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Cuando se celebra medio siglo de aquel célebre juicio parisino que colocó frente a frente a ciegas a vinos de Burdeos y de California revelando que en el Nuevo Mundo también podían elaborarse vinos de altísimo nivel, en el Champs Elysées hotelero de San Juan el Caribe coloca en un nuevo altar de vinos dos regiones productoras del mundo para una nueva comparación de destinos productores, siempre con el hilo conductor del lujo y el mismo cotizado pedigrí enlazado por el hilván que cose los vinos de Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH). 

El nuevo encuentro de titanes fue el dínamo de una de las catas magistrales que protagonizaron la agenda educativa del Puerto Rico Wine & Food Fest, celebrado en la Isla del Encanto este abril, reuniendo a personalidades del vino y la gastronomía de Puerto Rico y el mundo, con manjares y botellas del más alto postín.  

Joseph Phelps era el nombre de una empresa constructora afincada en Colorado que en la década de 1960 decidió probar suerte en California, aprovechando un boom de la construcción en plena efervescencia en ese estado del Pacífico, que para el mismo tiempo empezaba también a ver otra chispa en ebullición: la de Napa Valley como región vitivinícola. 

Al llegar a California, Phelps se dedicó inicialmente a su primera vocación constructora, pero una década más tarde, tras un viaje y su contacto con el vino en Italia, se encendió una chispa muy personal, la de querer emprender su propio proyecto de vino en California. 

Así fue como en 1973 Joseph Phelps puso su primera piedra en el mundo del vino con la fundación de una bodega que pronto haría historia. Y para redactar sus capítulos escogió variedades como la Cabernet Sauvignon, la Pinot Noir y la Riesling, entonces conocida en California como la Johannisberg Riesling. 

Pronto, prontísimo, Phelps se impuso una meta, crear el mejor vino de Napa Valley basado en el ensamblaje de los vinos de Burdeos, y así fue como en 1974 nació Insignia, uno de los vinos íconos no de la región, sino de todo Estados Unidos, que algo después también comenzaría a coleccionar puntuaciones perfectas de más de un crítico y una publicación. 100 puntos que armonizaban también muy bien con la personalidad perfeccionista del bodeguero, que así como creó Insignia tuvo además la visión de crear el primer tinto Syrah de Napa.

El espíritu vínico de Phelps, adquirida por LVMH en 2022, se reveló a través de un cuarteto de etiquetas de la más alta expresión de este proyecto que explicó Chris McLean, embajador de LVMH. 

Una luz blanca y rara en producción para la bodega californiana fue el Joseph Phelps Sauvignon Blanc 2023, fruto de una vendimia que McLean describió como una de libro y sin problemas. De estreno aparecieron aromas a flores blancas, toronja y pipí de gato, mostrando un carácter mineral que con algo de tiempo en copa también reveló notas a hierba. Se trató de un blanco muy equilibrado, a pesar de su alto alcohol, sápido, fresco sin ser tenso y con un largo retrogusto y una sensación electrificante en los labios, que nació en una viña con suelo de gravilla en Santa Helena. El vino envejeció en un juego de barricas francesas donde realizó bâtonnage de lías, que le aportó textura, más que aromas. 

Los tintos de Joseph Phelps son opulentos, pero no musculosos, tienen buena estructura, golosidad y mucha elegancia, aunque hay que dejarlos reposar un poco en copa para difuminar los resquicios de tanicidad que muestran recién vertidos en la misma. La Cabernet Sauvignon fue la gran estrella de los tintos presentados en el Puerto Rico Wine & Food Fest, aunque la bodega salpimenta cada etiqueta con algunas otras variedades complementarias. 

El Joseph Phelps Cabernet Sauvignon 2022 tiene también algo de Cabernet Franc y es fruto de un ciclo vegetativo contrastante, cuya primera mitad fue muy buena, pero la segunda afectada por picos de calor que obligó a compensar con la diversidad en viña los distintos puntos de maduración de las uvas a la hora de vendimiar.

La de 2022 fue una vendimia benévola con la Cabernet Franc en Napa, a pesar de que esta variedad no se destaque habitualmente por brillar allí. Este vino tuvo notas a mucha confitura de frambuesa, tonos balsámicos, enebro, algún aroma a café espresso, un punto torrefacto y ahumado, una menor persistencia que el Sauvignon Blanc, pero mucho equilibrio en el paladar. 

