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Casa Santos Lima: Portugal transversal

 

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Si no dijeran que es Lisboa podría pensarse estar en Burdeos o en algunas zonas de la Toscana italiana con todo y cipreses. Energiza el hermoso verdor de las colinas hondonadas y admira el simétrico horizonte de las hileras en pendiente pinceladas con una capilla al fondo, con su campanario albayalde y un tejado rojo que contrasta sobre las viñas.

A su otro extremo, de frente, una catedral de vino regional. Líneas escrupulosamente rectas, paredes macizamente níveas, dimensiones enormes y, dentro, una historia a dos tiempos relatada con cientos de etiquetas, cada una apta para saciar una diversa tentación de placeres y momentos, con las copas de vino de la Casa Santos Lima.

El blanco resalta en la Quinta da Boavista, la estancia de vino en Alenquer que alberga el corazón de la bodega más grande de Lisboa. A unos 50 kilómetros al norte de la capital portuguesa, Alenquer es también una de las nueve denominaciones de origen vitivinícolas de la región de Lisboa, donde la producción de vino tiene una tradición centenaria y la cercanía al océano Atlántico recompensa con un clima fresco y benévolo, que junto a la riqueza varietal de la zona, y sus suelos arcilloso calizos hace de Lisboa una zona idónea para la producción de vino.

Los Santos Lima empezaron a enlazarse con el vino en el siglo XIX, al final del cual Joaquim Santos Lima ya era un reconocido productor y exportador de vinos de Portugal.  Su primera etapa fue la de graneles, un formato muy vendido a inicios del siglo XX, para el que en 1930 quiso dotar a la empresa de una estructura de elaboración.

Poco más de medio siglo más tarde, en la década del 1990 Maria João Santos Lima, nieta de Joaquim, y José Luis, su biznieto, decidieron redactar un nuevo capítulo en la historia de la bodega, que pasó de productora de vinos a granel a elaboradora de vinos embotellados. Para ello, comenzó por replantar la mayoría de las viñas empleando técnicas agrícolas más concienzudas y poniendo al día toda la estructura productiva del proyecto.

Así, a partir de 1996 Casa Santos Lima comenzó a comercializar sus primeros vinos embotellados propios, con una filosofía bien determinada de diversificación, ofreciendo productos con magnífica relación precio-calidad en cada una de sus categorías, algo que les hace especialmente apetecibles en mercados de exportación a donde se destina el 90% de la producción.

Una casa, dos alas

El espíritu fundador de la bodega y su visión de porvenir conviven en la Quinta da Boavista con dos estructuras de eras diversas: la bodega original de 1930 y una nueva estructura que se construyó en 2014, marcando un nuevo tiempo en Casa Santos Lima.

Se concibió de arriba hacia abajo, con la gravedad como eje vertebrador y lo subterráneo por norma, para garantizar una de las claves de la elaboración: el control de temperatura. Algo a lo que Casa Santos Lima presta notable atención para mantener un ambiente óptimo para el vino en ciernes.

De arriba hacia abajo, tras las tolvas conectadas a despalilladora y prensa, la primera etapa se siente como desplazarse por un submarino. A pesar de las grandes dimensiones de la estructura, las pasarelas son estrechas y empinadas las escaleras que conducen a un nivel más bajo, un mundo subterráneo de depósitos protegidos por paredes de hormigón que van abriendo paso a espacios cada vez más frescos en cada nuevo nivel al que se desciende. Tres metros de diferencia entre cada una de esas etapas y un importante descenso natural de la temperatura en cada zona inferior.

Aún así, los depósitos tienen controles de frío para una mayor precisión. Es que la filosofía de la casa es que casi todo se someta a vinificaciones tradicionales en depósitos de acero inoxidable, pero todos controlados rigurosamente con tecnología puntera, no importa su tamaño, algunos de dimensiones tan grandes como 100 mil litros.

