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A pasos de donde La Muda deja de ser muda para dejar oir el bullicio de su tráfico en una histórica intersección de cambio, empiezan a resonar los ecos de una nueva voz de vino que muda el molde para dejar escuchar en el gusto un nuevo sonido del vino de Italia.

¡Quién iba a decirle a aquel corso que en 1912 fundara La Française en Puerta de Tierra que tres generaciones más tarde su bisnieto iría a buscar en el vino una nueva frontera y eco para aquel pan francés con que edificó una empresa familiar que, en las décadas de 1950 y 1960 se trasladó y expandió del Viejo San Juan al área entre La Muda y Caguas, para plantar nuevas raíces con negocios que poco a poco fueron dejando en sus platos también huella de una vocación italiana.

Fue entre la panadería y el restaurante italiano que posteriormente fundara su papá donde Teo Molinelli comenzó, desde que tiene uso de razón, a relacionarse con vino, gastronomía y cultura italiana, así como con el italiano, un idioma que domina.

Pero con el vino quizás hubo un interés especial, desde muy joven, porque más allá de sus sorbos la voz de la copa le relataba una enciclopedia de cosas sobre su lugar de origen, su historia, su gente, y su geografía. “En cierto modo veo un buen vino como una ventana a su región de origen”, dice a DiVINIdades.

Así que tal vez por ello no sorprendió que mientras un grupo importante de los jóvenes de su generación apostaran por la ciencia o la tecnología como preparación académica, Teo decidiera oir la voz de su vocación humanista y decidiera proseguir estudios universitarios en geografía e historia. Materias que en la era de los aceleradores y las incubadoras de negocio podrían percibirse casi como arcaicas, pero que al joven Teo le abrieron las puertas a un nuevo futuro.

Probaba vinos para el restaurante-pizzeria familiar Farinole, un local céntrico, pero sin vecinos, que hace se perciba como idóneo para desconectar. Pero sin duda fue su “matrimonio a la italiana”, con todo el condimento de aquella inolvidable pareja de la Loren y Mastroianni, el que terminó, gracias a su esposa, una talentosa soprano lírica italiana, de hacerle súbdito de los sabores del país de la bota.

Con la Sua moglie Manuela no solo aprendió recetas, sino también el culto italiano al aceite de oliva y a aprender a reconocer su calidad, sus diferencias, su singularidad. Un aprecio que le fue conduciendo por el sendero de un mayor aprecio al vino, despertando una cada vez mayor curiosidad con cada viaje a Italia, hasta determinar profundizar de manera más formal en este alimento, lo que le llevó a sumergirse en eventos profesionales del sector y en visitas a bodegas con las que poco a poco empezó a desarrollar relación.

Hasta que en 2018 empezó a gestarse Molinelli Imports, que este 2019 ha visto formalmente la luz como fruto de una profunda pasión por los vinos, la gastronomía, la naturaleza y la historia irrevocablemente arraigada en Italia.

“Aunque ha habido algo de progreso, creo que aun la tradición vinícola de Italia es una de las menos comprendidas en Puerto Rico, donde la oferta aún se limita mucho a grandes nombres o a vinos demasiado comerciales. Es verdaderamente sorprendente la cantidad de variedades de uva, formatos y estilos que se pueden encontrar en un país con tantos microclimas y variantes culturales como es Italia”, remarca.

 

Durante ese tiempo que tomó concretar la idea hasta llevarla a la fase de despegue comercial en que se encuentra, Molinelli, Teo, no solo se esmeró en formarse como profesional del vino, catando mucho y visitando numerosas bodegas, sino que también aprovechó para refinar el concepto que deseaba desarrollar, uno con vocación por lo sustentable y por prácticas agrícolas y de aprovisionamiento éticas y ecoamigables, entre las que una de importancia colosal es la preservación de variedades autóctonas de uva, tradiciones centenarias y referentes históricos.

