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La bodega, los vinos, su viña, las uvas y los micro-terroirs

 

La casa de color cal con techo a dos aguas y puerta oscura ya tenía una trayectoria ancestral. Porque si del pueblo de “Sima”, de donde surgiría la Herdade da Aldeia de Cima, ya había referencias en 1758, su herencia cultural y raíces datan de mucho antes. Así se rescataría y restauraría una estructura que antaño fuera cobertizo de vacas ---el Armazén das Ramadas--- para crear la bodega, dotarla de diseño y espíritu artesanal alentejanos, y elaborar vinos fieles a la historia del territorio. El resultado fue una estructura hermosa y minimalista que se integra en la arquitectura de gruesas paredes blancas que apoyan una estructura de metal con tres alas, construidas alrededor de dos silos ubicados en el patio central.

La bodega, los vinos, su viña, las uvas y los micro-terroirs

 

La casa de color cal con techo a dos aguas y puerta oscura ya tenía una trayectoria ancestral. Porque si del pueblo de “Sima”, de donde surgiría la Herdade da Aldeia de Cima, ya había referencias en 1758, su herencia cultural y raíces datan de mucho antes. Así se rescataría y restauraría una estructura que antaño fuera cobertizo de vacas ---el Armazén das Ramadas--- para crear la bodega, dotarla de diseño y espíritu artesanal alentejanos, y elaborar vinos fieles a la historia del territorio. El resultado fue una estructura hermosa y minimalista que se integra en la arquitectura de gruesas paredes blancas que apoyan una estructura de metal con tres alas, construidas alrededor de dos silos ubicados en el patio central.

Pero tan o más importante que esta estructura es el entorno y cómo éste se integra en la arquitectura de bodega y en la arquitectura de los vinos. Por ello, Herdade Aldeia de Cima se convirtió en un imán de la biodiversidad del ecosistema que reina en la Sierra do Mendro, donde hay bosques de alcornoque, olivares y otros valiosos recursos naturales que se respetan, con el objetivo de regenerar en el proyecto de vino el mosaico ecológico que impera en el territorio, preservándolo para la posteridad.

Porque los vinos de Herdade Aldeia de Cima pretenden ser espejo de las prácticas viticulturales, la biodiversidad ecológica, las tradiciones culturales locales, y la vida en comunidad de su entorno, un hábitat rico en fauna ibérica que con frecuencia contribuye a mantener el equilibrio del ecosistema. Toda esa integración de las partes coadyuva a que las uvas se cultiven con mínima intervención, prácticas sustentables en la viña en sus primeros años y sistemas de producción integrada para ir poco a poco adaptándolos a producción orgánica.

En los suelos predomina el esquisto gris con matices de esquisto verde, único en la Península Ibérica y, como retrato de la diversidad de suelos del Alentejo, también hay granito, cuarzitas y gabro, una roca volcánica, unas bases que influyen en la estructura y aromas de los vinos.

Pero también persiguen ser reflejo de su altitud. Y es que la planicie donde ubica Aldeia de Cima se sitúa a casi 300 metros de altitud sobre el nivel del mar. A través de la Serra do Mendro la bodega cuenta con unas 20 hectáreas de viña esparcidas por tres viñas principales, Vinha da Familia, Vinha de Sant’Anna y Vinha d’Aldeya. Pero además de este trío de viñas se destaca otra viña en altura, literalmente, por estar a entre 300 y 380 metros de altitud. Es la Vinha dos Alfaiates, con una pendiente de entre 30 y 40 grados y primera viña plantada en terrazas en el Alentejo, una conducción que recuerda los patamares del Douro, sobre un espacio en el que pueden identificarse 18 micro-terroirs y desde cuyo punto más alto pueden verse tanto el Alto como el Bajo Alentejo, desdoblados como las dos alas diagonales del techo de la casita blanca que retrata el proyecto.

Sumando éstos y los demás, la diversidad de suelos y microclimas donde se sitúan las viñas de Herdade de Aldeia de Cima han permitido identificar más de 30 micro-terroirs, que se funden para crear un gusto del Alentejo que puede condensarse en una única botella.