Es un territorio que domina Diogo Sepúlveda, enólogo del grupo que lleva de las salas de depósitos a las de barricas, unas nuevísimas, otras usadas, todas grabadas con el distintivo de la casa e iluminadas por el sol que atraviesa los cristales exteriores, insuflando vida al espacio donde duerme el vino.

Si se mira a través de sus transparencias se ve el verdor de la viña, toda en espaldera, bien cuidada, salpicada por rosales listos a anunciar como megáfono cualquier dificultad de la vid. Variedades distintas, hasta 50, plantadas a través de todas las viñas del grupo, que hace una sólida apuesta por lo más autóctono de Portugal, en equilibrio con algunas variedades más internacionales, un poco el sendero que recorre en Lisboa la línea principal de la bodega madre Casa Santos Lima, con una extensa línea de blancos y tintos monovarietales, y algunos ensamblajes que abarcan de las más típicas variedades Arinto o Fernão Pires a la Touriga Nacional o la Pinot Noir.

Tournée viníca

 

Tras su consolidación en Lisboa, y de la mano de José Luís Santos Lima, cuarta generación de la familia, y sus hijos, Casa Santos Lima comenzó un sendero de expansión a otras regiones que le han hecho recorrer a Portugal de Norte a Sur para responder al mercado con un amplio espectro de perfiles capaces de satisfacer muchos paladares. Tantas etiquetas, que la bodega cifra el portfolio de vinos en al menos 240 referencias de vinos blancos, tintos, rosados, espumosos, dulces y hasta inter-regionales como es el caso de Transversal, una etiqueta que ensambla Tourigas Nacionales cultivadas en todas las regiones donde el grupo tiene presencia y también esta variedad (Lisboa, Algarve, Douro y Alentejo). Un territorio vínico abarcador que se gesta en una extensión de unas 400 hectáreas de viñedo distribuidas a través de todo el país, que en vendimia se manejan tanto de forma manual, como mecanizada.

Esa tournée enológica donde primero hizo escala fue en el Douro, lugar en el cual Casa Santos Lima se asoció en 2011 con Quinta de Porrais, una propiedad que perteneció a la legendaria Antónica Adelaide Ferreira, la Ferreirinha, y cuya dirección enológica lleva uno de sus descendientes y uno de los más reputados enólogos de la denominación, Francisco Olazábal. En Quinta de Porrais dominan las variedades blancas y las viñas viejas, con un promedio de seis décadas, pero muchas centenarias. Allí se elabora también vino tinto, tan bueno que este 2018 uno de los suyos fue premiado entre los mejores de Portugal, así como un aceite de oliva extra virgen, un alimento que se está tornando cada vez más habitual entre las bodegas durienses.

Algo más tarde, aunque no demasiado lejos del Douro, en 2014 Casa Santos Lima entró al accionariado de Casa de Vila Verde, en la región del Minho, donde se elaboran vinos frescos, afrutados, aromáticos, frescos y marcados por el carácter mineral que evoca los suelos graníticos de la zona, y que están amparados tanto en la DOC Vinhos Verdes como en la Indicación Geográfica Protegida Minho.

Tras estas dos llegaron también en 2014 un proyecto en el Alentejo, el gran viñedo en superficie del país y otro en el Algarve, al Sur. Casa Santos Lima no se cierra a la posibilidad de expandirse a aún otras más zonas, como el Dão, en la posible mirilla de la empresa.

Los vinos

Una cata de cerca de 25 vinos del grupo testimonia la inquietud de Casa Santos Lima por ofrecer productos que hablan un idioma común a todo tipo de paladar, pero expresando los perfiles de cada zona en que este grupo bodeguero tiene presencia. Pero también un hambre por plasmar la riqueza varietal de Portugal, que hace de este país uno de los más interesantes y diversos del mundo, así como una vocación de aproximarse a lo que asemeja y enlaza a consumidores de todo el mundo con un común idioma varietal.

