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Así se consolidó un Oporto del siglo XX que hoy día cuenta con varios centros de vinificación y un eje central de producción en Alijó, bajo la tutela del enólogo José Sousa Soares. Las uvas se surten un 30% del Baixo Corgo, entre un 40-43% de Cima Corgo y el resto del Douro Superior.

Hace algunos algunos años la empresa adquirió la histórica Quinta de Ventozelo, para surtir uvas que potenciaran la elaboración de sus vinos de Oporto así como para una aventura en vinos de mesa del Douro, anticipando el gran crecimiento de esa categoría. Allí también elaboran un aceite de oliva

Para complementar esa experiencia de disfrute del vino de Oporto, este septiembre la empresa ha incursionado en la hotelería, con la apertura, en la otra orilla del río de Gran Cruz House, una hospedería boutique de siete habitaciones, decoradas con aire rústico y con el lujo de la vista al río. Considerando que las armonías gastronómicas son una de las fuerzas motrices de Porto Cruz, el hotel cuenta con un magnifico restaurante, Casario, con una cocina con raíces y sofisticación, en un ambiente relajado que contrasta con la energía del Espacio Porto Cruz, aunque los dirija el mismo cocinero.

No es la única novedad de Porto Cruz, que también estrena una fragante ginebra de aguardiente de vino de la Quinta de Ventozelo, así como un vinagre de vino de Oporto, de próximo lanzamiento. La ginebra es la primera elaborada en una Quinta vinícola, de donde surte los botánicos como el enebro, romero, limón, cilantro, hierbabuena y tomillo que se maceran en el aguardiente de vino y la perfuman, pretendiendo capturar en la ginebra el espíritu mediterráneo del bosque. También contemplan crear un museo enoturístico en la Quinta, así como un hotel con 29 habitaciones que pretende aproximar a los huéspedes al mundo rural, participando en las actividades cotidianas de la Quinta, en el corazón del Douro.

La empresa maneja también los Dalva, vinos de Oporto y tranquilos de C. da Silva, una empresa fundada por un emigrante brasileño, que en 1933 hizo realidad en Portugal su sueño de crear un negocio de vino que forjó a su gusto y medida entre esa fecha y 1957, habiéndose sabido labrar un nombre importante por sus Oportos blancos añejados y Colheitas.

Los Cruz de Oporto

 

En Porto Cruz los hay en tinto y en  blanco, y se están potenciando los de este último color por el incremento del consumo de la categoría de Oportos blancos, un vino más favorecido por los portugueses que otros consumidores internacionales. Y, sin duda, un nicho importante en el que la empresa sobresale.

La empresa, especialmente a través de Dalva, ha hecho una sólida apuesta por los Oportos blancos más añejos, como el Gran Cruz White Port 2009, con aromas a melocotón y albaricoque, una boca especiada y con matices a suave almendra; el Dalva 10 yr. Dry White, un Oporto de lágrima lenta, con muchos aromas a miel y matices a melocotón, naranja y albaricoque, con una boca persistentemente especiada y retrogusto almendrado; y un sobresaliente Dalva Collection Golden White 1989, un Colheita que se ha hecho en ocasiones muy puntuales, y solo uno por década (1952, 1964, 1971, 1989 y 1999). Se trata de un vino delicioso, complejo y bien balanceado, con abundantes aromas a naranja y toffee, y un punto de vinagrinho. Las notas almendradas sobresalieron en su pase por boca, envolvente y con buen volumen, pero fresca, con buen equilibrio entre dulzor y acidez y un pase largo, fino y sedoso.

Tres muestras en el lado oscuro son el Dalva Vintage 2015, con abundante fruta y tostados; el Gran Cruz LBV 2001, denso y opulento, con aromas maduros a ciruela oscura, tonos ahumados y abundantes especias; el Gran Cruz Colheita 1985, un tawny fantástico, con tonalidades ambarinos y aromas a pasas, higos, un final especiado y un punto de amargor; y un Gran Cruz Tawny 30 yr., más parco en nariz, aunque más fino en boca, donde termina con un retrogusto marcado a maní.

