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Los oros de altura de los Trapiche Chardonnay

 

Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y Suministradas (C)

 

Medalla es una etiqueta con varias décadas a cuestas, que nació como un homenaje a la historia de la bodega. Las viñas con que se elabora son predominantemente antiguas y sus vinos se han vuelto un ícono entre los argentinos.

A 1,250 metros de altitud en Tunuyán se sitúa el distrito de Los Árboles, donde están las viñas de Chardonnay de las que nace este vino. Mucho sol y buenas amplitudes térmicas propician la buena maduración de las uvas. Los suelos son arenosos con un 60% de fragmentos graníticos y un alto contenido de carbonato cálcico, algo que también aporta a la frescura y tonos minerales de este blanco Trapiche Medalla 2019, que suma 97% Chardonnay con una pizca de 3% Viognier.

El vino se prensa sin despalillar y fermenta con levaduras autóctonas tras lo cual realiza una fermentación maloláctica parcial, filtrándose antes de pasar a reposar por nueve meses en barricas de roble de 300 litros con bâtonnage ocasional, para luego embotellarse.

Cautiva desde la nariz con su aroma fresco y vibrante. Destacan sus matices cítricos y florales con recuerdos a flor de azahar y limón perfectamente ensamblados con un sutil matiz de mantequilla clarificada. Y es que lo que hace delicioso al vino es el enorme equilibrio que logra entre sus elementos, una perfecta conjunción que le confiere gran redondez sin que desentone ninguna de sus partes.

La buena integración de éstas hacen casi imperceptibles los 14 grados de alcohol del vino. Su vibrante acidez compensa su buen volumen y untuosidad, evitando que las notas a mantequilla y de la crianza en madera lleguen a ser empalagosas. Tras sus aromas cítricos aparecen luego matices a jazmín, jengibre, pera, toffee y crema de leche, todo con delicadeza, ganando volumen en copa y terminando en boca con gran persistencia, un punto especiado y deliciosamente amargo.

La añada 2019 fue excepcional a través de toda la Argentina gracias a un clima moderado que llevó a un ciclo vegetativo bastante tradicional y contribuyó a la maduración pausada de las uvas, con óptima calidad.

De esta añada y también de Los Árboles es el Trapiche Finca Las Piedras Chardonnay Terroir Series, una línea que reemplazó los Single Vineyards y potencia terroirs específicos con extraordinario potencial para elaborar vinos únicos, basándose en una filosofía inspirada en la riqueza de la diversidad.

Su excelente tapón de corcho es preámbulo que anuncia que el Finca Las Piedras 2019 Chardonnay Terroir Series es un blanco con enjundia que destaca por su excelente acidez y mineralidad. Los tonos cítricos conviven con los matices de su crianza en madera en un vino con buen volumen en copa, donde se crece, pero es también muy fresco. Tras los aromas alimonados desfilan puntos melosos, a fruta de hueso, melocotón en almíbar, recuerdos a eucalipto, tonos de mantequilla, toffee, vainilla, flor de naranjo y una punta de almendra en un vino bien salino, redondo y equilibrado, que se crece en copa.

 

Se trata de un 100% Chardonnay cultivado en una parcela de apenas 2 ½ hectáreas con suelos predominantemente arenosos con algo de arcilla y de limo. Al igual que el Medalla, hay granito y un alto contenido de carbonato cálcico. Los racimos se despalillan y luego se realiza una selección de las mejores bayas, que se enfrían y luego prensan cuidadosamente, decantando el mosto antes de fermentarse en huevos de hormigón de mil litros y fudres de roble de dos mil litros. Tras la fermentación alcohólica el vino realiza una maloláctica parcial, filtrándose luego y envejeciendo sobre sus lías por nueves meses tanto en el hormigón como en la madera.

 

Con la plantación en la década de 1990 de clones franceses de Chardonnay para elaborar vinos espumosos, esta variedad empezó su ascenso dorado en Mendoza. A partir de su acoplamiento con territorios a mayor altitud una década después, los vinos de Chardonnay mendocinos pasaron de un perfil californiano opulento a uno más fresco y borgoñón. Hoy, como estos oros de Trapiche, los Chardonnay de altura se han labrado una personalidad propia de su origen argentino. Son una medalla de oro, como la que sobresale en la etiqueta del Medalla, a la excelencia de esta variedad en Mendoza.