Aunque la Cabernet Sauvignon es la gran protagonista del Joseph Phelps Insignia 2022, el vino también tiene una porción de Petit Verdot. Tinto de cuerpo y gran finura, sus aromas fueron mucho más complejos pero más contenidos, con puntos de cereza madura, notas terrosas y algo de trufa blanca, algo de musgo, notas de sotobosque, setas, frutos secos como la avellana, un punto tostado y muy torrefacto, con recuerdo a café en polvo. Además del punto afrutado tuvo un punto vegetal. Un tinto más pulido en boca donde se mostró muy elegante, pero también muy estructurado. 

El Joseph Phelps Insigna 2021, por su parte, fue fruto de una vendimia corta y calurosa. Y a pesar de ser anterior a la previa, en boca se percibió como un vino más joven y más entero, como un libro que aún no se ha abierto del todo y tiene por pulir. Tampoco exuberante en aromas, se percibieron también algunas notas vegetales, pero superadas por notas de fruta confitada, y de crianza a tostados y café. Curiosamente, fue un vino que recibió los codiciados 100 puntos de The Wine Advocate. 

Los 100 puntos son un eslabón entre California y España, donde en la denominación castellano leonesa de Toro, su variedad estrella, la Tempranillo, fue una de las primeras protagonistas de puntuaciones perfectas de esa misma publicación, que también confirió 100 puntos a Termanthia, la cúspide de Bodegas Numanthia, una de las locomotoras de la DO Toro.

Ya algo percibió en esta región inundada de cepas muy viejas la familia Eguren, cuando decidió expandir su sapiencia riojana a tierras castellanas, fundando en 1998 Bodegas Numanthia, atraídos por el potencial de las viñas viejas y el reto de elaborar vinos de nuevo cuño, extrayendo lo sobresaliente de la potencia Tinta de Toro, que así se llama por ahí la Tempranillo, para moldearla con elegancia y poderío, construyendo lo que querían fuera “el mejor vino de Toro”. 

El “mejor” llegó en 2007, cuando The Wine Advocate otorgó al Termanthia 2004 una puntuación de 100, una de las primeras cifras perfectas obtenidas por algún vino español. Esto no pasó desapercibido para el gigante del lujo LVMH, cuya división de Estates & Wines ---convencida del potencial de la DO Toro, pero también del de las bodegas más pequeñas de hacer grandes cosas--- terminaría adquiriendo la bodega Numanthia en 2008, convirtiéndola en la única bodega española en integrar una división, que entonces concentraba su presencia en países del “Nuevo Mundo”. 

Jesús Jiménez, actual Director Técnico de la bodega, fue el responsable de guiar un recorrido por esta historia de cepas viejas embotellada, que en cada copa fue capaz de transmitir la pureza del vino, su fruta y la tierra en que se gesta. 

La marca de fábrica de Bodegas Numanthia son sus cepas muy viejas, lo que las hace muy transparentes del territorio. 

Esta resistencia incólume al paso del tiempo es posible por el suelo arenoso que domina en las viñas de la bodega, que sirvieron de muralla contra el ataque de la filoxera que devastó gran parte del viñedo europeo. Ese perfil resistente y resiliente de la uva acerca el proyecto al espíritu de los numantinos, de ahí que la bodega se inspirara en su gesta heroica y mártir para bautizar la bodega con el nombre de Numanthia. 

Los tintos son la efigie de este particular pedazo de territorio, que tiene en su Termes, Numanthia y Termanthia, una especie de Tres Reyes Magos que han escogido la Tinta de Toro como único obsequio con una dignidad compartida con el oro, el incienso y la mirra con que reverenciaron al Niño Dios en Belén. Todo fruto de un verdadero rompecabezas de 160 parcelas con unos 85 años de edad en promedio, y algunas prefiloxéricas, con hasta dos siglos de vida, gestadas en un clima seco, lo que favorece un trato ecológico a los cultivos.

El Termes es la base de la pirámide de calidad de la bodega, un Tinta de Toro también de la vendimia 2022, una añada que Jiménez describió como complicada en Toro, algo que no la distanció en demasiada con las dificultades de algunos períodos de la misma añada en Napa. Este tinto toresano nació de las viñas más jóvenes de la bodega  ---30 a 50 años---  y para el mercado americano, con la vocación de no ser un vino simple, pero sí más fácil de entender. 

