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Los nuevos límites del vino argentino

 

 

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Mendoza tampoco es ajena a romper fronteras de vino y en su propia región productora aparecen nueva zonas en la precordillera como el valle de Uspallata, con proyectos de viticultura de montaña como Estancia Uspallata, el más alto de Mendoza con viñas a más de dos mil metros de altitud, plantadas en 2008 y una elaboración de vino que se inició en 2015.

El valle de Uspallata se extiende por unos 150 metros hacia el Norte atravesando Mendoza y entrando en la provincia de San Juan.

La altitud confiere frescura a los vinos, cuyas uvas también están más expuestas a la luz solar y tendrán un mejor proceso de fotosíntesis. En Uspallata hay buena amplitud térmica, mucho viento, al punto de que hay que poner mallas protectoras en las viñas, que se han plantado en las colinas del valle, donde hay menor riesgo de heladas que en las partes más planas.

En Mendoza está también La Carrera, una nueva zona de Tupungato, ubicada en el extremo norte del valle de Uco y la última frontera vitícola de esta región. Apenas cuatro hectáreas de viña cultivadas a altitudes entre 1,650 y 1900 metros sobre el nivel del mar, las mayores altitudes en Uco, que se enfrentan a un clima extermo, el más frío de Mendoza, una gran diversidad de suelos y una mayor pluviometría que marca la diferencia con otras zonas productoras y hace a La Carrera idónea para variedades de ciclo corto.

Sauvignon blanc, chardonnay, riesling y pinot noir son las principales variedades cultivadas en La Carrera, donde el gran protagonista es Matías Riccitelli, quien plantó esas cuatro hectáreas con estas tres variedades y contempla plantar seis hectáreas más a diferentes altitudes a lo largo de este 2020.

Los nuevos extremos del vino de Argentina se hilvanan con grandes altitudes y climas, en general, más secos, lo que incide en que en esos nuevos puntos cardinales se sea más receptivo a los cultivos orgánicos. Un nuevo límite por romper es también la consideración por cepas argentinas menos divulgadas, como la criolla chica, que empieza a capturar la atención de algunas zonas productoras emergentes.

Así que ya sabe. Luracatao, Jujuy, Valles Templados, Chubut, Pedernal o La Carrera son algunos de los nuevos apelativos del glosario vitivinícola de los vinos de Argentina, unas nuevas latitudes y longitudes que más vale empecemos a grabarnos para el porvenir.

 

19 de agosto de 2020. Todos los derechos reservados ©

 

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Estancia Uspallata

 

Pedernal

Un proyecto de vinos premium, Otronia se sitúa en Sarmiento, en un terreno anteriormente plantado de cerezos, y está ubicada en la región más fría de la Argentina con temperaturas de hasta -20° grados C en invierno y un promedio anual de entre 3 y 4° C. En los inicios del proyecto se pensó que estas bajas temperaturas podrían plantear dificultades a la maduración de las uvas, pero afortunadamente, las uvas no solo maduraron bien, sino que ese clima favorece la aromaticidad y pureza de los vinos, especialmente los blancos, que también tienen aptitud para la crianza en madera. El clima bastante seco obliga al riego, lo que, por otra parte, favorece la sanidad de la uva, permitiendo que los viñedos de Otronia sean orgánicos, con suelos muy heterogéneos y cepas de pinot noir, merlot, chardonnay, gewürtztraminer y pinot gris. Otronia tiene 50 de las 70 hectáreas de viña que hay en la región.

 

Apuntando al este

En el extremo más oriental de la provincia patagónica de Río Negro se halla San Javier, una zona de muy baja altitud y clima desértico, pero cercanía al Océano Atlántico, lo que sí incide en los vientos fuertes que cercan a la región, pero impide que en esa parte de Río Negro haya granizo o nieve. Los suelos son de arcillas y margas, con rocas no lejos de la superficie, permitiendo un buen drenaje.

Estas condiciones y un clima parecido al de la zona en el valle de Uco mendocino donde está la bodega Tapiz hizo que su empresa matriz decidiera apostar por San Javier, una región a la que percibieron gran potencial y con mucho por expresar. Esto les llevó a establecer allí el proyecto WAPISA, tintos y blancos de la Patagonia Atlántica que regalan expresiones distintas a las que algunas variedades manifiestan en Mendoza. Blancos más salinos, malbecs más especiados, pinot noirs muy afrutados son el resultado de una perfecta conjunción entre variedades y clima. La bodega incluso pondera plantar albariño, y aprovecha la cercanía al océano para envejecer vinos en jaulones submarinos.

La sauvignon blanc se da bien en estos nuevos extremos patagónicos, con lo que los bodegueros opinan que puede ser una variedad de futuro en la región, a la que también añaden las albariño y sémillon, así como variedades alemanas y chardonnay para los vinos espumosos. En materia tinta rigen la malbec, con notas especiadas más remarcadas, y la pinot noir, que en la Patagonia se vuelve camaleónica aprovechando la gran diversidad de suelos y de técnicas de elaboración.  