 

Precisamente esto, las variedades autóctonas de uvas de Italia son uno de los grandes méritos y un importante signo diferenciador de este proyecto, que, además de apostar por regiones y bodegas menos conocidas, lo hace de manera visceral y cautivante por variedades casi ignotas, como la Pecorino, la Timorasso u otras muy regionales o que es incluso difícil hallar en libros sobre vino y enología italiana.

De este modo, y tras sus participaciones en eventos, visitas a bodegas e incluso algún contacto con conocidos de la familia italiana de su esposa, forjó un portafolio de cuatro bodegas y once etiquetas de vino que conjugan tanto esas variedades por descubrir como otras bien conocidas, y proyectos de vino de regiones menos conocidas y de regiones más específicas y menos divulgadas dentro de algunas zonas bien conocidas, con el denominador común de ser bodegas ubicadas en zonas “fronterizas” o de transición geográfica.

“El primer criterio fue que los vinos me gustaran a mí. También traje muestras desde Italia y organicé degustaciones a ciegas con los clientes de nuestro restaurante familiar y así escogimos una bodega de Umbria, otra de Marche, otra del Piamonte y otra de Trentino como las cuatro columnas para cimentar la cartera de vinos de Molinelli Imports”, detalla. Dos son bodegas artesanales y dos son “cantine sociali” o lo que es lo mismo, cooperativas. Para tres de ese cuarteto de bodegas, el de Puerto Rico es el primer mercado al que exportan dentro del territorio de los Estados Unidos.

Los vinos recién llegados al mercado  ---seis tintos, cuatro blancos y un espumoso rosado---  son de diferentes estilos y rangos de precio, pero pienso que todos se desempeñan bien dentro de sus categorías. Creo también que en mayor o menor grado todos expresan considerablemente sus territorios de origen” explica este profesional que se define como muy estudioso, amante de la geografía, las artes, los viajes y la naturaleza.

La primera de las bodegas está casi bendecida por la paz de San Francisco de Asís, pues sus 20 hectáreas de viñas y olivares ubican apenas a unos 800 metros de la Basílica di San Franceso, en Assisi, un recinto patrimonio de la UNESCO en el corazón de Umbria. De ahí que Saio Assisi, que así se llama la bodega, inspire su nombre en la vestimenta de los monjes.

Se trata de una bodega artesanal y familiar que elabora pequeñas producciones de vino y aceite con gran respeto por el medioambiente y de la que Molinelli trae dos etiquetas: Saio Assisi, un monovarietal de Sangiovese, y Eremo  ---como el Eremo delli Carceri, lugar donde San Francisco se retiraba a meditar---, un ensamblaje a partes iguales de Sangiovese y Cabernet Franc que envejece en roble francés. Ambos amparados por la IGP Umbria.

Ubicadas casi al pie de los Apeninos, las uvas nacen en suelos pedregosos y permeables, idóneos para vinos de gran calidad, elegancia e intensa fragancia, favorecidos por la correcta insolación y el viento de la tramontana que asegura las amplitudes térmicas entre día y noche que propician la maduración y los aromas. Por eso allí la Sangiovese tiene un carácter más de montaña.

Pero en el territorio otra de las protagonistas es la Grechetto, una variedad blanca de Umbria y el Lazio cuyo origen realmente se desconoce, si bien en Umbria se considera una variedad autóctona. La Grechetto es una variedad muy vinculada a los vinos de Orvieto, y en Umbria, muy asociada a la zona de Todi. Tiene bayas medianas, cilíndricas, hollejo pruinoso, color amarillo pajizo tendiendo al dorado, aroma intenso y afrutado, frescura en el paladar y sensaciones de sapidez, buena estructura y gran persistencia aromática.

El viaje de vinos de Molinelli por Italia continúa hacia la costa adriática donde están las Marche en cuyo sur ubica Cantina di Castignano, una cooperativa del área del Piceno y una de las mayores de Marche, que exuda cultura y tradición, incluida la apuesta por variedades autóctonas asociadas a la zona como la Sangiovese, la Montepulciano o la Pecorino.