Además de éstos, Porto Cruz elabora vinos de Oporto en las categorías Vintage, Rosé, Ruby y Tawny. Su Porto Cruz Special Reserve es un Oporto añejo que ensambla varios Vintage, y tawnies de 10, 20, 30 y 40 años, que junto a los vinos más añejos se comercializan como Gran Cruz.

Los vinos de Quinta de Ventozelo

 

La histórica Quinta de Ventozelo es una de las propiedades más grandes del Douro, ubicada en el corazón del Alto Douro Superior y con una larga extensión a la vera del río. En sus vinos se busca destacar la pureza de la uva y el territorio, cimentado sobre marcadas diferencias de altitud, edad de cepas y exposición al sol.

La suya fue una tierra cultivada por los monjes cistercienses en el medioevo, cuando ya en 1288 había referencias a Ventozelo, aunque únicamente fuera en el siglo XV que adquiriera su concepto de quinta. De su casi medio millar de hectáreas, Ventozelo hoy cuenta con unas 200 hectáreas plantadas con más de un millón de cepas, que juegan con una multiplicación de variedades, sistemas de conducción, densidades de plantación y otros, para dar los vinos que se se hoy se disfrutan.

Allí la empresa ha realizado un importante trabajo de revitalización de viñas, reorganizando unas 40 hectáreas, especialmente de variedades blancas como la moscatel, la rabigato, la gouveio o la Fernão Pires, ya que una de las tendencias más notables en el vino de Oporto y el Douro es el crecimiento de los blancos. 

Quinta de Ventozelo Malvasía Fina 2016. DOC Douro

Blanco de carácter muy mineral, con aromas a pólvora conviviendo con notas tropicales a naranja y fruta de la pasión, tonos florales y algún matiz de jengibre. En boca es un vino untuoso, fresco y con buena persistencia, pero sin demasiada complejidad en el paladar. El vino no tuvo contacto con madera y fue embotellado apenas unos meses tras su vinificación.

 

Quinta de Ventozelo Viosinho 2016. DOC Douro

La viosinho es una de las grandes castas blancas del Douro y en este blanco monovarietal se revela en nariz con buena intensidad frutal, tonos de vainilla, humo, puntos cítricos y pinceladas de pólvora, pasando a una boca muy fresca y a la par muy envolvente y persistente. Unvino equilibrado, super fino y absolutamente delicioso que se elabora a partir de cepas de unas dos décadas e íntegramente en acero inoxidable.

 

Branco de Ventozelo 2015. DOC Douro

Un blanco que ensambla malvasía, viosinho y rabigato, que comienza su fermentación en acero inoxidable para terminar en barrica, donde también envejece. Un blanco de más enjundia, con matices aromáticos a membrillo, un punto de miel, flores blancas y una boca más compleja, con delicados matices de crianza, salinidad y elegancia. El vino envejece ocho meses en barricas de 300 litros, mitad roble francés y mitad húngaro.

 

Quinta de Ventozelo Touriga Nacional 2016. DOC Douro

Una verdadera bomba azul en nariz, con abundantes aromas a blueberries y profusa violeta, conviviendo con flor de azahar y toffees. Un vino gastronómico, no apto para copeo, con una boca fresca, afrutada y especiada, pero con taninos firmes y un buen volumen que le auguran un recorrido más prolongado. Este tinto realizó maceración pre-fermentativa y se fermentó en lagar, sin tener contacto posterior con la madera.

Quinta de Ventozelo Touriga Franca 2015. DOC Douro

Algunos consideran a la touriga franca la reina del Douro, que por producir vinos poderosos y de intenso color, con tonos resinosos y florales y taninos firmes, le hacen buena para la elaboración de vinos de Oporto. Es una casta de maduración tardía, que requiere de mucha exposición al sol y clima seco para madurar. En este monovarietal se reveló muy floral, con abundantes aromas a violeta y una pizca de talco, y una boca pulida, salina, fresca, elegante y fina. Tras su fermentación en lagar y estancia en acero inoxidable, el vino se embotelló a mediados de 2017.

 

Quinta de Ventozelo Touriga Franca 2014. DOC Douro

Un vino que destaca por su mineralidad con recuerdos a tinta china y aromas ahumados, a fruta oscura como la ciruela, y florales a violeta. En boca fue un vino con taninos bastante pulidos, una pizca de amargor de su tostado y suaves puntos ahumados a carbón, en un vino goloso, por evolucionar.

