellars Fine Wine Celebration, al que Mathieu viajó expresamente desde Champagne para tomarle el pulso al consumidor local, algo que le gusta hacer siempre cara a cara.

Curiosamente Puerto Rico, apasionadísimo por las burbujas francesas, es el único mercado de los Estados Unidos donde tienen presencia, un esfuerzo internacional del que se encarga Mathieu tras haber entrado a la empresa con apenas 20 años y la responsabilidad de buscar nuevos mercados, que es algo que están hacendo todos los pequeños productores de Champagne.

« Una hectárea de tierra en Champagne ronda el millón y medio de euros, con lo que comprar más viña resulta inviable como estrategia de crecimiento para los pequeños productores », especifica. « Los pequeños productores lo tienen muy difícil  hoy día y por ello los buenos pequeños productores que había hace décadas han ido vendiendo sus tierras a las grandes casas, ya que los impuestos en Champagne son altos y ni hablar al momento de heredar », indica.

Por ello la apuesta que han tenido que hacer ha sido la de diversificar las ventas esforzándose en la exportación, lo que explica que en el último año los pequeños productores de champán se estén haciendo más visibles en mercados internacionales, de los que Holanda y Alemania son, además de Francia, por supuesto, dos muy importantes para Champagne Jacques Copin.

« Los pequeños productores estamos ayudando a revalorar el concepto terroir dentro de la categoría del champán, algo que no siempre han hecho las grandes marcas » opina el bodeguero que pone también signos de interrogación al impacto que puede tener en los vinos de Champagne el que algunas maisons champenoises comiencen a elaborar espumosos en el Reino Unido, especialmente tras el Brexit.

Pero no es el único reto que vislumbra para la región de Champagne que cree debe reducir el uso de químicos, luchar porque diferenciarse en la categoría de vinos espumosos haciendo hincapié en la rigurosa regulación de su producción, e igualmente ser un poco más específica a la hora de promocionarse « porque la publicidad sobre Champagne es demasiado genérica ».

A pesar de su juventud, Mathieu Copin tiene la perspectiva de tres generaciones de viticultores trabajando juntos y haciendo de todo, como su hermana Lucile, quien también trabaja en la pequeña empresa familiar. Es que el sexo femenino tiene un eco cada vez mayor en el mundo del champán, al igual que una nueva generación de productores que, contrario a sus antecesores que no se hablaban, ahora se comunica entre sí, compartiendo ideas, incluso siendo competidores. « En mi grupo nos reunimos al menos dos veces al mes para conversar y probar lo que hacen los demás », apunta.

Además de beber le encanta cocinar y, por supuesto, también comer, lo mismo la comida japonesa que le gusta mucho que las especialidades de su región como la potée champenoise, un plato sencillo pero sustancioso a base de papas, embutidos, repollo y cortes especiales del cerdo. Para beber champán prefieren copas de vino o incluso mejor, las propias copas de champán que venden en la bodega. Además de champán, en casa beben un tinto tranquilo de Pinot Meunier y Pinot Noir que elaboran ellos mismos pero solo para consumo doméstico.

Tras generaciones en Champagne, los Copin han aprendido a entender la tierra y el entorno de Verneuil para desarrollar champanes sobresalientes en armonía con el mundo del champán, pero también con los ciclos de la naturaleza. « Nacer en la bodega Copin no es trabajo, es mi vida », sentencia Mathieu Copin.

 

26 de noviembre de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

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Rosa Maria Gonzalez Lamas. Foto: Champagne Jacques Copin (C)