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Tarapacá

 

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Una de las tendencias que se han venido viendo en el mercado del vino en Puerto Rico a lo largo del último año y medio ha sido la re-colocación de marcas con nuevos distribuidores.

La chilena Tarapacá es una de esas bodegas que ya tuvo presencia en la Isla, pero que este 2018 estrena nuevo importador, La Bodega de Méndez, que espera abrir un nuevo sendero para este proyecto perteneciente al grupo Viña San Pedro, que introduce una oferta de vinos fáciles de tomar y de precios muy asequibles que apuestan por las cepas nobles internacionales que han hecho de Chile su casa para ofrecer al consumidor sorbos sin demasiada complejidad ni complicaciones.

No se sabe a ciencia cierta si Taparacá era el nombre de una deidad precolombina o un nombre compuesto de las palabras aymaras “tara”, que significa algo plano extendido, y “paka”, un ave grande como las águilas que vuela con las alas extendidas. Lo que sí se deduce es que el nombre dio nombre a regiones administrativas en Chile, Colombia y Perú y, a partir de 1874, también a un proyecto de vinos que tomó por casa el Valle del Maipo.

Chile tiene diferentes condiciones climáticas de norte a sur que le hacen apto para que una diversidad de cultivos de uva se expresen según el lugar donde se gestan. Maipo es una región vitícola en el centro de Chile que se beneficia de la conjunción de influencias de la corriente de Humboldt en el Océano Pacífico, y la fresca protección de la cordillera de los Andes, regulando la temperatura y favoreciendo la maduración de las uvas.

Son las que benefician a las viñas de uva tinta de Tarapacá, rodeadas por montañas que desde la altura parecen crear una olla cuyo fondo se pinta con viña. Este viñedo representa el 90% de la producción de la bodega, que tiene sus viñedos de variedades blancas en los valles de Casablanca y Leyda, un poco más al norte.

Varias fueron las líneas de la bodega que delineó Natalie Lubascher, enóloga de formación y Gerente de Exportaciones de Viña Tarapacá para las islas del Caribe, durante la presentación de introducción de esta bodega al portfolio de vinos de La Bodega de Méndez.

Sarmientos de Tarapacá es la línea de entrada, con varios vinos varietales en tinto y blanco, de trago fácil e idóneos para el copeo. Según explicó Lubascher, se trata de vinos jóvenes, sin contacto con la madera, a excepción de su Chardonnay, que se sazona con chips de roble. Sauvignon Blanc, Chardonnay, Carménère y Merlot fueron los varietales presentados de la cosecha 2016, destacándose el Chardonnay, fresco y afrutado desde la nariz, que de entrada tuvo aromas a melocotón, matices tropicales a piña y fruta de la pasión, que en copa luego revelaron una sutil nota a mantequilla, mayor untuosidad en su pase por el paladar y un final especiado en boca, aunque siempre con frescura y buena acidez. Su contraparte tinto fue el Sarmientos Carménère, con matices aromáticos a guayaba y frutos rojos más maduros, pimienta blanca, y algún tono tostado, con un pase sedoso por el paladar y sin rastro de los tonos vegetales que a veces estereotipan a esta variedad francesa que se es la uva bandera en Chile. La bodega emplea levaduras seleccionadas en la elaboración de la mayoría de estos vinos.

La segunda línea fue Tarapacá, con selecciones varietales en Reserva y Gran Reserva, ambos con mayor carnosidad y madurez, pero siempre con pase envolvente por el paladar. Reserva 2016, Chardonnay y Cabernet Sauvignon, este último con muchos recuerdos a frutas y flores azules, tonos tostados y abundantes especias. De los Grandes Reservas, versiones Cabernet Sauvignon y Carménère, sobresaliendo este último vino varietal con un perfil de mayor madurez fruta, casi recordando un vino de Oporto LBV, tonos balsámicos a enebro y una boca con matices a chocolate, réplica especiada, buena acidez, pero un final amargo. El vino envejece un año en barricas francesas y americanas, 80% de ellas barricas usadas. Tarapacá elabora, incluso un Gran Reserva orgánico.

Como es la convicción de muchas otras bodegas del mundo, Tarapacá tiene un compromiso con el ambiente y la sustentabilidad, que pasa por el uso de tubos solares para la eficiencia energética, métodos eficientes de riego, programas de restauración de bosques nativos y la preservación de la diversidad en la viña. Además, la bodega suple el 40% de sus necesidades energéticas con energía generada de los desechos de la vendimia.

La línea Sarmiento tiene un costo promedio menor a USD $ 10, los Tarapacá Reserva menos de USD $ 15 y los Gran Reserva, menos de USD $ 20 más impuestos.

 

15 de junio de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

 

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Foto: Viajes & Vinos (C)