 

Quinta de Ventozelo Blend 2015. DOC Douro

Touriga nacional, touriga franca y un 15% de tinta roriz conforman este tinto que se destaca por su persistente aroma a fruta roja madura, con algunas notas tostadas y una boca bien pulida y con matices especiados. El vino envejece por un año en barricas de roble francés de 600 litros.

 

Quinta de Ventozelo Field Blend 2015. IGP Vino Regional Duriense.

Los “field blends” son un anuncio de viñas muy viejas en las que convivían distintas variedades de uva que no se separan al vinificar, sino que se procesan como un todo. Éste tiene tinta amarela (trincadeira) y alicante bouschet (garnacha tintorera), una variedad francesa afincada en Portugal hasta casi considerarse una de las “autóctonas”. Abundan en él las frutas, con recuerdos aromáticos a grosellas, cerezas, unidos a flores, fruta azul, humo, tostados y especias. En boca fue un vino de ligera estructura, super redondo y elegante.

 

Quinta de Ventozelo Essência 2014. DOC Douro

Ensamblaje de touriga nacional, touriga franca y algo de sousào (sousón), este tinto se reveló con mayor madurez e intensidad de color, con aromas a fruta madura, tonos a chocolate, menta y recuerdos especiados a clavo y nuez moscada, antecediendo una boca fresca, fina y redonda. El vino se fermentó en lagares de acero inoxidable y luego envejeció unos 18 meses en barricas de 500 litros de roble francés, a medias nuevas y usadas.

 

Además de estos tintos y blancos, en Quinta de Ventozelo se elabora Azul, un tinto de entrada, y también un Syrah con crianza y otro sin ella, un rosé, un reserva tinto y otro blanco, además de dos vinos fortificados de Oporto, un Vintage y un LBV.

Gran Cruz House

 

Un vino con casa. Coqueta y discreta, solo su intenso color bermellón es referencia de lo más nuevo de Porto Cruz. En la ribera opuesta del río un edificio antiguo ha transformado su interior para convertirse en un espacio íntimo, casual, acogedor por dentro y por fuera y con decoración exquisita.

El rojo de fuera contrasta con el negro de esa Femme au Noir, que es símbolo de Porto Cruz, e inspiración del hotel. La cautivante vista al río compensa la austeridad de la piedra y la elegante rusticidad llena de detalles que decoran las siete habitaciones que conforman este nuevo proyecto turístico de Oporto, otro en que una bodega se incorpora a la hotelería urbana, en ese afán continuado de prolongar sus experiencias de vino y atraer públicos de mayor poder adquisitivo a la ciudad.

La vista lo es todo en este refugio para sibaritas. Desde las habitaciones se abren las ventanas y el río se revela con el hormigueo de gentes que se pasean a su vera. No son muy grandes, aunque sí coquetas, con azulejos, con mosaicos, con artesanías de Portugal, pero, sobre todo, con el deseo que servir de trampolín a una experiencia inolvidable.

Es, precisamente, la que ofrece Casario, el restaurante del hotel, de decoración informal, pero sofisticación en el plato, un verdadero edén gastronómico con vista, donde la cocina del chef Miguel Campos, que también rige la de Espacio Porto Cruz, se plasma sencilla, de producto y de temporada, tradicional y elegantísima en sus presentaciones y sabores, de la mano de José Guedes, chef a cargo de Casario.

El recodo más especial de Casario es su terraza, donde sentados a la mesa el tránsito del río Douro se integra en el paisaje de frente, reflejado en los cristales del local, o en la retaguardia a campo abierto. Un fado, sones de bossa nova, o las notas crooner de Frank Sinatra, sea cual sea la cadencia musical, pinta el espacio con un aire relajado y sin prisas.

En el plato, además de la delicadeza, reinan el contraste y la mesura. La técnica que ronda la perfección. Y casi como una regla tácita siempre un punto cítrico para aportar a las recetas una espina dorsal de acidez.