Junto con la patagónica San Javier, otra de las zonas atlánticas emergentes en Argentina es la propia provincia de Buenos Aires, atlántica, que lleva ya algunos años en el tintero, especialmente por Chapadmalal, la región vitivinícola más al este de Argentina, donde se practica una viticultura atlántica y el foco está sobre los vinos blancos, los espumosos y la pinot noir. 

 

Flechas al corazón 

Los nuevo límites del vino argentino incluso rompen fronteras en zonas productoras de gran tradición como la región de Cuyo, árida y seca, al centro oeste del país y a los pies de los Andes, donde se concentra la producción nacional de vino en provincias como San Juan, Mendoza y La Rioja.

En San Juan emerge Pedernal, una parte muy alta de la provincia, con rocas antiquísimas de origen marino. Esa gran diversidad de rocas que confiere gran heterogeneidad de suelos  ---como esquisto, basalto, granito, calcáreo---  en pequeñas parcelas propicia la elaboración de vinos de parcela muy distintivos. Es, además una región con un conjunto de clima y exposición a la luz solar bastante favorable a la elaboración.

 

Porque el norte es una tierra en que la crudeza de la naturaleza y la topografía se impone y se ensambla con la historia humana, geológica y vinícola, además de con la altitud, creando vinos con gran influencia del terruño y gran carácter varietal. En la propia Salta, más allá de Cachi o de Cafayate, epicentro de la provincia, una zona de incipiente crecimiento es la remota Luracatao, donde ubican las nuevas plantaciones salteñas, como las de Sunal-Lanus Wines, un proyecto que comenzó en 2013.

La malbec domina las plantaciones del norte, donde hay también muchas tintas internacionales y bonarda argentina que permiten elaborar tintos con carácter, aunque la realidad es que se trata de un territorio identificado, sobre todo, con la blanca torrontés.

Además de Luracatao, en Salta, en el norte vinícola empieza a despuntar Jujuy, la pequeña provincia en el extremo noroeste del país, fronteriza con Salta y también con Chile y Bolivia. En Jujuy empezaron a elaborarse vinos desde la mitad de la década de 1940, pero productos de baja calidad que se sostenían gracias a la chaptalización que, una vez prohibida, hizo que la industria vitivinícola provincial cayera para la década del 1960.

Fue en 2003 cuando Fernando Dupont comenzaría a plantar malbec en Jujuy, siendo la primera vez que se intentaba plantar uvas a esa gran altitud en la provincia. Pero el gran impulso al vino de Jujuy llegó en 2010 cuando Wine Advocate puntuó muy bien a los vinos allí producidos, lo que estimuló a más productores ---muchos consultores en Mendoza y en Salta---  a explorar a Jujuy como destino vitivinícola, donde hoy hay unas unas siete bodegas y otros 17 proyectos en ciernes.

Apenas unas 40 hectáreas de viña plantadas tiene actualmente Jujuy, un territorio caracterizado por suelos más rocosos que los salteños, ricos en carbonato cálcico y una gran diversidad climática que resulta de la colección de montañas que cruza la provincia, así como de la altitud, con viñedos situados sobre los 1,720 metros hasta llegar a superar los 3,300. Es en Jujuy donde están los de bodegas Viñas de Uquía, que a 2,750 metros de altitud tiene entre los suyos al viñedo más alto del mundo.

Viñas de Uquía es un emprendimiento que cuenta con una hostería y una cava hecha en una mina abandonada a cerca de cuatro mil metros. Puesto que el clima seco favorece la sanidad de la vid, allí priman los cultivos orgánicos, de los que nace el vino Uraqui Minero Corte A, que ha recibido altísimas puntuaciones entre la crítica internacional. Los vinos de Jujuy son aromáticos, concentrados, pero balanceados, con taninos maduros y muy bebibles, y tienden a tener un alto porcentaje de alcohol por volumen, a veces superior al 15%, percibiéndose, no obstante, frescos, gracias a la acidez que les otorga la altitud.

Uquía está en Quebrada de Humahuaca, un valle estrecho de unos 160 kilómetros donde la provincia de Salta se cruza con la de Jujuy y uno de dos territorios en esta última provincia que empiezan a despegar como nuevas áreas viticulturales. Quebrada de Humahuaca es una zona que corre paralela al río Grande, con altitudes que van de los 1,500 metros en el sur a los 3,500 metros al norte, donde llueve poco y en verano se goza de buenas altitudes térmicas. Allí dominan las castas tintas casi en proporción de 9 a 1, siendo la malbec la variedad más plantada y la sauvignon blanc, la blanca más extendida.

La segunda área viticultural de Jujuy es Valles Templados, una zona de producción casi fronteriza con Bolivia, cercana a antiguos viñedos de vitis labrusca y una altitud promedio de mil metros. Los de Valles Templados son viñedos pequeños que se extienden por unas 20 hectáreas y en los que hay plantadas torrontés, sauvignon blanc y malbec.