 

7 de octubre de 2021. Todos los derechos reservados © 

 

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Pero no solo es la altitud la clave de esta nueva generación de Chardonnays mendocinos, sino que su perfil más ligero, refrescante, mineral, pero también complejo tiene también mucho que ver con los suelos calcáreos y pedregosos que por allí habitan. Por eso Trapiche, una de las bodegas históricas de Mendoza, ha estado apostado fuerte por la Chardonnay en ese contexto de altitud.

Fundada en 1883, en 1912 se construyó su edificio actual, una estructura de ladrillo con arquitectura inspirada en el Renacimiento italiano. Bodega modelo para la época, se destacaba por su gran capacidad de elaboración, su alta tecnología, sus revolucionarias facilidades y diseño, la calidad de la construcción y la persecución de los más altos estándares vitivinícolas. Hasta allí incluso llegaba el tren, cuyas vías conviven a un costado de la estructura, impregnándola de un aire nostálgico y lleno de romanticismo.

Pero los cambios propietarios a lo largo de los años hicieron que el edificio se abandonara y cerrara por casi cuatro décadas, hasta que en 2006 se adquirió y restauró para emplearlo en sus vinos de alta gama, ampliando su capacidad de molienda, fermentación y almacenaje, bases para el trabajo de una de las bodegas argentinas más premiadas.

Trapiche se ha subido también al tren de las Chardonnay en altitud y dos de sus etiquetas fetiche con esta variedad son el Medalla Chardonnay y el Finca Las Piedras, un vino de parcela. Son representantes de dos entre varias líneas que cuentan con esta variedad y que retratan las gamas más premium de la bodega, a la que, desafortunadamente, en algunos mercados internacionales solo se le conocen las gamas más básicas, proyectando a sus vinos más como caballos de batalla que como un abanico de propuestas entre las que hay algunas de gran nivel como estas dos.

 

Los Chardonnay argentinos relucen como el oro en boca de Trapiche. No son oros de trapicheo, de esos que parecen sólidos pero en realidad apenas tienen un baño aúreo, sino oros en toda regla que muestran que esta variedad vive un momento vibrante que hace que tengamos que empezar a mirar a los de Argentina como Chardonnays de clase mundial.

Mucha de la responsabilidad de que así sea se debe al descubierto potencial de los Chardonnay de altitud, que hallan en el Valle de Uco en Mendoza un terreno fértil para descollar con vinos complejos, frescos y vocación para perdurar.

En Argentina hay casi seis mil hectáreas plantadas de Chardonnay, que ocupan cerca del 3% del total de la superficie cultivada en el país austral. Sorprende sea tan poco, porque a pesar de ésta ser la segunda variedad blanca en importancia del país, su capacidad para reflejar los terruños donde se cultiva de manera bastante cristalina y su maleabilidad para producir un amplio repertorio de estilos de vino, de lo burbujeante a lo dulce, de lo fresco a lo estructurado según sus métodos de elaboración, supondría una oportunidad para consolidar y expandir su presencia, más si se considera que es la reina de las variedades blancas, una que habla un lenguaje universal de vino y genera más o menos simpatías en todos quienes beben los elaborados con ella.

Del territorio argentino plantado con Chardonnay, Mendoza acapara poco más del 82% de la superficie. En contraste con los viñedos en Borgoña o California, dos enclaves importantes para la Chardonnay pero que elaboran estilos bien diversos, los que nacen en la provincia argentina son considerados por muchos Chardonnays de montaña porque de su zona histórica de cultivo a menor elevación, en las últimas dos décadas la producción ha ido apostando por plantar Chardonnay a mayor altura para ganar frescura gracias a las temperaturas más bajas que confiere la altitud.

Así, de las zonas de Luján de Cuyo y Maipú, donde tradicionalmente se plantaba la Chardonnay, se ha seguido un sendero que se eleva al Valle de Uco, con altitudes superiores a los mil metros, lo que, además, ha hecho que se haya expandido la superficie plantada con esta variedad, gracias a su buen desempeño a mayor altura. Tupungato y Tunuyán son dos puntos destacados para el cultivo de la Chardonnay.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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