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Porque lo importante en realidad es la viña, unas diez hectáreas de las cuales una rodea la bodega. Frescura, altitud y calor conforman la ecuación de las viñas y el vino, que surge de viñas con varias décadas a cuestas en las que se procuran unos rendimientos muy bajos. Olivares y almendros complementan a las vides, en una extensión de tierra que la bodega contempla expandir en el futuro.

La Touriga Nacional es la reina de las viñas de la bodega, donde también hay plantada Touriga Franca y una cantidad menor de Tinta Roriz (Tempranillo). Toda la uva se despalilla antes de vinificar, lo que se realiza por separado, conforme la variedad. La bodega funciona en la medida de lo posible por gravedad, para ejercer la mínima intervención a lo largo de la elaboración.

Una vez los vinos pasan a barrica, se van probando todas las partidas y puntuando, con el fin de definir a qué se destinará cada una : si al Quinta da Touriga-Chã, la etiqueta premium de la bodega, a Puro, su etiqueta introductoria o a vino a granel.

Todo es tinto en la producción de la bodega, que con la de 2001 estrenó su producción, que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo con la dirección de Jorge Rosas y de la mano de João Brito e Cunha como enólogo consultor, y José Luís Catarino, como encargado de la bodega.

La viña, el tipo de barrica y el tiempo de estacia en ella marcan la diferencia entre Puro y Quinta da Touriga-Chã, que se elaboran por igual ensamblando las castas Touriga Nacional y Touriga Franca. El Quinta da Touriga-Chã utiliza entre un 55-60% roble nuevo y el resto de segundo año, permaneciendo en barrica un promedio de entre 14 y 15 meses. Por su parte, Puro, que nació con la cosecha 2005 y no se ha elaborado todos los años, se pule en barricas cuyo 70-80% es madera con más de un uso. Entre ambas se producen unas 20 mil botellas de las cuales entre 35-40% se exporta a mercados como Brasil, Macao, Canadá, Reino Unido, Suiza, Luxemburgo y Francia.

La del 2017 fue una añada memorable en el Douro que se retrata en el Quinta da Touriga-Chã con raza y sofisticación. Es un vino de color oscuro intenso, con nervio, taninos aún firmes pero fino en nariz, donde resaltaron sus notas florales a violeta y geranio rojo, mentolados, especias, así como un hilo de humo que recuerda al carbón. Profundo en boca, tiene aún astringencias que pulirá la botella, terminando en el paladar con gran sapidez. Buena estructura con finura, el vino se forja mayormente con Touriga Nacional y pasó 15 meses en barrica nueva tras fermentar en acero inoxidable

Puro fue concebido como un homenaje a António Ramos Pinto, bisabuelo de Rosas, que elaboraba un vino de mesa con mínima intervención, para el mercado de Brasil. El Puro 2017 ensambló 73% de Touriga Nacional y un resto de Touriga Franca, que envejeció 12 meses en roble francés. De color algo menos intenso, anticipa su mayor finura desde la nariz, donde aparecen sensaciones más lineales y definidas, como su frambuesa y alguna fruta oscura, sus matices a regaliz, sus delicadas notas a cedro, y una gran frescura y sapidez en el paladar. Un vino nítido que tiene aún por domesticar algo más sus taninos, pero que puede lo mismo disfrutarse hoy que a largo plazo.

 

18 de marzo de 2020. Todos los derechos reservados ©

 

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La bodega realiza délestage durante la fermentación y emplea albúmina para clarificar.

 

Pero el sabio y visionario Ramos Pinto Rosas no estaba solo en el proyecto, sino que tenía como compañero de aventuras y faenas a su hijo Jorge, a quien quiso dejar un proyecto de vino cuando la familia Ramos Pinto vendió su negocio al emporio francés de Louis Roederer. Al fallecer su padre en 1996, Jorge heredó la Quinta de Touriga Chã, determinando consagrar el sueño paterno, para lo que en 2001 comenzó a elaborar ese tinto modélico y con carácter que tantos reconocimientos ha cosechado por su grandeza.

Primero elaboró en instalaciones ajenas, pero luego decidió construir esa bodega donde poder interpretar la viña. Así en 2004 se completó esta estructura que luego llegó a recibir un premio de arquitectura y que en su comedido espacio condensa todo lo necesario para elaborar un gran vino.

Allí, juntos, pero no revueltos, están las barricas, los depósitos de acero inoxidable, algunas botellas, las áreas administrativas y de operación. Todo sin adornos y sin lagares, pero con juicio de pragmatismo.  

 

Es una tierra muy familiar a los Ramos-Pinto Rosas que, buenos conocedores del Douro, ya habían identificado en su extremo más oriental, casi fronterizo con España y cerca de Vila Nova de Foz Côa, un territorio magnífico para elaborar vino, no en balde José Antonio Ramos Pinto Rosas había hallado en la cercana Quinta de Ervamoira, uno de los lugares más idóneos para la elaboración de vino en una época en que el Douro Superior aún era un territorio bastante virgen para la vitivinicultura.  

Una de las figuras cimeras de la región portuguesa del Douro, Ramos Pinto Rosas, además de Ervamoira, había hallado otro tesoro en la zona, una finca yerma de unas diez hectáreas donde solo había suelos de esquisto y granito, fundamento a partir del cual determinó elaborar un vino inspirado en el mítico Barça Velha. Para ello apostó por la Touriga Nacional como pilar y, a inicios de la década de 1990, este visionario del vino y la viticultura portuguesas plantó el 80% de las viñas de esta otra propiedad con esta variedad   --no muy popular entonces debido a su baja productividad----, cuyo material reprodujo por seleción masal de las cepas de Quinta de Ervamoira.

 

El postrer fulgor del día dejaba aún ver las viñas viejas que los naranjas y violáceos del atardecer teñían de matices, abrazando un suelo que engarzaba su esquisto con el de las paredes de la Touriga Chã.

A esa hora de final del día el sol menguante sobre el Douro Superior doraba con el color del río la bodega, una estructura con muros de pizarra y diseño en forma de cajón, justa y práctica, pero con todo lo preciso para gestar entre sus muros un vino que ha revalidado más de una vez como el mejor tinto de Portugal.

Suena casi a Terra Chá, la tierra llana gallega y, más que al té, chá en portugués, el Chá de la Touriga se refiere precisamente a una tierra más elevada en su región y, por ende, más fresca, donde se apostó por la Touriga Nacional, variedad de uva insignia de Portugal.

Postales del Douro :

Quinta da Touriga-Chã: el mejor tinto de Portugal

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos (C).