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El 1963 Graham’s Colheita también fue un tawny de una sola añada. Esa fue una cosecha muy buena y la primera realmente importante tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, lo que comercialmente fue favorable a la bodega. Este vino de Oporto, que llegará al mercado dentro de algunos meses, se estrenó con menor expresividad en nariz que poco a poco fue intensificándose, pero resaltando sus notas cítricas, el vinagrinho y un final de boca especiado y almendrado. En boca fue tan fino como envolvente.

 

Algo importante es que la bodega designa los vinos de una misma añada de manera diferente dependiendo de la disponibilidad de botellas. De este modo se comercializarán como “colheitas” cuando hay más cantidad de vino, y se designarán “single harvest” cuando el Oporto es muy viejo y la disponibilidad de botellas es mucho menor.

 

Una de las tendencias indiscutibles en el mundo de los vinos fortificados de Oporto es la revalorización de los Oportos blancos como vinos de guarda, ejemplificado en varias etiquetas en esta magna degustación. Si el paso del tiempo aclara las tonalidades de los Oportos tintos en madera, al igual que sucede con los vinos tranquilos, a los Oportos blancos los oscurece.

Guimaraens hizo hincapié en la distinción entre los términos “blender” y “winemaker”. Los “winemakers” tienen también mucho que ver con la viña, pueden o no ser también blenders, un oficio que él definió como arte, fruto de la paciencia y la memoria.

 

Quinta das Lamelas es una bodega familiar en Baixo Corgo que a esta cata aportó 4 Gerações Branco, un vino de tonalidad ambarina que tiene como particularidad envejecer en castaño portugués. El vino conjugó la parte cítrica con notas de evolución aunando frescor con madurez. Un Oporto cargado de finesse con un bouquet por el que desfilaron, además de cítricos, notas de vainilla, toffee, tabaco de pipa, sobresaliendo los recuerdos a pasas sultanas. En boca fue fino y largo, envolviendo todo el paladar, aunque luego de un tiempo en copa se aplanó, permanenciendo su cariz especiado. Una producción de solo 2198 botellas.

 

La quinta escala por el puerto de sueños recaló en 1950 Barão de Vilar Colheita, un Oporto menos complejo, de color cabalgando entre lo cobrizo y caoba. El paradigmático vinagrinho estuvo presente en su nariz, por donde navegaron marcadas notas a naranja, tabaco y tonos torrefactos a cáscara de café tostado, que antecedieron un pase por boca envolvente, largo y con un punto amargo donde se destacaron los recuerdos a avellana, almendras y especias.

 

Kopke Colheita 1941 fue el sexto puerto de escala en el recorrido por los Oportos de ensueño. Fundada en 1638, los colheitas de la casa se embotellan solo cuando lo solicita el cliente porque de acuerdo al enólogo Carlos Alves, el secreto es sacar el vino cuando está listo. “Los colheitas son como niños. Necesitan una buena educación”, afirmó, recordando que para 1941 los colheitas se elaboraban pensando en un envejecimiento prolongado.

Sabiduría popular. Los vinos de Oporto son un asunto entre lo divino y lo humano que, en definición de algunos, suman la sabiduría del hombre y la química del tiempo. Los vintage son un regalo de la naturaleza, la suma de los pies del hombre y la mano de Dios. Los viejos tawnies, donde el bodeguero muestra su pericia, son algo casi divino, con la ayuda del hombre. Los colheita suman la mano de Dios y la del hombre.

 

Todas las botellas de Kopke se pintan a mano y ésta de 1941 dejó grabado su color ambarino y sus aromas a vainilla, caramelo y una pizca de café conviviendo con una boca cítrica, con matices almendrados que se deslizaron envolventes y sedosos por el paladar, con buen equilibrio y menos densidad, concluyendo con un final fino y especiado y no tan excesivamente persistente.

 

El segundo blanco viejo de la degustación fue el Quinta do Mourão San Leonardo Very Old White 90. Quinta do Mourão es otro pequeño productor familiar. La madre de Miguel Braga, su enólogo, nació en el Douro, su padre en Vila Nova de Gaia, él en Oporto y su vino en el Douro, como un tributo a su padre. “En el Douro lo tradicional era que los blancos fueran tawnies. En Oporto no puede distinguirse si el origen de un vino viejo era blanco o tinto”, señaló.

 

Este blanco añejo, que envejece en el Douro, mostró notas más dulzonas con más matices a pasas, abundante toffee y tonos de chocolate en nariz, conjugados con tonos cítricos en boca, donde fue envolvente, aunque con moderada persistencia.

