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Panascal: la casa de Fonseca

 

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La historia

 

Junto con Cruzeiro y Santo António, la Quinta do Panascal es una de las tres excelentes quintas que surten la uva para Oporto Fonseca. La Quinta data del siglo XVIII, pero se cree que las viñas que posteriormente la conformaron como una sola se plantaron a inicios del XIX, ganando una fama avalada por el viejo dicho popular que afirmaba que del Roncão y Panascal eran los mejores vinos de Portugal.

João dos Santos Fonseca fundó la casa de Fonseca, cuyos primeros registros escritos datan de 1815, Pronto se tornó un próspero comerciante de Oporto, que más tarde unió su apellido al de otro prominente comerciante, Francisco Gomes Monteiro, quien aportó el capital para que la empresa pudiera crecer.

Pero a quien Fonseca realmente debe su estatura como negocio de Oporto realmente fue a uno de sus empleados, Manoel Pedro Guimaraens, que a partir de 1822 comenzó un ir y venir a Londres que unos atribuyen a sus convicciones políticas y otros a un plan urdido por la empresa Fonseca & Monteiro para cimentar un negocio de vino de Oporto en la capital inglesa.

Fuera por una u otra razón, el caso es que en Inglaterra Guimaraens forjó una gran empresa que creció rápidamente, alcanzando una gran reputación como comerciante de vinos de Oporto, y, en concreto, de los de Fonseca & Monteiro. Pronto estos dos apellidos y el suyo ganaron renombre y en los años subsiguientes los vinos se comercializaron con al menos uno de los tres apellidos, hasta que la suya se tornó en 1840 en la segunda mayor comercializadora de vinos de Oporto. En 1847 exportó su primer Oporto Vintage, y mientras a su empresa le iba cada vez mejor en Londres, a los Fonseca & Monteiro las cosas empezaban a pintársele de negro con importantes caídas de ventas en algunos de sus principales mercados lo que llevó a su empresa a la quiebra.

Para entonces Manoel había muerto, pero sus hijos habían tomado el timón del negocio y fueron ellos quienes determinarono comprar la marca Fonseca a los herederos de Carlos Francisco Monteiro en 1863, tomando total control de la casa Fonseca en Oporto y de su negocio en Londres, que en el siglo XX transfirieron a Portugal. Siempre manteniendo el nombre Fonseca en deferencia al antiguo propietario, quien antes de morir había pedido mantener su apellido como marca comercial de la empresa, algo que las seis subsiguientes generaciones de Guimaraens han respetado.

David Guimaraens es hoy el custodio de los Oportos de Fonseca

 

 

Porque han sido los miembros de la misma familia quienes han seguido a cargo de la elaboración de sus grandes vinos de Oporto, forjados con arte y conocimiento, pero también con el compromiso de transmitir su tradición de generación en generación. Por eso, conocedores de la calidad de la uva de Panascal, ya desde siglos pasados adquirían de allí uva para los vinos de Fonseca, hasta terminar por comprar la Quinta en la década de 1970.

Con esta adquisición comenzó un ambicioso programa de plantación de viña que la convirtió en una de las mayores quintas del Douro y a Fonseca en una de las pocas bodegas que produce todos sus mejores vinos en sus propias fincas. Hoy Fonseca es una de las mayores productoras de Oportos Vintage y es también reconocida por sus vinos envejecidos en barrica con indicación de edad, además de por su Ruby Reserva Bin 27, creado en 1972 en respuesta a los gustos de un nuevo consumidor de vino de Oporto.

La bodega y los vinos

 

La bodega de Fonseca en la Quinta do Panascal prescinde de linduras arquitectónicas, siguiendo más bien un diseño sin adornos que prefiere enfocarse en la parte técnica que combina escrupulosamente tradición e innovación. Junto con tecnologías de vinificación conviven los lagares de piedra donde toda la uva se pisa a pie, siguiendo la más rigurosa tradición elaboradora del vino de Oporto. Es un método que permite una mayor extracción, algo importante en los vinos de Oporto, cuya fermentación se arresta con aguardiente vínica que, en el caso de Fonseca, viene en su mayoría de Cognac, aunque también de España y Portugal.

El aguardiente permanece en depósitos de acero inoxidable, pero lo que capta la atención son los balseiros, los grandes toneles de madera hechos a la medida, pero con madera usada, para vinificar por parcela. Vino y aguardiente se mezclan posteriormente en una especie de bañera, y tras permanecer en Panascal durante el invierno para que la temperatura más fresca ayude a integrar mejor vino y aguardiente, pasan a Vila Nova de Gaia, en la desembocadura atlántica del Douro, para envejecer.

