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Ribera del Duero y Rueda: tinto y blanco en San Juan

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y suministradas (C)

 

Aunque muy comunes en Europa y otras partes del mundo, en pocas ocasiones se han realizado en Puerto Rico eventos de vino al amparo de Consejos Reguladores que permitan conocer a los degustadores una muestra amplia y diversa de las propuestas que embotellan las bodegas adheridas a sus denominaciones de origen.

Por eso fue muy positivo el salón que las DDOO Rueda y Ribera del Duero celebraron este noviembre en San Juan como parte de los esfuerzos conjuntos de promoción que desde marzo de este año estas dos denominaciones de origen castellano-leonesas realizan en este mercado caribeño con el fin de fortalecer la presencia de sus vinos y expandir las referencias de éstos mediante la incorporación de nuevas bodegas al mercado.

Con 322,878 litros y 430,504 botellas exportados a Puerto Rico en 2021, los de Ribera del Duero representan el 12.6% del vino español importado a la Isla ese año. Los vinos de esta denominación de origen vitivinícola tienen una presencia de décadas en la Isla, y desde la creación de la denominación de origen en 1982 la DO Ribera del Duero ha gozado de buen reconocimiento y valoración de su marca, aunque el perfil de los Riberas que llegan a la Isla y las preferencias del consumidor local no siempre han sido un reflejo de la evolución que los vinos y bodegas de Ribera del Duero han tenido en España y otros mercados internacionales.

De ahí la buena oportunidad que ofrecen estos salones de tener una visión panorámica de colectivos vínicos, en lugar de las particularidades de cada bodega, permitiendo contrastar estilos, terruños y filosofías de elaboración. Y fue precisamente eso lo que pudo degustarse de los vinos de 59 bodegas entre las dos denominaciones, muchas de reciente regreso o próxima llegada a la Isla, especialmente aquéllas de nuevos pequeños importadores que este 2022 han proliferado con frenesí en el mercado del vino portorricensis y que no siempre son fácilmente accesibles al público en general dadas las aún limitadas estructuras de distribución al detal de muchos de ellos.

Hubo Riberas más clásicos, con fidelidad inquebrantable a las categorías de envejecimiento de Crianza, Reserva y Gran Reserva, otros incluso rústicos, con marcadas notas animales y hasta en demodadas botellas obesas, de gran peso, algo totalmente desfasado en un mundo que busca reducir la huella de carbono y potenciar la sostenibilidad. También hubo clásicos de Ribera, no por su estilo, sino por tratarse de bodegas muy sólidas y con un quehacer intachable y evolutivo a lo largo del tiempo, y bien afincadas en el mercado. Y hubo también novedades, vinos de proyectos más recientes que reflejan también un estilo más moderno de entender a la Ribera del Duero y su variedad estrella, la tempranillo. Por supuesto, faltaron muchas grandes casas de vino ribereño con presencia en la Isla, que por motivos de espacio u otras razones, no tuvieron presencia en la muestra.

Considerando toda esa diversidad de elementos, si entre las etiquetas presentes tuviéramos que escoger una referencia que reflejara el conjunto de lo que es la Ribera del Duero del siglo XXI, ésta sería Aalto, porque sus botellas contienen a partes iguales la raza de Ribera, su saber tradicional, la savia de sus cepas viejas de tempranillo, terruños selectos de la parte burgalesa y la parte vallisoletana de la denominación de origen, barricas de roble americano y de roble francés, y la forma moderna de expresar lo anterior para públicos que aman los vinos de la Ribera del Duero, pero con paladares en evolución.

Sus Aalto 2020 y el Aalto PS (V. Suárez) de la misma añada fueron fiel reflejo de esa sinergía que, con el tiempo, ha ido reduciendo tiempos de crianza, forzados por la alta demanda del producto en el mercado, pero sin menoscabar el garbo que aporta el tiempo de reposo y que tanto se agradece en los vinos de esta denominación de origen. Vinos con nervio y elegancia, aún por crecer, pero del todo bebibles en este momento, ambas referencias destacaron por su fruta, por los matices comedidos de su contacto con la madera, su mineralidad, una expresión en boca texturizando la cercanía al terruño, brindando un sentido de indiscutible de origen. Un perfecto equilibrio entre sus partes y un balance equidistante entre la Ribera de siempre y la Ribera del Duero más contemporánea.

Partiendo de ese eje, hubo muchas otras propuestas a destacar a lado y lado de ese ecuador de vino entre las que están en el mercado, las que se estrenan y las que buscan hacerse un hueco en él.

Uno de los deleites de esta cita fue Bodega Astrales (Solino Imports), una bodega que se estrenara en la Isla hace más de 15 años y que ahora regresa con nuevo importador y nuevo enólogo, pero siempre con la esencia con que se fundara este proyecto cimentado sobre cepas viejas de tempranillo. Una bodega consolidada, su Astrales 2018 se enlaza en la línea de finura con identidad ribereña, en un tinto redondo y hermoso, lleno de fruta, pero por crecer. Pero si esta etiqueta fue un referente en alto puesto de los tintos de Ribera del Duero, más lo fue el Astrales Christina Selección Familiar, de la misma añada, un tinto que nació como una etiqueta vinculada a la hija del importador del vino en Estados Unidos y que mostró el toque del gran enólogo José Hidalgo que ahora lleva las riendas de la bodega, aportando una crianza en lías al vino que fascinó por su compleja finura, matices tostados y sentido de origen.