Para interpretar la heterogeneidad de uva, suelo, clima, historia y personalidad de bodega, el saber de Jorge Alves, como enólogo consultor, y de Antonio Cavalheiro, como enólogo residente, además de, por supuesto, Luisa Amorim, quienes en el afán de fundir sin fisuras pasado y presente en el vino han creado una bodega que permite funcionar con mínima intervención, pero con los mejores equipos para traducir todos estos elementos en el vino: barricas de roble de mayor dimensión, tanques de hormigón, pero también tinajas pequeñas y ánforas hechas con polvo de cerámica en una estructura de fibra natural llamada cocciopesto, y que se enlazan con la histórica tradición de los vinhos de talha alentejanos.

Para mantener los trazos tradicionales de la calurosa región se escogieron variedades de uva bien adaptadas al territorio, 65% de ellas tintas y un restante 35% blancas, plantadas en las partes más altas para preservar la frescura en un entorno en que el clima se aproxima cada vez más a la calidez mediterránea.

Alvarinho, Antão Vaz, Arinto, Perrum (Palomino), Roupeiro (Síria, Dona Blanca, Malvasía Castellana), Alicante Bouschet (Garnacha Tintorera), Aragonez (Tempranillo, Tinta Roriz), Baga, Castelão, Moreto, Tinta Miúda, Trincadeira (Tinta Amarela), y otras menos conocidas como Diagalves, Tinta Caiada (Parraleta) y Tinta Rossa son algunas de las variedades plantadas a través de las viñas que, según la exposición y el suelo, pueden dar vinos más concentrados, más frescos, más afrutados o más minerales. Un crucigrama de uvas que se completa tras un minucioso estudio de los micro-terroirs para determinar qué variedades se expresaran mejor en cada uno.

En viña, algunas técnicas ancestrales de cultivo y prácticas sustentables como triturar los desechos de la poda y regresar toda la materia orgánica al suelo, mantener grama en la viña, emplear únicamente fertilizantes orgánicos, y también un uso sabio de la tecnología con estaciones climatológicas en la viña o pequeñas represas que recogen el agua natural que se usa para un riego que funciona con energía solar.

Los vinos de este proyecto aspiran, además de a transmitir autenticidad y preservar la historia del local, a ser tan clásicos como elegantes, pero, también capaces de expresar de manera definida la complejidad de los suelos y uvas que les ven nacer. La bodega se ha concebido para una producción de unas 100 mil botellas.

La imagen pulcra y minimalista de las botellas es un anticipo de la voz del vino y del abecedario de cultura e historia con que se forja el lenguaje que habla en él. En la etiqueta, la casita blanca, distingue sus vinos en tinto y blanco cambiando el color del marco de la puerta por verde color de hoja de alcornocal para los blancos, y rojo arcilla para los tintos.

En la estructura de producción tres líneas. Una de ellas los Alyantiju, vinos experimentales en tinto y blanco envejecidos en barricas de roble francés que persiguen transportar a un Alentejo con densidad, fragancia, profundidad y sofisticación. Antão Vaz es la gran protagonista en clave blanca, y la Alicante Bouschet en tinta.

Los Reserva, Vinhos Regionales Alentejanos, son un paradigma de cuán compleja puede ser la sencillez. Porque para llegar a la redondez y pureza en el vino se transita por varias etapas de vinificación sencilla, pero ensamblaje y tiempos criteriosos, que luego también estallan en un vino cargado de matices y de delicia.

Es el caso del Herdade Aldeia de Cima Reserva Tinto 2018, una añada atípica en comparación con las previas. Un invierno seco que llevó a una evolución tardía de las viñas que finalmente recibieron lluvia en la primavera, acelerando su desarrollo y recuperación, aunque no sin sufrir algunos problemas en agosto que les evitaron alcanzar su potencial productivo. Esto hizo que la bodega se enfocara en la excelencia al momento de la vendimia, persiguiendo mostos de calidad y estructura que permitieron producir vinos frescos y elegantes.

¿Cuáles variedades conviven en el vino? Un 35% Trincadeira (Tinta Amarela), 27% Alfrocheiro (Bruñal), 21% Alicante Bouschet (Garnacha Tintorera) y 17% Aragonez (Tempranillo). Pero lo interesante de la composición viene en la vinificación, durante la que el vino se fragmenta en cuatro tipos de recipiente en los que reposa por distinto tiempo según la ecuación de vino, uva y futuro: una parte en ánfora durante seis meses; otra parte en barricas de segundo año durante 12 meses; otra parte en tinajas por cuatro meses; y otra parte en depósitos de hormigón Nico Velo por seis meses. Una aritmética vínica que evidencia la relación de filigrana con los micro-terroirs.