Tucumán es otra de las provincias al norte argentino, diminuta en superficie, pero densamente poblada. De viñas representa menos del 1% de la producción nacional y las suyas se caracterizan por sus pequeñas dimensiones que hacen que domine el minifundo. Sus suelos son calcáreos y sus vinos exponen notas muy afrutadas, pero también con notas herbáceas y aceitunadas.

Catamarca es también una zona emergente al norte argentino. Allí las variedades tintas y rosadas tienen una presencia casi pareja, dominando entre estas últimas la criolla chica y entre las primeras la malbec, la cabernet sauvignon y la syrah. La criolla chica, o listán prieto, fue una variedad importada de España por misioneros en la época colonial, que por lo mismo está bien aclimatada a la región, donde produce vinos de pálido color y buena acidez; algunos consideran pudiera ser la próxima gran variedad en Argentina.

En Catamarca está Santa María, un pueblo de larga historia vitivinícola, vinculada a la Iglesia, y uno de los más grandes de los Valles Chalcaquíes, donde está Hualfín, un viñedo con cepas viejas plantadas en 1931 y un tamaño impresionante, con troncos de enormes diámetros, más semejantes a árboles de otros frutos que a cepas de uva.

 

Del Norte al Sur

Del extremo norte al extremo sur se llega a la Patagonia, con provincias como La Pampa, Neuquén, Río Negro, o Chubut, donde ubican los viñedos más al sur del mundo, por debajo de la latitud 45 grados sur.

Es precisamente Chubut uno de los nuevos límites del vino argentino, la provincia vinícola más austral de la Argentina, que comienza en la latitud 42 Sur y donde se sitúa el viñedo más al sur del mundo, en el valle de Sarmiento, el principal de Chubut, situado más allá del paralelo 45.

Chubut se vertebra por ríos alrededor de los que se concentran plantaciones pequeñas y esparcidas por unas 83 hectáreas. El clima de Chubut es templado, con una temperatura promedio de 13.4° C (56.1° F), aunque puede llegar a ser extremo, con veranos secos, suelos aluviales y altitudes entre los 10 y los 670 metros de altitud. Los fuertes vientos pacíficos (porque los Andes en esa zona son bastante bajos), que a veces alcanzan los 100 kilómetros, y las heladas tempranas son la principal amenaza de este nuevo territorio vínico de veranos cortos que condicionan el cultivo, primordialmente de uva tinta, de ahí que dominen variedades internacionales como la chardonnay, la pinot noir y la sauvignon blanc, o incluso otras como la pinot gris, la gewürtztraminer o la merlot, cultivadas por alrededor de 17 productores con presencia en la provincia.

El interés vitivinícola en Chubut es relativamente reciente, siendo en 2011 que comenzaron las plantaciones de uva. Dos de las bodegas más conocidas de Chubut son Contracorriente y Otronia, esta última un proyecto de Alejandro Bulgheroni, un rico empresario argentino que también hizo una apuesta por el vino en la uruguaya Bodegas Garzón, y que también está asesorado por Alberto Antonini. En Otronia están los viñedos más al sur del mundo (paralelo 45) que producen vinos de calidad.

 

Viñedo Dupont

Marcos Etchart es el consultor de Vilte, Dupont y Viñas de Uquía.

Miramos por debajo de la mitad del mundo y allá vemos un país con acento de tango, alfajor y dulce de leche que creemos conocer de Norte a Sur. Pero resulta que ahora, incluso en las zonas con que más intimamos, el territorio del vino se sitúa cada vez más al norte, cada vez más al este y cada vez más al sur.

La Argentina de vinos tiene nuevos límites que se han ido desplazando gracias a la inquietud de nuevos productores y productores con presencia en otras regiones por explorar las posibilidades de lo extremo, con un espíritu tan pionero como el de aquellos buscadores de oro que se atrevieron a llegar hasta California para bajar la temperatura de una fiebre de riqueza en territorios relativamente inexplorados.

 

Más al norte

Esas nuevas fronteras resquebrajadas dicen que al norte, donde se produce poco más del 2% de todo el vino argentino y se hallan algunos de los viñedos más altos del mundo, hay aún limites tiene aún límites por trascender.

Los Valles Calchaquíes son el eje de esa nueva proyección, gracias a la gran diversidad de paisajes que se extienden por su amplitud, lo que imparte singularidades a porciones específicas de ese amplio territorio que abraza a las provincias de Salta, Catamarca, Tucumán y Jujuy. Seis de los viñedos más altos del mundo ubicados en Argentina se sitúan en los Valles Calchaquíes, donde unos 23 pequeños productores están trabajando a más de 2,200 metros de altitud en las provincias de Salta y Jujuy.

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Wines of Argentina y Bodegas.