Entre blancos y tintos, monovarietales, ensamblajes, con y sin crianza y hasta un cosecha tardía, apenas en Lisboa una cartera de más de un centenar de etiquetas entre las que las más importantes son las que llevan el propio nombre de la casa, Casa Santos Lima, y que cuentan con blancos monovarietales de variedades de uvas como la Sauvignon Blanc, la Verdelho o la Viosinho, entre muchas más.

Entre ellos destacan el Casa Santos Lima Fernão Pires, un blanco de aromas más contenidos y matices a piedra mojada, que en su añada 2017 fue fresco, afrutado y goloso, elaborado a partir del mosto yema, y el Casa Santos Lima Moscatel, también de la cosecha 2017 que fue muy perfumado y floral, con aromas a rosas y cítricos, y que con su buena acidez en boca, salinidad y frescura fue un vino realmente delicioso.

Los anteriores son vinos jóvenes sin contacto con madera, pero el Casa Santos Lima Arinto 6 meses y el Casa Santos Lima Blanco Reserva, ambos de la añada 2015, resaltan entre los envejecidos en madera. El primero fue un monovarietal blanco que tuvo seis meses de envejecimiento en barricas de roble francés y americano que se destacó por su finura y salinidad, con aromas melosos y a melón y sensaciones frescas en el paladar a pesar de su cuerpo ligero. Por su parte, el CSL Blanco Reserva, un ensamblaje de las variedades Encruzado, Viosinho y Viognier, conjugó notas cítricas y notas delicadas de crianza con mineralidad y frescura, teniendo una elaboración diversa en que la primera variedad fermenta en depósito de acero inoxidable y las otras dos lo hacen en barrica francesa nueva, sometiéndose luego las tres a crianza con sus lías en los respectivos recipientes donde fermentaron.

Pero es en los tintos que realmente sobresale la casa, que si bien tiene también una línea monovarietal con castas como la Touriga Franca o la Pinot Noir y otros ensamblajes donde incluso aparecen variedades muy regionales como la Camarate o la Castelão y otras más internacionales como la Cabernet Sauvignon, en lo que realmente se destaca es con sus tintos más singulares y premium.

Touriz es la primera de estas etiquetas de Lisboa donde el nombre ya anticipa de qué se trata el vino: una fusion de TOU-rigas, Nacional y Franca, con tinta ro-RIZ, es decir, tempranillo. Un vino que envejece en madera y que en su añada 2013 destacó por sus aromas a abundante fruta oscura, torrefactos y especias. En boca mostró taninos aún algo firmes que se fueron difuminando a cada sorbo, que dejó mucha fruta y especias en el retrogusto, buen equilibrio y estructura, y una bastante fina persistencia, muy vinculada con su enjevecimiento de entre seis a ocho meses en roble portugués.

Colossal Reserva 2014 fue otro de esa trilogía. Un tinto que ensambla Touriga Nacional, Tinta Roriz, Alicante Bouschet y Syrah, una fusión de variedades portuguesas e internacionales que resultó en un vino sobresaliente en sus abundantes matices frutales, así como tonos balsámicos y a chocolate, un pase por boca untuoso, envolvente, con buen volumen y, sobre todo, mucha fruta, delicados puntos especiados y un precio insuperable. El vino fermenta en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada, que se somete a una larga maceración post-fermentativa y a una crianza de ocho meses en barricas de roble francés y americano.

Quinta do Espirito Santo Reserva 2014 fue un tinto grande y opulento, de color muy concentrado, con recuerdos a abundante cassis y fruta oscura, tonos balsámicos y almendrados y matices a cacao tostado, que en boca fue pulido y delicioso. Un ensamblaje de Tinta Roriz, Syrah, Touriga Nacional y Castelão, el vino envejece durante nueve meses en barricas de robles francés, americano y portugués de 250 litros.