El Piceno es una zona que colinda con Umbria y Abruzzo, donde se funden mar y montaña y en la que el viento fresco y salino del Mar Adriático envuelve las viñas y olivares, protegidas en su lado opuesto por una cordillera de montañas. Un territorio que se dice que la Orden de los Caballeros Templarios atravesó en su peregrinaje de Roma a Jerusalén en el Medioevo, referencia a la que evocan algunas de las etiquetas de la bodega, que también elabora aceite de oliva virgen extra.

Más conocida quizás por sus blancos de Verdicchio, Piceno es también territorio de la Pecorino, una variedad que aunque comparte el nombre del queso de oveja, en realidad es una uva blanca autóctona de baya mediana que se presume originaria de Marche y confiere acidez y estructura a los vinos. En las últimas dos décadas se ha redescubierto, especialmente para hacer selección clonal de algunas de sus viñas centenarias y prefiloxéricas. De Pecorino es precisamente Montemisio, una de dos etiquetas que Molinelli introduce de la región de Marche, y que en esta referencia se ampara en la DOCG Offida, un cotizado terroir que se considera casi un cru, especialmente para vinos tintos.  Teo la considera una uva que produce vinos frescos con reminiscencias a Rieslings secos y que en su portfolio marchigiano acompaña a Destriero, un Sangiovese y Montepulciano amparado en la DOC Rosso Piceno Superiore.

Rumbo al Norte y en la parte más occidental de la bota está el Piamonte, conocido más por sus vinos de Barolo, Barbera, Gavi o Asti, sus Nebbiolo, Barbera, Cortese o Moscato que por la Timorasso, una blanca autóctona ancestral que se redescubrió en la década del 1980 por su hollejo grueso y aptitud para largas guardas. Con esta variedad la cooperativa Vignaioli del Tortonese elabora un blanco sobre lías en Colli Tortonesi, una zona de convergencia entre Asti y Liguria, situada al sureste del Piamonte.

Las Colline Tortonesi tienen terrenos arcillosos y compactos con un clima continental, con fuertes cambios estacionales, pero la menor pluviometría de todo el Piamonte. De la región, Molinelli trae, además de ese blanco Timorasso amparado en Colli Tortonesi DOC, un tinto de Barbera con breve pase por madera y también amparado en esta denominación, y un DOC Barbera llamado Scariot, un término local empleado para referirse a “niño pequeño", y que es un Barbera tinto más estructurado.

El cuarteto de regiones se cierra, de momento, con Trentino, la región más septentrional de Italia, caracterizada por temperaturas alpinas y un territorio montañoso que sirve de escudo a los vientos frescos del norte y el Föhn, un viento cálido y seco que se forma cuando una masa de aire húmedo baja por una cadena montañosa.

En Trentino ubica Maso Roveri, una bodega familiar y artesanal con una larga historia de cultivo de uva. Más conocidas e internacionales son las blancas Pinot Grigio y Chardonnay y la tinta Cabernet Sauvignon con que se elaboran tres etiquetas amparadas en la IGP Vignetti Delle Dolomiti, pero más singulares otras dos, un tinto y un espumo rosado elaborado con segunda fermentación en botella y la Enantio, una variedad autóctona de la zona que también se ha recuperado.

Masi Roveri

Conocida también como Lambrusco ostranno o Lambrusco a foglia frastigliata y afincada en Trentino desde hace muchos siglos (tanto que el historiador Plinio el Viejo ya se refería a ella como Oenanthium), ésta es una variedad que mostró mayor resistencia a enfermedades que otras. Tras largos estudios en que se profundizó en su conocimiento, la Enantio  --que antes se empleaba más como variedad para ensamblajes que en monovarietal---  se clasificó como nueva variedad Enantio nero en 1992, un cambio de nombre que sirvió para revalorarla, un nuevo aire que también se apoyó de cambios y mejoras las técnicas de viticultura, ubicación de viñedos, vinificación y crianza de sus vides y vinos.