Es un tinto fascinante. De color rubí intenso y abundante lágrima que se revela super elegante desde la nariz, con una constelación de aromas que van brillando como estrellas se van contando en la noche. La puerta a la casita blanca se abre dando paso a todo un rosario de sensaciones que se multiplican a medida que el vino, tan elegante como potente, se va oxigenando en copa. De una abundante fruta roja y frambuesas con marcados matices especiados a pimienta y nuez moscada, y recuerdos a cedro se da paso a aromas a crema de coco, polvo de chocolate, jara, licor de cereza, guayaba, grosella negra, fino incienso, anís en grano, un carrusel sutilmente perfumado que hipnotiza e invita a seguir descubriendo efluvios. En boca el vino es muy fresco, bien salino, y va ganando untuosidad en boca a la par que remarca su finura hasta terminar con notable persistencia en el paladar. Un vino redondo, equilibrado, que invita a seguir bebiendo y también tiene por crecer.

Por su parte, el Herdade Aldeia de Cima Reserva Branco 2019 tiene también la influencia de un clima más fresco y un suelo con esquisto y arcilla. La del 2019 también fue una añada atípica, no por un invierno bastante seco, sino por las grandes variaciones de las temperaturas promedio, que llevaron a un adelanto del ciclo vegetativo, que luego se compensó con lluvias primaverales y una buena evolución sanitaria hasta llegar a la vendimia, para la que se lograron maduraciones equilibradas y óptimos niveles de acidez lo que para blancos resultó en mostos de gran calidad que derivaron en vinos profundos, de notable exuberancia aromática, densos y notable elegancia.

Este vino que suma 45% Antão Vaz, 45% Arinto y 10% Alvarinho y casi juega al esconder. Porque al estrenarse se remarcan algunos matices de su crianza en madera, pero el tiempo en copa pone en su sitio a todas las piezas. Se trata de otra ecuación de uvas, orígenes y su trato, que se prensan delicadamente sin despalillar, con la Antão Vaz envejeciendo durante seis meses en barricas de roble francés de segundo año de 500 litros, y las otras dos variedades seis meses en depósito de hormigón. Los vinos luego se ensamblan en depósitos de hormigón, que en el reposo imparten frescura y mineralidad, manteniendo estructura y densidad.

El vino se estrena en nariz con un tono de mantequilla y almendra, pero luego aparecen las frutas que van dibujando matices de frescor, de los tropicales más dulces como la piña, hasta los más cítricos y amargos como la toronja. Un contraste interesante que se redondea con aromas anisados y a hierbaluisa. En boca tiene buen volumen y es fresco, aunque no marcadamente salino. Es un blanco muy gastronómico con un largo fin en boca, y la magia de que el tiempo en copa perfecciona sus partes para proyectarlo como un todo de equilibrio y redondez.

En adición a estas cuatro etiquetas este 2021 la bodega presentó una nueva vedette vínica, el Herdade Aldeia de Cima Garrafeira Branco, un vino blanco único y atemporal que se forja en “balseiro”, es decir, grandes depósitos tronconcónicos de madera, logrando interpretar los orígenes del vino, mientras respetan sus principales elementos de suelo, clima y carácter varietal. Es un vino que fermenta y envejece en un “balseiro” de roble francés de tres mil litros y en el que se busca un equilibrio natural, sofisticación texturas finas, notas minerales y aromas intensos a fruta fresca fundida con la complejidad de las variedades de uva autóctonas portuguesas cultivadas a gran altitud y atemperadas por la frescura de los vientos atlánticos que tocan algunas zonas del Alentejo portugués. 

“Garrafeira” es un término muy antiguo que en otras regiones vitivinícolas se emplea con los vinos más especiales y destinados a envejecer en botella, donde todos los elementos se integran para convertirlos en los mejores vinos. Anteriormente, para ostentar esta categorización se pedía que los vinos envejecieran un mínimo de 12 meses en el caso de los vinos blancos, de los que al menos la mitad debían de ser en botella de cristal, y un mínimo de 30 meses en el caso de los tintos, de los que al menos 12 eran en botella de cristal. 