La vendimia, manual, por supuesto, y los vinos elaborados sin tanta extracción, para compensar la concentración que rinde la mayor edad de las cepas. Toda la uva se despalilla, hay bastante maceración con hollejos, pero sin gran extracción. La fermentación alcohólica se realiza en depósitos de acero inoxidable para luego pasar a reposar 16 meses en barricas de roble francés, 20% nueva y 80% de segundo uso.  

El resultado fue menos suculento en boca que los californianos de Phelps, pero mucho más fino y estilizado que ellos. Aquí y en los otros tintos de Bodegas Numanthia presentados, los taninos están mucho más pulidos, y la fruta, con finura y pureza, se explaya en nariz por sobre las notas de madera. El Termes fue goloso en nariz, con recuerdos a fruta roja y abundante jara, delicados especiados a canela y mucha más elegancia en su pase por el paladar y, a medida que evoluciona en copa, fue revelando sutiles notas de su crianza en madera. 

El Numanthia es en centro de la pirámide del vino y el corazón de la producción de la bodega, erigida con unas 120 parcelas plantadas en pie franco, con cepas de entre medio y un siglo de edad y un promedio de 85 años, que no se riegan y mantienen bajos rendimientos. Las fermentaciones se realizan en barricas de roble y en depósitos de hormigón, ensamblando luego los vinos para crear el lote final que pasará tres años en botellas, en adición a los dos que tomó su proceso de elaboración y crianza. Los vinos no se filtran ni clarifican y su añada 2020 reveló una nariz afrutada, con recuerdos a fruta oscura como el cassis, regaliz, algunas notas especiadas y muy sutil toffee, pero una boca esbelta, afrutada, fresca y muy elegante. 

El Termanthia es la cúspide de la pirámide numantina, fruto de cepas viejas viejísimas, que en su añada 2017 se rebosó raza, equilibrio y notable elegancia, con recuerdos a aromáticos a cerezas maduras, un punto de ciruela madura, sotobosque, tonos florales, grafito y sutil nuez moscada. 

Dos años de crianza en barricas y cinco años en botella suman siete años de envejecimiento antes de comercializarse, técnicamente por tiempo de envejecimiento un Gran Reserva, una categoría que existe en la DO Toro, pero de la que la bodega prefiere prescindir como clasificación.

A pesar de que su corazón late en tinto, Bodegas Numanthia cuenta también con una elaboración blanca y otra rosada, aunque sólo disponibles en el mercado español. El Termes blanco pronto tendrá un hermano mayor con el Numanthia blanco, que Jiménez adelantó en primicia a www.viajesyvinos.com fundirá Albillo Real y Verdejo muy viejo en botella. 

Desde 2020 Bodega Numanthia y todos sus viñedos cuentan con certificación orgánica, una superficie que se expande de la mano de los viticultores que colaboran con el proyecto. 

La bodega dispone también de una parcela de estudio donde mantiene más de 100 ecotipos, a fin de poder entender mejor la biodiversidad su viñedo. La bodega impulsa un modelo de viticultura sostenible en colaboración con el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat, una ONG conservacionista que opera en Castilla y León desde hace más de 15 años y se especializa en el control biológico de plagas, especialmente el topillo campesino, mediante el uso de aves rapaces. Su labor incluye la creación de nidales y la rehabilitación de fauna salvaje para fomentar la biodiversidad y reducir el uso de rodenticidas. 

La alianza persigue potenciar el ecosistema de los viñedos, que desde 2021 la bodega ha venido impulsando con un ambicioso proyecto de conservación para promover su diversidad. Los viñeos de Numanthia se gestionan bajo principios de agricultura ecológica y regenerativa, apostando por una relación profunda y equilibrada con la naturaleza, que ha logrado identificar una amplia riqueza de flora y fauna local útil al viñedo, alguna en peligro de extinción, cuya vitalidad redunda en cepas más sanas y resilientes. 

V. Suárez distribuye en Puerto Rico los vinos de Joseph Phelps y La Bodega de Méndez los de Numanthia. 

 

29 de abril de 2026. Todos los derechos reservados ©

 

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The Judgement of San Juan:

Numanthia vs. Joseph Phelps • Tempranillo vs. Cabernet

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y Suministradas (C)