 

La revolución la planteó el Andresen Colheita 1910, un Oporto de dimensión histórica ya que fue el año en que Portugal cambió de monarquía a república. Andresen, una bodega familiar que ya sorprendió en 2015, tiene origen danés, el de una familia que en su rumbo a los Estados Unidos se detuvo en Oporto donde terminaron afincándose y fundando en 1845 su bodega, hoy una de las pocas bodegas de Oporto íntegramente en manos portuguesas. La bodega fue una de las primeras en Portugal en alcanzar los cotizados 20 (100) puntos en las calificaciones de la Revista de Vinhos, algo que no es de sorprender por la redondez que muestran sus etiquetas.

En ésta se funden dos elementos importantes. El primero, una añada, la del 1910, que produjo vinos con mucha concentración de azúcar. El segundo, el deseo del padre de la actual generación de embotellar un vino que hubiera estado envejeciendo en madera por un siglo.

 

El largo paso del tiempo dejó una indeleble huella de excelencia y delicia en este Oporto, muestra de barrica, de color cobrizo-caoba, que en nariz se mostró algo parco de aromas, más en línea de pasas, higos, toffees y vainilla, que luego se fueron abriendo para revelar un seductor punto cítrico a cáscara de naranja y una potencia almendrada que enriqueció a este vino con una boca espléndida, un divino encuentro entre lo dulce y lo ácido en un vino finínisimo y profundo que sorprendió por su equilibrio, redondez, con un pase por boca aterciopelado y envolvente, y una elegancia superlativa.

 

El Gran Cruz Anniversary Edition Very Old Port ha sido, sin duda, uno de los fortificados del año. Este Oporto cobrizo-caoba se elaboró para celebrar el aniversario 130 de Porto Cruz, en 2017, y se concibió como un tributo al arte del ensamblaje y a todos quienes han ido cuidado el vino a través del tiempo. Por ello, este Oporto artesanal es un compendio de vinos que se han envejecido tanto en el Douro como en Gaia, por un período de más de un siglo. El ensamblaje incluye dos vinos con uvas prefiloxéricas y es tan estructurado que en la cata se mostró más bien discreto, revelando notas a naranja y especias. Un vino con vocación de porvenir, muy fino, especiado en boca y con un final seco.

 

No pudo haber mejor colofón a la travesía por los ensoñadores vinos de Oporto que otro viejísimo Oporto blanco, el 1884 Ramos Pinto, un vino nacido en el Baixo Corgo, con una nariz tan intrigante como fascinante y singular. El vino, custodiado por Ana Rosas, se embotelló con 40 años en 1926, con lo que ha tenido un prolongadísimo envejecimento en botella. A pesar de su edad, si por algo destacó este Oporto fue por su frescura, que fue un marco para una caja aromática de la que iban saliendo matices inéditos en un vino de Oporto. En especial de unos distintivos puntos ahumados y a aldehídos, que se sumaron a las notas cítricas a naranja y al vinagrinho que caracterizó a este supremo vino de Oporto con mucha redondez, un retrogusto almendrado y una compleja elegancia.

En 2017 el valor de las ventas de los vinos de Oporto alcanzó los 380 millones de euros, manteniendo su tendencia ascendente, a pesar de los volúmenes de venta haberse mantenido bastante estáticos. Las categorías especiales de vino fueron instrumentales en esas cifras ya que representaron el 42.7% del valor de todos los vinos de Oporto vendidos y 22.4% de su volumen.

Algo notable es que parte importante de ese crecimiento se ha dado en el mercado nacional, lo que se vincula a la buena racha que lleva Portugal como destino turístico. Hoy Portugal es el principal mercado los vinos de Oporto, seguido por Francia, Reino Unido, Holanda, Estados Unidos, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Canadá y España.

 

Además de los grandes nombres históricos, están apareciendo nuevos elaboradores de Oporto, especialmente productores de vino del Douro, que ya no es menester envejecer envejecer el vino en Vila Nova de Gaia. ¡Qué interesante sería saber si esos nuevos vinos de Oporto se conciben con ese mismo afán de longevidad, para contrarrestar en sorbos, de aquí a cien años.

 

 

Divinidades & Viajes & Vinos agradecen a la organización de Essência do Vinho Porto su invitación a integrar el jurado internacional de profesionales de vino que eligió a los Top 10 Wines de Portugal y pudo participar también en esta exclusiva cata.

 

 

Más Essência: Top 10 Wines Portugal, Un transito por el Douro, La transversalidad de Niepoort, Goles fortificados: vino y futbol

 

10 de marzo de 2018. Todos los derechos reservados. © Más noticias de Vinos y Bebidas.

 

 

 

 

 

Una cualidad distintiva de los Oportos muy viejos es un toque de dulzor acompañado de una mayor sensación de acidez, un “vinagrinho” que contribuye al equilibrio y es resultado de la evaporación.