La región de Lisboa ofrece también una propuesta dulce, un cosecha tardía elaborado con Gewurtztaminer, Semillon y Moscatel, con aromas a manzana verde y fruta de la pasión, e incluso reminiscencias a hidrocarburos o piña. En boca fue liviano, fresco, persistente y equilibrado, con una buena tensión entre acidez y dulzor.

Tras la región de Lisboa, el enclave donde tal vez el grupo pisa más firme es el Douro, región por excelencia de Portugal, y donde se halla Quinta de Porrais, una bodega en la que, curiosamente, la producción blanca supera a la tinta y en la que hay además un buen aceite de oliva extra virgen.

Entre los de esa región se destacaron el Quinta de Porrais, un blanco con DOC Douro que en su cosecha 2017 conjugó aromas florales a rosas con matices a piedra que trasladaron a los suelos de su origen. Este vino entró fino y envolvente en boca, donde se reveló sápido y con más volumen a medida que se fue oxigenando en copa. La etiqueta ensambla variedades más durienses como la Codega do Larinho o la Rabigato, que también protagoniza un suculento y fantástico blanco monovarietal, Quinta de Porrais Rabigato.

Sobresaliente es también el Quinta de Porrais Tinto, con tonos tostados y torrefactos, chocolatosos y recuerdos a fruta oscura rayando en ciruela. En su premiada añada 2015 el vino tuvo una boca elegante y equilibrada, ensamblando Tinta Barroca, Sousão y Touriga Nacional que envejecen en roble francés. Casa Santos Lima está también elaborando un vino de Oporto que, de momento, no comercializa.

En la zona del Minho, al norte de Portugal, con la etiqueta Pluma el grupo elabora un rosado de tonalidad muy intensa, aromas cítricos y buena acidez en boca, y dos blancos, una etiqueta joven que suma las variedades Arinto, Avesso, Loureiro y Trajadura, que es exuberante en aromas y en boca tiene una gran frescura y chispa que le hace idóneo acompañante para frituras y frutos de mar sin o con muy poca cocción, y un Alvarinho Reserva, que no esconde su perfil varietal, aunque el contacto con la madera no le favorezca. Tanto el rosado como el blanco joven llevan la contraetiqueta denominacional de Vinhos Verdes, mientras que el blanco con crianza la lleva de la Indicación Geográfica Minho.

La empresa elabora vinos rosados en esta región, pero también en Lisboa y en el Alentejo. Es precisamente de allí el Valcatrina Rosé, su rosado más logrado. Un vino que funde Touriga Nacional y Syrah, y que tuvo muchas reminiscencias minerales y fue fino en boca, además de  fresco, afrutado sin excesos y persistente. Este rosado alentejano tiene buena aptitud gastronómica para armonizar diversidad de platos y es idóneo para comidas de verano al aire libre.

Las viñas en Alentejo ubican cerca de Beja, donde hay un clima continental con influencias atlánticas y un suelo de arcilla y lutita, un material rocoso, condiciones que permiten forjar hasta 14 etiquetas blancas, rosadas y tintas como Quid Pro Quo Reserva o Monte da Caçada.

El Algarve es una zona productora emergente en Portugal. Ubicada al sur del país y célebre como destino turístico de playa, la producción de vino, no obstante, data de la época fenicia y romana. Suelos arcilloso calizos y un clima mediterráneo aportan condiciones propicias para la elaboración de vinos de corte más ligero, aunque tan afrutados como aterciopelados. Allí, una zona de gran consumo turístico, Casa Santos Lima elabora diez etiquetas entre blancas, rosadas y tintas, entre las que se destaca el Al-Ria, un tinto muy afrutado y pulido, muy fresco y atlántico.

Además de los vinos embotellados, la bodega envasa en formato bag-in-box, un formato que está empezando a dejar atrás su esteretipo de inferior calidad y además ofrece muchas posibilidades de marketing a la hora de rotular.

 

7 de julio de 2018. Todos los derechos reservados ©. Más noticias de Vinos y Bebidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos, Sebastião Vemba y Casa Santos Lima (C)