En el Douro las uvas se transforman en vino, pero entre el clima atlántico, la humedad y el frescor de las bodegas de añejamiento en Gaia es que el vino madura y adquiere su personalidad envejeciendo en botellas, cubas y toneles, que cuidan seis toneleros. En los vinos de Oporto, más que aportes aromáticos de la madera, lo que se busca es oxidación. Por eso, los vinos no solo pueden envejecer en maderas de distintos orígenes, sino que el tipo de vino dictará el tamaño del envase donde se pulirá.

La madera actúa como un filtro en los vinos de Oporto: barricas o envases más pequeños para los vinos en los que se desea una mayor oxidación, como los Tawnies de aroma suave y opulento, y recipientes más grandes cuando se pretende una menor oxidación, como sucede con los Rubies, que se conservan vigorosos y con mucha fruta aunque lo suficientemente pulidos para poderse disfrutar tras embotellarse.

Los de Fonseca son vinos equilibrados y con un estilo dulce, potente y muy afrutado, con características notas a ciruela madura, un perfil que gusta a todos y con el que la bodega quiso demostrar que se podia hacer vino de Oporto a buen precio, y también beber buen vino de Oporto, joven.

De entrada el Siroco, Oporto blanco, o el Bin No. 27, un ícono de frescura y de Fonseca. Este Ruby, todo un referente de ventas en el mercado de los Estados Unidos, envejece en grandes toneles de roble y su nombre deriva de una reserva particular que la familia Guimaraens guardaba en la Cava 27 de la bodega. El Bin No. 27 destaca por su abundante fruta oscura con recuerdos a frambuesas y ciruelas, pero también por una frescura que deja sensaciones casi de vino tinto sazonado con aromas a cacao, sirope de chocolate, enebro, mentolados y un final especiado a nuez moscada y canela. Es un vino con buen cuerpo, pulido, fácil y envolvente, con su alcohol bien integrado y una acidez muy viva y matices tostados en boca.

El Terra Prima es un Ruby Reserva y el primer vino de Oporto biológico. En 1992 Fonseca plantó en un área de Quinta do Panascal la primera viña ecológica del Douro, un terreno concebido para mejorar la viticultura tradicional en el Douro, pero con tan buen desempeño que se determinó hacer un vino de Oporto de esa viña, plantada a mayor altitud, para ganar en frescor. La de 2006 fue la primera añada del Terra Prima, Terra Bela en Estados Unidos, que además de uva cultivada de forma biológica emplea aguardiente vínica también de viña biológica en su encabezado. Aunque menos explosivos, sus aromas son también afrutados, aunque más delicados, reminiscentes de ciruela y con matices a almendra fina. Es redondo, fresco y con un final especiado.

Los Late Bottled Vintages (LBV) son vinos de añada, con intenso sabor a fruta y gran calidad, que permanecen entre cuatro y seis años en grandes toneles de roble antes de embotellarse. Esta estancia les hace aptos para beberse inmediatamente tras su embotellado y sin necesidad de decantación (a pesar de que Fonseca no acostumbra a filtrar sus vinos). De color cereza, el Fonseca LBV 2011 destacó por sus aromas balsámicos y a sotobosque y tonos tostados y torrefactos, con rescuerdos a cascarilla de cacao y café, y un fin en boca muy especiado, a pimienta.

Los Vintage son vinos para disfrutar en el momento o guardar. Fonseca preserva estos vinos de postín en cubas a lo largo de dos años, tras los cuales continúan su envejecimiento en botella, donde durante décadas desarrollan sus aromas delicados y complejos.

Transcurrido su primer año y medio en tonel, Fonseca determina cuál será la evolución del vino y si podrá embotellarse en su segunda primavera. Cuando la añada tiene un mayor poder de envejecimiento, el vino se designará Fonseca Vintage. Cuando se le percibe un menor potencial de envejecimiento se designará Fonseca Guimaraens. Los Fonseca Vintage son de los vinos más buscados del mundo; sólo se producen en años declarados como cosechas exepcionales y deben envejecer al menos 20 años. Los Fonseca Guimaraens Vintage, se crean en los mejores años no declarados y se elaboran con uvas de dos o más fincas en propiedad de Fonseca. Pueden beberse después de envejecer entre diez y quince años en botella, y deben de decantarse. El Guimaraens Vintage Port 2015 fue serio, con frutas aún por expresarse y aromas que se inclinaron más por la onda floral a violeta, tonos más minerales a grafito, especias como la canela o recuerdos a cedro. La del 2015 fue una añada conmemorativa del bicentenario de la fundación de Fonseca.