 

 

 

David Guimaraens, enólogo de Taylor’s, presentó la segunda referencia de la cata, 1968 Taylor’s Single Harvest, un Oporto tawny que en lugar de ensamblar vinos de diversas añadas construyó su ensamblaje con vinos de una misma cosecha. “Los tawnies viejos son el resultado de la paciencia y la dedicación”, dijo el enólogo, quien explicó que no son vinos para dejar desatendidos a ver cómo evolucionan, sino que hay que cuidarlos en todo momento.

 

Este Single Harvest fue un vino más denso y más concentrado, de color más cobrizo y marcados aromas a naranja amarga, complementada con matices a frutos secos, higos y pasas, especias como la canela, con un pase intenso y untuoso por el paladar por donde se deslizó con gran finura, y terminó con una gran persistencia y un profundo retrogusto a almendra. Taylor’s también empleó damajuanas en la elaboración del vino.

 

Lejos de decaer, como otros vinos, los Oportos muy viejos tienen casi como norma una inusitada viveza que les hace tan magnéticos como intrigantes. Su fascinación radica en la proliferación de matices que les confiere el paso del tiempo, que en algunos fue tan prolongado, que incluso hizo que las nuevas generaciones desconocieran de su existencia. En su descansar ignoto se crecieron para regalar este magnífico ejercicio de degustación, donde casi todos las referencias fueron tawnies (Oportos que envejecen en madera), con un envejecimiento prolongado, en su mayoría medio siglo mínimo.

 

De origen holandés, la casa Niepoort es una de las de más vieja trayectoria elaborando vinos fortificados de Oporto. Es también célebre por las damajuanas en que coloca sus vinos para culminar su envejecimiento, y que también se emplean para las “garrafeiras”.

 

Botella en portugués se dice garrafa, y las garrafeiras son un estilo menos conocido de vino de Oporto que funde lo mejor de los ruby y los tawnies, pues envejece tanto en pequeñas barricas de madera (tawny) como en botella (ruby), al redondearse en damajuanas.

 

Los garrafaeira son uno de los estilos de vinos de Oporto más elegantes, y una de sus aptitudes es afinar esa elegancia de modo más acelerado que los de categoría vintage. Niepoort comenzó a elaborar garrafeiras en 1931, un sendero que se extendió hasta 1977, añada de la cual fue el Niepoort Garrafeira 1977 de esta cata.

 

Tras su vendimia en 1977 este vino pasó a barricas pequeñas en 1987, decantándose a damajuanas en 2007 y embotellándose en 2011. Fue un vino de color ambarino con ribetes rojo naranja, con una nariz en la que aparecieron pasas, nueces, vainilla, naranja in crescendo que desembocó en fruta oscura. En boca fue afrutado, con matices a pasa y gran volumen, tuvo un retrogusto profundo y un final largo y fino, con gran sensación de pureza que trasladó al vino tranquilo que fue su génesis.

 

Sobre su placidez o su fiereza, por siglos los rabelos que por él navegaron fueron escribiendo una historia única de vinos que se grabó con la tinta dorada de las aguas del Douro. Atravesando Portugal, ese río imponente sacó para el mundo una estirpe noble, que con fortificación tomó el futuro en sus manos, declarando su vocación de perdurar por largo tiempo.

 

Con sus botellas se construyó otra historia, la de Vila Nova de Gaia, una pequeña ciudad que acaricia una de las riberas del río en su tránsito desde el interior del país hasta su desembocadura en el Mar Atlántico, donde el puerto, o porto, se fundió para siempre con el río, las castas autóctonas, la mano del hombre y la majestuosidad de la naturaleza.

 

Así se gestaron los Oportos, vinos de Porto, la ciudad con nombre de puerto, desde la cual en la edición 2018 de Essência do Vinho zarpó una embarcación repleta de reliquias líquidas, vinos exultantes a través de los que se pudo retrasar el reloj y hacer un viaje en el tiempo a otro puerto donde las manecillas fueron marcando horas de sueños en tiempos fascinantes de Oportos muy raros y viejos.

 

Sus botellas son como libros solubles redactados en paralelo con hitos de la historia. El reinado de Victoria o Isabel II, las Guerras Mundiales, el estreno de las tarjetas de crédito o el lanzamiento de los satélites, la llegada del hombre a la luna o de los Smart Phones, el lanzamiento de los satélites, la llegada del hombre a la luna o el ascenso a la fama de los Beatles. Con ellos fueron forjándose una decena de etiquetas sui generis que, como parte de Essência do Vinho Porto 2018, fueron objeto en el Palacio de la Bolsa de Oporto de una cata más que excepcional, dirigida por Bento Amaral, Director de los Servicios Técnicos y de Certificación del Instituto del Vino de Douro y Oporto, y narrada a capítulos por los enólogos o propetarios de las bodegas que custodiaron esas joyas fortificadas, que con sus sorbos de historia dejaron un sabor de boca sublime.

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos (C)