Otra de las bodegas consolidadas que se destacó en la muestra fue Dehesa de los Canónigos, un referente histórico de la Ribera del Duero, que presentó dos propuestas con interpretaciones de ensamblaje en la denominación. La primera, el Dehesa de los Canónigos 2019 fue un vino con garra, abundante fruta y aún por crecer. Con 15 meses en barrica es un tinto que, además de la tempranillo, lleva algo de merlot y cabernet sauvignon, algo a lo que va a haber que estar más atentos en la denominación, pues algunos críticos, como Tim Atkin, apuntan a que el cambio climático pudiera estar empezando a dejar huella en la tempranillo y obligará a utilizar otras variedades e incluso tal vez introducir algunas nuevas en la región. Otro ensamblaje fue el del Solideo 2017, un 85% tempranillo con 12% cabernet sauvignon y 3% de blanca albillo mayor, un vino hecho, muy elegante y aún por crecer. Fruta oscura, tostados, frutos secos fueron algunos de los matices de este vino que solo se elabora en cosechas excepcionales y fue uno de los más recordados de la muestra.

Conocedores como nadie de los matices del Duero, Garmón (Ballester Hermanos) fue el proyecto en la DO Ribera del Duero que faltaba a los vinos de familia de los García, no la serie televisiva que ha se ha recreado en teatro en estos últimos meses, sino a los forjadores de Mauro y San Román, en el Duero, pero fuera de la denominación. Garmón se estrenó con la añada 2014 como un vino con nervio y elegancia. Y fue precisamente la siguiente y excelente añada para este tinto monovarietal de tempranillo, la de 2015, la que se presentó en el Salón, servida en botella mágnum, como una vía de mostrar el buen potencial de guarda de este vino que apuesta por las zonas altas de la DO Ribera del Duero para forjar un vino que exprese la raza de la zona por excelencia para la uva tempranillo, pero con una expresión de gran finura, como demostró esta añada, que destacó la mineralidad del vino y su buena evolución en botella.

Destacables también como conjunto los de Pago de los Capellanes (B. Fernández), otra de las bodegas más consistentes de la DO Ribera del Duero, de la que se destacó su Crianza 2019, por su fruta, frescura y redondez. En este grupo destacó también destacó por su finura el Don Miguel Comenge 2017 (Plaza Cellars), un tinto con tempranillo y algo de cabernet sauvignon.

Las bodegas consolidadas dieron paso a proyectos en proceso de estrenarse en el mercado, entre los que destacamos Dominio de Calogía, Yotuel, Nabal y Montelaguna.

Dominio de Calogía (Ballester Hermanos), el proyecto personal del gran enólogo José Manuel Pérez Ovejas, es uno de los más jóvenes estrenos de la denominación de origen y ha cosechado grandes loas de la crítica especializada. No es de extrañar, pues toda la pericia y experiencia de su autor se aúnan con territorio y variedad para extraerles nuevos compases, en un vino finísimo e incluso ligero en boca, con seductora elegancia en el paladar aunada de intensos aromas a fruta azul y delicados matices de la crianza, con recuerdos a vainilla. Un alta gama que es un ejemplo de lo que muchos definen como una Ribera más moderna, y una de las referencias que se presentó en sociedad en el evento coincidiendo con su reciente llegada al mercado.

Yotuel (Mil Caminos Imports) fue una propuesta refrescante con enorme calidad y una raíz de cepas viejas y una expresión de la Ribera del Duero con finura y frescura. Los astros que presentó Yotuel fueron vinos de parcelas específicas: Nava, plantada en vaso en 1996 sobre un suelo básicamente arcilloso muy compacto con pequeñas zonas calizas y arenosas, pobre en materia orgánica; Camino Viejo, plantada en espaldera en 1985 sobre suelo arenoso muy pobre que va cambiando a arcilloso compacto y algo ahogadizo; y San Miguel, con cepas de casi un siglo y un un suelo arcilloso compacto en lo alto y arcilloso con limos arenosos en la ladera. Los Yotuel son elaborados por Bodegas Gallego Zapatero, un proyecto joven pero con una larga historia familiar de vino a cuestas en la zona burgalesa de Anguix, donde también ubica Astrales.

Sobresalientes los tintos de Nabal (B. Fernández), una bodega familiar joven, pero con la larguísima experiencia de los miembros de familia, que llegará al mercado en los primeros meses de 2023 y que con sus varias etiquetas de diverso tiempo de crianza destacaron por su enorme elegancia y complejidad.   

Montelaguna (Vinos de Mallorca), un proyecto más pequeño ubicado en Pesquera de Duero, destacó por su Montelaguna 2017 Selección, un tempranillo notable por su redondez y elegancia.