Además de estos Vintage la casa Fonseca elabora un Quinta do Panascal Vintage, un vintage de quinta, producido en exclusiva con uvas de la Quinta do Panascal y creado en los mejores años no declarados. Como todos los vintage se embotella tras dos años en tonel, mejorando posteriormente con su estancia en botella.

Si los Vintage envejecen en botella, los Tawny lo han hecho en barrica. Éstos envejecen en cubas de roble por largo tiempo, según lo indica su etiqueta. Un añejamiento prolongado que confiere a los vinos una tonalidad anaranjada, complejidad y riqueza de matices en el olfato y el paladar. Fonseca llegó a elaborar tawnies con indicación de edad de 10, 20, 30 y 40 años aunque actualmente se enfoca solo en los de una y dos décadas. El Fonseca Tawny 20 años resaltó por sus aromas a naranja, pasas, frutos secos de avellana y almendra salada, mieles, vainilla y canela, que dieron paso a una boca envolvente con un final que remarcó los matices a vainilla, toffee y avellana.

Quinta do Penascal, que como Fonseca hoy pertenece a Taylor Fladgate, fue la primera quinta del Douro en abrir al público. Desde ese acontecer en 1992, la quinta, casa de los Oportos Fonseca, siempre ha tenido un enfoque en la educación sobre vinos como fundamento para su éxito en ventas.

 

23 de junio de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

 

 

 

 

 

 

Por algo sus viñas, unas 50 hectáreas, están clasificadas como nivel A, la cúspide de las clasificaciones de viña en el Douro, que conjugan distintos factores, desde tipo de suelo o edad de las viñas a exposición al sol, determinando con la catalogación los rendimientos que pueden producir las viñas.

A pasos de la Quinta está una muestra de ellas. Un contorno de viñas viejas con hileras en patamar sobre un suelo pizarroso que impacta por su pobreza vegetativa, con las cepas plantadas casi en la pizarra para que las hierbas no compitan por el agua de las viejas vides y éstas puedan tener mayor concentración de azúcares y aromas. 

En las viñas seis variedades de uva principales: Touriga Nacional, la estrella tinta de Portugal, que aporta mucha fruta y se precia de ocupar las viñas más cercanas al río desde la década del 1970; Tinta Roriz, que aporta taninos y notas de cedro al vino; Touriga Francesa, más perfumada y de mayor rendimiento; Tinta Barroca, más robusta, floral y resistente al frío; Tinta Cão, más delicada, con mayor complejidad de aromas y un prolongado posgusto; y Tinta Amarela, también para aportar mucha fruta y brindar profundidad al ensamblaje.

 

 

El sol abrillanta el espejo dorado del Siroco con que Fonseca refleja en copa los tonos más claros y jóvenes de su historia duriense. Sus aromas a miel y a flores se entremezclan con las flores del paisaje, la vista relajada de los antiquísimos bancales recubriendo en zig zag el horizonte de montaña y el oscuro gris del suelo de pizarra que cubre la viña, creando con el rumor de las escorrentías el marco perfecto para disfrutar de ese Oporto blanco sin complicaciones, fresco, afrutado, de retrogusto seco y posgusto persistente que puede usarse en cócteles o servirse de aperitivo, como aperitivo son sus sorbos al histórico sabor de la casa de Fonseca.

La Quinta do Panascal se yergue en total sintonía con un paisaje muy diverso a las mayúsculas extensiones que caracterizan las viñas de esas quintas que cuelgan de las pendientes que acompañan la amplitud del río Douro. Es Douro, región, pero ribera del Távora, un afluente más plácido y discreto de ese río grande, que atraviesa un valle de montañas más pequeño y sinuoso, hermoso, lleno de viñas viejas, mortuorios patrimoniales, antiquísimas escaleras y olivos.

En ese espacio menos transitado y más inaccesible está Panascal, la más grande de las tres quintas que nutren los Oportos de Fonseca y lugar también de su elaboración. Algo muy especial tiene que tener ese terroir para labrarle a la bodega una reputación tan Vintage, no por lo antique, sino por ser la única casa de vinos de Oporto con cuatro vinos Vintage merecedores de puntuaciones perfectas.

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos (C)