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Trapiche: Medallas tintas para el verano

 

 

Circulares como las ruedas del tren que pasaba a la vera de la bodega, las Medallas de Trapiche se han convertido, como aquel ferrocarril, en un emblema indisoluble a esta bodega argentina, que, en el cargamento de botellas que comparte con el mundo, tiene en su línea Medalla un verdadero libro de historia en el que se continúan escribiendo capítulos líquidos en tinto y blanco.

 

Etiqueta ícono de la década de 1970 en esta bodega histórica de Mendoza, los Medalla del siglo XXI son un reflejo de la evolución de la enología argentina a partir de este siglo, y de cómo un antiguo referente ha sabido revestirse de actualidad y vocación de futuro para inmiscuirse en nuestra cotidianeidad, especialmente cuando sus vinos encajan tan bien con las reuniones familiares y el ocio gastronómico del verano que se avecina.

 

Bodegas Trapiche se fundó en 1882 y en 1912 construyó su emblemático edificio de ladrillos, que para aquel entonces era un referente tanto por su forma como por su contenido, de la elaboración de avanzada que ya le caracterizaba.

 

Pero a lo largo del siglo XX se sucedieron cambios de propietarios que hicieron que el edificio se abandonara y permaneciera cerrado por cuatro décadas, hasta que en 2006 se restauró para dedicarlo a los vinos de alta gama de la bodega.

Ubicada en Maipú, es precisamente ésa una de las zonas donde nacen dos tintos especiales de la línea Medalla: su Cabernet Sauvignon y su Malbec. Son éstas, dos variedades que destacan en las indicaciones geográficas de Maipú y Luján de Cuyo, la primera con altitudes entre 650 y 900 metros, suelos arenosos con algo de arcilla y cantos rodados, y la segunda, con viñas a mayor altitud, entre 850 y 1,100 metros, y suelos donde los cantos rodados son mucho más escasos.

 

En estas indicaciones es donde nacen las uvas para dos tintos muy apropiados para acompañar las barbacoas y asados que protagonizan muchas actividades estivales.

 

Ambas de origen francés, fue también en el siglo XIX que llegaron a Argentina, donde se aclimataron bien, especialmente la malbec, que halló en el país del Cono Sur un nuevo hogar gracias al clima seco que favorece una maduración más consistente, algo que en Francia era a veces difícil de lograr.

 

En homenaje al primer centenario de Trapiche, en 1983 se retomó la línea Medalla, vinos de excepción elaborados con uvas de la Primera Zona vitivinícola mendocina, cultivadas en viñedos predominantemente antiguos.

La de 2019 fue una añada excepcional en Argentina, gracias a un clima moderado que derivó en una vendimia más larga. Al ciclo vegetativo le acompañó un clima fresco y seco, unido a una alta luminosidad que favoreció la perfecta maduración de las uvas, que muestran gran frescura.

 

Es precisamente ésta, la frescura, una de las cualidades a destacar tanto en el Medalla Cabernet Sauvignon, como en el Medalla Malbec, ambos de la añada 2019. Ambas etiquetas monovarietales, estos dos tintos se elaboran de idéntica manera, con selección y despalillado de uva, una larga maceración en frío en depósitos pequeños de hormigón, seguida de una fermentación larga en los mismos depósitos y luego un envejecimiento de 18 meses en barricas nuevas de roble francés.

 

El Medalla Cabernet Sauvignon destacó por sus notas a frutos oscuros, con moras y arándanos en el recuerdo, resquicios minerales a grafito, regaliz, tonos especiados a pimienta y nuez moscada, recuerdos a vainilla, tabaco y un punto chocolatoso que discurrió del cacao tostado al sirope de chocolate. Un tinto que destacó en boca por su pase pulido y aterciopleado que invitaba a enlazar nuevos tragos.

Por su parte, el púrpura profundo y la lágrima densa del Medalla Malbec antecedió a un tinto más inclinado aromáticamente a la abundante fruta roja, las especias y la pimienta negra, los puntos de chocolate tostado, ese cariz mineral, pero también un matiz floral a violetas y un punto ahumado a carbón y a umami, eslabón perfecto para la suculencia de las carnes a la parrilla. Un vino con mucha estructura en boca, pero con taninos pulidos y un pase por boca aterciopelado.

 

Además de estos dos tintos monovarietales, la línea Medalla tiene una tercera etiqueta tinta de ensamblaje, así como un magnífico Chardonnay. Todos muy gastronómicos y aptos para las actividades al aire libre que se avecinan con la llegada del verano, y que se extienden por el año entero en aquellos lugares donde el clima propicia un verano permanente, dentro o fuera, y en la mesa los Medalla son un premio para doce meses.

 

 

20 de junio de 2022. Todos los derechos reservados ©

 

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Texto: Rosa María González Lamas. Fotos: Viajes & Vinos (C)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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