Además de éstas de nueva introducción también hubo otras, como Convento Oreja (Fine Wine Imports), con vinos de corte menos enmarañado y más fáciles de abordar, aunque con Memoria, un tinto Reserva de la Ribera vallisoletana en Peñafiel, elaborado con cepas de entre 20 y 60 años de tempranillo y 24 meses de crianza en barrica, con recuerdos a frutas oscuras y de su crianza en madera y mayor complejidad.

En busca de importador, proyectos con referencias interesantes como Malacuera Bodegas & Canallas, con la imagen divertida de su forma, pero con sustancia en el contenido, como el de su Malacuera 2015, con uvas de cepas de más de 80 años de edad, y que además elabora un albillo blanco y un clarete. Además de éste Alvides Reserva 2019, de la bodega homónima, un proyecto familiar y artesanal, que elabora este 100% tempranillo que pasa 18 meses en barrica francesa, elegante y sedoso, con mucha fruta y taninos elegantes.

Dentro de ese grupo en busca de representación, como conjunto el cuarteto de maravillosos Ferratus, con una mujer al timón gerencial, propietario y enológico, y una importante apuesta por la sostenibilidad y un conjunto soberbio que expresa un estilo muy contemporáneo de la DO Ribera del Duero y los matices de la tempranillo con enorme finura y frescura, además de complejidad en los vinos.

Y una agradable sorpresa de los “en busca” con el Diez Siglos Tempranillo Joven 2021, un tempranillo de la DO Rueda, muestra de los escasos tintos que se elaboran en esta denominación de origen eminentemente blanca y abanderada por la verdejo. Agradable y curioso porque si de Rueda pudo probarse este tinto, sencillo, pero super fresco, afrutado y muy agradable de beber, a un precio irrisorio, se extrañaron en la muestra los blancos de albillo mayor que son la cara más joven, innovadora y refrescante de la DO Ribera del Duero, y totalmente desconocidos aún en Puerto Rico, donde son aún poquísimas las referencias de esta variedad con buena acidez, que tradicionalmente se usó en ensamblajes tintos y de la que se están elaborando algunos blancos magníficos que aún no llegan al mercado.

Y es que, a pesar de que los blancos de Ribera son una brisa nueva con una variedad de siempre, en este esfuerzo de promoción conjunta de las DDOO Rueda y Ribera del Duero, se insiste en proyectar a ambas denominaciones de origen como el blanco y el tinto de Castilla y León. En este sentido, Ribera del Duero tendrá que dilucidar si quiere dejar al margen de sus esfuerzos promocionales a los vinos blancos de las bodegas amparadas por su denominación, e incluso blancos verdejos elaborados en la misma pero desamparadas de ella por no admitir el reglamento esta última variedad, para favorecer a blancos de una denominación de origen vecina, aún cuando haya bodegas de la Ribera del Duero elaborando en ambas denominaciones de origen.

Un ejemplo de esta dualidad es Yllera (PR Supplies), con tintos de Ribera, pero también blancos de Rueda, entre ellos un blanco fácil y agradable, mezcla de verdejo, chardonnay y cabernet sauvignon que se estrena en el mercado.

Si bien Yllera tiene ya una presencia en la Isla, una bodega de Rueda que se estrena es Castelo de Medina (Vinos de Mallorca), con un sauvignon blanc y un verdejo monovarietales, ambos de la añada 2021, y un verdejo 2020 fermentado en barrica y con crianza en lías. Se trata de vinos más serios, más austeros, que se alejan de la exuberancia aromática de muchos vinos vecinos. Vinos no excesivamente untuosos, destacaron por su elegancia y notas minerales a piedra.

Otra excelente bodega de Rueda con presencia pero cambio de importador es Javier Sanz (Sabrina Wine & Spirits), a la que fuimos de viaje de vinos en una pasada edición de DiVINidades de Viajes & Vinos y que estuvo en la muestra con sus blancos, no así con el tinto de la variedad cenicienta que ya probáramos en aquella edición y que ha estado de reciente actualidad a raíz de los esfuerzos que se hacen en Castilla y León por recuperar variedades autóctonas casi extintas o poco empleadas en la elaboración comercial de vino.

Fascinantes los vinos de Viñas Murillo con dos monovarietales de verdejo, uno Chapirete Prefiloxérico de la añada 2020, un blanco con seis meses de crianza en lías y que fue profundamente elegante, complejo y mineral, reflejo de que sus cepas crecen en arenas con alto porcentaje de sílice.

Su pareja en esta bodega es el Chapirete Fermentado en Barrica 2003, un vino extraordinario, elegante, lleno de notas a frutas blancas y gran salinidad y largura en boca, un blanco muy delicado, fresco y con óptima integración de la barrica, pero que aún no tiene presencia en el mercado.

Muchas más bodegas participaron en la muestra, que es un indicio de la importancia que tiene el vino de España en el mercado de Puerto Rico y el aprecio del consumidor local por los vinos de ese país.

 

25 de noviembre de 2022. Todos los derechos reservados ©

 

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