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Herdade do Freixo: sorbos de finura y paisaje en el Alentejo

 

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y Herdade do Freixo (C)

 

En algunos lugares de Francia son los domaines, en Italia tenute o aziende, en el Douro quintas, pero cuando se ve la palabra herdade el GPS de vinos dirige hacia el Alentejo portugués. Son haciendas, muchas veces familiares, una herencia, como las heredades bíblicas.

El Alentejo es una de las catorce regiones vitivinícolas portuguesas, un territorio que cubre un tercio del país y gran parte de su mitad sur, en el que prevalece una vocación de interior fronteriza con España, aunque se expande hasta una franja atlántica que algunos empiezan a potenciar en materia de vinos.

A pesar de esa gran extensión, apenas un 5% del territorio alentejano se dedica al cultivo de viña y producción de vino, un ejercicio con larga trayectoria que empezó un renacer tras la entrada de Portugal a la Unión Europea y haberse reconocido al Alentejo como región productora en 1989.

En territorio vitivinícola alentejano está Freixo, una aldea que se llama igual a otros espacios esparcidos por Portugal, pero que aquí bautiza una heredad que se remonta a 1808: Herdade do Freixo.

A pesar de esa larga historia, Herdade do Freixo, la bodega, es un proyecto eminentemente moderno que persigue mantener la autenticidad centenaria de la propiedad, una historia enhebrada a la sustentabilidad, a la preservación del entorno natural, su flora y su fauna con el objetivo de que el respeto y preservación de ese paisaje rural logre exprimir sus matices en copa.

El proyecto se extiende por unas 300 hectáreas de las que hay plantadas unas 35 hectáreas de viña, cuyas uvas surten a una bodega de arquitectura vanguardista y tecnología puntera, que pretende transmitir a sus vinos la esencia del terruño y su larga historia.

Como está bastante generalizado en el Alentejo, en la viña conviven variedades portuguesas y variedades internacionales  ---que en el caso de Herdade do Freixo, se gestan en suelos mayormente volcánicos---, de las que nacen tanto vinos monovarietales como de ensamblaje. Touriga Nacional, Alicante Bouschet, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Syrah protagonizan la esfera tinta, que en su faceta blanca escriben capítulos de vino con Riesling, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Alvarinho y Arinto, la cepa blanca por excelencia en Portugal.

Para ellas una bodega totalmente subterránea, invisible en la superficie para no competir con el ecosistema y preservar el paisaje rural, funcionar íntegramente por gravedad y conferir estabilidad térmica a los procesos de vinificación y envejecimiento, aunando tanto lo técnico como lo estético.

A 40 metros de profundidad se cuajan los vinos, fruto de un concienzudo análisis de la evolución de las variedades en distintos tipos de roble, lo que permite armonizar uva y madera de forma armoniosa para jugar con las distintas sensaciones organolépticas que producen según qué barrica y cuánto tiempo los vinos reposen en ellas, con el objetivo ulterior de expresar la esencia del entorno donde se gestan.

Uno de ellos es el Freixo Reserva Branco, un vino de ensamblaje que se forja en la subregión alentejana de Redondo sumando 40% Arinto, 40% Alvarinho y 20% Sauvignon Blanc, de ahí que salga al mercado con Indicación Geográfica Protegida Vino Alentejano por la inclusión de estas dos últimas variedades. Su añada 2018 es una absoluta delicia por la mesura con que se expresan sus matices y la redondez y equilibrio que muestra el vino como conjunto.

Este blanco que fermenta sus partes en barricas nuevas de roble francés y luego permanece en ellas cuatro meses durante los que se somete a una crianza sobre lías con bâtonnage, se estrena con un perfil aromático comedido que va revelando delicadas notas minerales a piedra, un tenue tono del tostado de la barrica, matices a piña que luego dejan ver un punto alimonado y citrino, así como una pizca de delicado humo y albaricoque. Este rosario de sensaciones antecede un paladar que destaca por su frescura y buena acidez, así como una grata untuosidad  ---fruto de su crianza en lías--- que hace de esta perfecta fusión de variedades un blanco muy fresco, pulido, concentrado pero fino, con volumen en boca y un final con gancho e incuestionable redondez que le confiere una enorme aptitud gastronómica que lo mismo le permite armonizar bien frutos de mar, pastas y arroces que carnes blancas y embutidos como el chorizo. Una etiqueta altamente recomendada y absolutamente deliciosa.

Este reserva blanco tiene un contraparte tinto que suma 40% Touriga Nacional, 40% Cabernet Sauvignon y 20% Alicante Bouschet, una variedad francesa que se ha afincado tan bien en el Alentejo y Portugal que se le categoriza casi como una autóctona de este país. La anterior es la ecuación del Freixo Reserva 2016 un tinto que destaca por su redondez y finura, además de notable complejidad organoléptica, que muestra matices individuales de cada una de las variedades que le integran, dos de las cuales, Touriga Nacional y la Cabernet Sauvignon se entienden bien, sea en el Douro, en Lisboa o el Alentejo, quizás por ello la primera variedad se ha admitido como minoritaria en Burdeos y también se le perfila para California.

Se trata de un vino de tono granate, fino en nariz y boca   ---una de las enseñas de la casa---, con buena acidez y frescura que se estrena en nariz con un pequeño tufo de reducción que se diluye para dar paso a recuerdos afrutados a cereza oscura, blueberry y ciruela fresca que luego transita hasta las moras, sazonadas con matices especiados a pimienta negra y canela, puntos de violeta y cilantro, tierra húmeda, notas balsámicas tan típicas de la Alicante Bouschet, un velo de toffee y un polvo de café que tras oxigenarse se instala en copa con notas torrefactas a café tostado. El vino gana algo de volumen en boca, aunque sin excesos, donde se muestra muy equilibrado, redondo y delicioso para beber en el momento, y muy pulido, quizás demasiado para su corta edad y lo suficiente para plantear dudas sobre un largo potencial de guarda, que contrarrestaría su óptima acidez.

La prolongada maceración a la que se someten sus uvas contribuye a su complejidad aromática. Tras su fermentación este tinto pasa un año en barricas nuevas de roble francés, y ocho meses de envejecimiento en botella.

Además de estos blanco y tinto, Herdade do Freixo elabora otras propuestas de vinos monovarietales, así como de ensamblaje, tanto en tinto como en blanco. La bodega cuenta con enólogos portugueses y españoles para manejar sus distintas etiquetas.

 

17 de octubre de 2020. Todos los derechos reservados ©

 

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