La Enantio tiene un peso menor, mayor contenido de azúcar y acidez media, así como aromas intensos que recuerdan la guinda, aromas especiados, regaliz, e incluso un toque de cuero, así como buena estructura y armonía en boca.

Es esta variedad la protagonista de Enantio, un tinto de Terradeiforti DOP, un vino elaborado con vides de unos 160 años plantadas en suelos con algo de composición arenosa y subsuelo de arcilla, que en su añada 2016 tras fermentar en acero inoxidable pasó 12 meses en barrica y 12 más en botella para entregar un vino de capa muy alta y color muy concentrado que exuda aromas a notas oscuras que van de abundante fruta de baya madura, a recuerdos balsámicos, regaliz, tinta china, notas torrefactas y especiadas a pimienta, una pizca de pirazina y cedro, así como un cautivante punto animal a cuero. En boca es bien equilibrado, estructurado pero fino, con sapidez, buen volumen, densidad, buena acidez, taninos firmes y exuberante, ganando músculo en el paladar por donde se desliza aterciopelado y termina con buena persistencia y un punto seco y de amargor final. Un vino que crecerá con la guarda y que pretende retratar tanto en su etiqueta como dentro de la botella, el paisaje de la zona, que replica la silueta de la montaña.

Otro rostro de la misma variedad es un interesante vino espumoso de calidad, Rosa delle Alpi, elaborado con método tradicional de segunda fermentación en botella. Un espumoso serio, más de meditación que de trago fácil, y con una enorme aptitud gastronómica que es de color asalmonado y sorprende por su fina burbuja, abundante e incesante, gran fragancia floral, tonos minerales a tiza en nariz, con delicadeza aromática, pero una boca jugosa y estructurada, elegante y con cuerpo, salino, muy persistente y hasta chispeante en su final, que se cierra seco y hasta con una nota de amargor final. En resumen, un patrimonio vitícola recuperado, como ha venido siendo tendencia en las últimas décadas y de forma más acentuada en el último par de años, intrínsecamente relacionado a un trabajo de investigación histórica que convierte a las variedades en un prisma de la historia, que también cuenta en sorbos sobre geografía.

“Mi preparación académica en historia y geografía me han dado una herramienta para entender del vino cosas únicas, que no tiene todo el mundo”, subraya Molinelli, con hablar pausado, pero con una minucia que hace evidente su formación como geógrafo.

Estas cuatro son un punto de partida en este proyecto que comienza, pero que su creador no cierra a nuevos productos o nuevas regiones como quizás algún vino de Offida o Montefalco, o algún aceite de oliva premium de los que elaboran algunas de las bodegas con las que ya trabaja. Incluso pudiera estar en agenda una próxima visita de alguno de los elaboradores de estos vinos a Puerto Rico.

Para dar a conocer mejor sus vinos, Molinelli Imports contempla actividades de degustación en sus restaurantes italianos en La Muda y el pueblo de Caguas, pueblo donde no descartan abrir un wine bar en el futuro.

De momento, los vinos tienen presencia en restaurantes como 1919 en el Condado Vanderbilt, L’Olivo, Trattoria Napoles en el hotel El San Juan o Bombay Bangkok. por aquello de romper estereotipos y demostrar que el vino italiano tiene aptitud gastronómica universal, además de en Yours Truly Chocolat y, por supuesto, en Farinole, el restaurante familiar. Pronto también estar en algunas tiendas de vinos y vinotecas.

 

23 de octubre de 2019. Todos los derechos reservados ©

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EN PRIMICIA

Molinelli: una nueva geografía del vino de Italia en copa

 

Texto: Rosa María González Lamas. Foto: Viajes & Vinos y Webs bodegas (C)