El pan es un plato en sí mismo, sencillez glorificada en bocados esponjosos por dentro, crujientes por fuera, cubiertos con un poco de ajonjolí tostado, una brona de maíz que puede ser la comida entera, ungida con aceite de oliva extra virgen de la Quinta de Ventozelo, o acompañada de trozos de esos tomates corazón de buey que se han convertido en otro de los emblemas del Douro. 

El equilibrio y la fragancia son la clave en un delicioso carpaccio de pescado, fino, delicadamente sazonado con hinojo y cebollín, regado con aceite de oliva, salado ni un punto más, ni un punto menos, con una perfecta conjunción de textura y sabores. El mar y tierra alcanza nuevas dimensiones con unos diminutos calamares con setas shitake, regados con un caldo cítrico, en el punto justo, condimentado con hierbas, con texturas eslabonadas entre calamar y seta, una sencillez compleja, con contrastes equilibrados y una fulgurante elegancia en boca enlazada como guante de seda con su vino blanco de armonía.

Indispensable el bacalao, con cocción perfecta, y un punto justo de todo. Perejil, ajo, pimiento, aceituna negra. Y, por supuesto, una nota cítrica que enlaza a todos los elementos en perfecto balance. Y similar entrega en una tierna carne con puré de apio y chirivía acompañado de champiñones salvajes, bañados con una lustrosa salsa de vino de Oporto que aporta acidez.

Contraste de dulce y sal llegan al perfecto punto medio en un crumble de pistacho, con ese toque salado y crujiente, manzana dulce y sorbete de Porto Cruz Tawny 10 yr. Equilibrio es una vez más el verbo con que se conjuga Casario.

Como restaurante de hotel, Casario abre los siete días de la semana, estrenando la jornada con servicio de desayuno, seguido luego de almuerzo y cena, ofreciendo tanto menú de degustación, como menú a la carta. Una epístola que sin duda dará que hablar.

 

16 de octubre de 2018. Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción de texto o imágenes.

 

Viajes & Vinos y Divinidades agradecen a la Asociación de Empresas de Vino de Oporto y al Instituto de Vinos de Douro y Oporto su invitación a participar en el programa oficial para conmemorar el Día Internacional del Oporto 2018 y la proclamación de los Vintage 2016.

 

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La música suena con beat. El chin chin de las copas y vasos abunda en la gran celebración líquida que día tras día, tarde tras tarde, atardecer tras atardecer y noche a noche hace vibrar las entrañas del Espacio Porto Cruz. Allí, en la azotea, se maridan los selfies con el corazón histórico de Oporto por telón de fondo con los sips más refrescantes y cool, ensamblados con el gran repertorio de los vinos de Porto Cruz. Un conjunto que, más que vinos, pretende convertirse en experiencias con que mover hacia el placer de los vinos de Oporto a nuevas categorías de consumidores.

Del Porto Tonic a la efervescencia duriense del burbujeante Dalva, de los cócteles más creativos a las copas de vino de Oporto más tradicionales, el Espacio Porto Cruz en Vila Nova de Gaia es el enclave multimedia con más ambiente para disfrutar del vino de Oporto, de Oporto y sus vinos, en el contexto de disfrute más lúdico y relajado que pueda hallarse a orillas del río Douro. Es la experiencia más hedoinsta del vino que por allí fluye, un espacio de tres niveles abierto en 2012 y que de forma distendida lleva al visitante escalonadamente de la raíz del vino en la viñas de la región del Douro al placer más desenfadado de sus sorbos más exquisitos.

Son 13 millones de botellas anuales de vino de Oporto que fluyen por conducto de Porto Cruz, lo que le convierte en la marca de vino de Oporto más vendida en el mundo. Un volumen que comenzó su senda líquida en 1930, cuando la casa Gran Cruz se constituyó como empresa, tomando el batón de Assumpção E. Fos, que la fundara en 1887. Una compañía portuguesa que luego pasaría a manos francesas sin perder su aire nacional. En 1954 el emporio de vino que sería La Martiniquaise comenzó a comprarle graneles para embotellarlos en Francia, un viaje de vuelta que aprovechó la coyuntura revolucionaria de la década del 1970 en Portugal para montar una empresa en Gaia, con el objetivo de elaborar y embotellar vino de Oporto.

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Foto: Viajes & Vinos (C)