El vino ensambla las mismas variedades del Herdade Aldeia de Cima Reserva Branco, aunque en distinta proporción, poniendo mucho más peso en la Antão Vaz en la ecuación del vino. 70% de esta variedad, 25% Arinto y 5% Alvarinho que realiza la fermentación y crianza en el gran depósito de tres mil litros y en contacto con sus lías durante nueve meses, ganando volumen y finura, antes de embotellarse y pasar 10 meses más en botella antes de salir al mercado. 

Con este vino, Herdade Aldeia de Cima presta una singular atención a la selección de la madera de bosques franceses, buscando asegurar un proceso de micro-oxigenación, balanceado y progresivo para garantizar el carácter del vino.  

Los "balseiros" están hechos con roble francés de tres diversas tonelerías, con los criterios de controlar el origen de la madera desde el bosque, grado de porosidad y perfil aromático. Son construidos a mano y tienen sistema de refrigeración integrado. 

Herdade Cima da Aldeia es un proyecto joven, pero con un espíritu ancestral y, más que todo, un espíritu auténtico del amor a la tierra y su historia traducido en excelsa calidad. 

 

15 de julio de 2021. Todos los derechos reservados © 

 

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Las tierras de la Sierra do Mendro son rocosas, con una morfología rugosa y un paisaje inusual, con grandes afloramientos de esquisto y un clima con amplitudes térmicas que pueden variar hasta 20º C (68º F) entre día y noche. Además, la topografía forma un corredor natural para la niebla y vientos que proceden del océano Atlántico, que alcanzan las pendientes e interior de los valles a diferente velocidad, lo que crea una amplia gama de microclimas y, en consecuencia, de micro-terroirs.

Después está la altitud. Y el hecho de que el punto más elevado de la Sierra do Mendro se sitúe a 424 metros sobre el nivel del mar, ubicado precisamente en Herdade Aldeia de Cima. Así que esa altitud fue precisamente lo que hizo el tilín para que una persona bien familiarizada con el Alentejo como Luisa Amorim, identificara que en la Herdade Aldeia de Cima que su familia comprara en 1994 había un potencial inexplorado de ese contexto geológico. Por eso, en 2017 decidió junto a su esposo plantar allí bandera con un proyecto muy personal de vinos, creando una bodega que se bautizaría con el nombre del lugar donde está la cima de la Sierra para crear otra cima de placer con los vinos de altura que llevan el nombre de la propiedad.

 

Es la puerta a una casita blanca llena de magia vínica, con un techo a dos aguas y tanta simetría que se asemeja a un pesebre dentro de una botella. No hay paja, sino uvas, en esta casa donde nacen unos vinos que pretenden retratar lo mejor de la tradición y la contemporaneidad de los vinos del Alentejo portugués.

Alyantiju era el nombre árabe de aquella región que hoy se conoce como Alentejo, en la que fenicios, visigodos y romanos pusieron cimientos, pero especialmente lo hicieron los árabes, quienes llegaron al territorio en el siglo VIII y permanecieron en él por medio milenio, dejando, al igual que en el sur de España, un legado cultural que perdura hasta hoy.

La historia y el presente son las vertientes que se desdoblan sobre la puerta que casi pasa desapercibida en la etiqueta de la botella para quienes observan la casa desde otro ángulo que detalla el nombre del vino, Herdade Aldeia de Cima, la añada y el lugar donde nace, Mendro, un enclave singular dentro de la amplitud alentejana, gracias a una geología y topografía únicas.

Tan única que el Alentejo puede preciarse de concentrar una de las mayores diversidades de suelos de todo Portugal. Y, aunque se le estereotipa como una planicie, la realidad es que lo atraviesan varias sierras montañosas, una de las cuales es la Sierra do Mendro, que pertenece a la unidad geomorfológica más antigua de la Península Ibérica ----donde hay muchos tipos de roca como el esquisto, el granito o el cuarzo en su substrato--- y separa al Alto Alentejo del Bajo, presentando una particularidad geológica, un horst, nombre con que se conoce a un bloque elevado de una falla, que la corteza de la tierra ha levantado o que ha permanecido estacionario mientras que la tierra alrededor ha decaído. Este horst procede de terreno marino donde se ha acumulado miles de metros de limo. Así se van marcando diferencias.

 

Herdade Aldeia de Cima: la casita de vinos de altura en la mitad del Alentejo portugués

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y Herdade Aldeia de Cima (C)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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