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Cultura del vino para quienes no quieren vivirlo "light"

Cuatro décadas prodigiosas de Vega Sicilia Único

“Un gran vino es bueno lo mismo en sus primeros años que al transcurrir treinta. Acostumbro decir que la diferencia entre un vino muy bueno y un vino grande es muy sencilla: un vino muy bueno es aquel que bebemos hoy y nos gusta mucho; un gran vino es aquel que bebemos cuando tiene 20 años y nos sigue gustando mucho. Los vinos muy buenos que no resisten el paso del tiempo nunca fueron grandes vinos”.

Mario Sérgio Alves, bodeguero portugués

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Fue la iniciativa de algunos Amigos de los Vinos de España, otros Enófilos, confabulados con Ballester Hermanos, importador de la bodega para el mercado de Puerto Rico y uno de los distribuidores más longevos de Vega Sicilia en mercados internacionales, y la propia bodega para plasmar en copa el diapasón de sus botellas.

Para marcar el compás se unió al grupo Diana Kelley, gerente regional de Bodegas Vega Sicilia para las Américas, quien viajó expresamente para acompañar al grupo en la cata.

De origen mexicano, fue un intercambio académico en Francia como parte de sus estudios en ingeniería alimentaria lo que puso a Diana por primera vez en un contacto más estrecho con el vino. Allí tomó un curso de enología, de la que más quizás que la química o la técnica, le enganchó el aspecto humano tras cada botella como piedra angular del desarrollo del productos. Primero el valle del Loira y luego una vuelta a México, donde la industria nacional del vino era aún incipiente. Tras colaborar allí en el área de capacitación con uno de los gigantes de vino y bebidas con presencia en el país, se convenció de que lo suyo era la enología, con lo que regresó a estudiar a Francia, a vendimiar en Burdeos hasta que llegó a París, donde surgió una oportunidad de trabajar en la distribuidora de vinos de la célebre casa Lavinia, encargándose de la cartera de vinos extranjeros.

Fue allí donde entró en contacto con los de Vega Sicilia y nació su romance con este referente de calidad de los vinos de España. Terminada la etapa parisina y retornada una vez más al país azteca, surgió la oportunidad de colaborar directamente con la empresa, que buscaba un gerente regional como parte de un proceso de retoque a su estructura comercial.

Aconteció hace un par de años, cuando Vega Sicilia quiso subrayar que no podía vivir de su imagen de leyenda, sino que había que demostrar día a día por qué ella y sus vinos eran legendarios en un contexto de crecimiento empresarial.  Esto era especialmente importante porque había que seguir ensalzando los vinos, pero también garantizar el continuo crecimiento de la empresa y su acercamiento a nuevas generaciones de consumidores, considerando que no podía incrementar sus volúmenes de producción. Así que el crecimiento y las inversiones se manejaron con una más depurada estrategia, con una nueva visión macro forjada con un conocimiento más minucioso de cada pedazo del micro, algo que permitiría comunicar mejor el vino en una amalgama de mercados con diferentes contextos y distintos niveles de conocimiento sobre los vinos de Bodegas Vega Sicilia. Porque a los vinos de este grupo no pueden aplicársele las mismas concepciones de comercialización que aplican bodegas con grandes volúmenes.

Como resultado de este esfuerzo comercial y coincidiendo con la crisis económica que afectó a España, mercado primordial para algunas de las etiquetas que elabora la bodega, Vega Sicilia redistribuyó sus partidas de vino, asignando más botellas a los mercados internacionales. Con ellas empezaron también acciones de divulgación más activas y un trabajo mucho más estrecho con los importadores y distribuidores de la bodega, ampliando el conocimiento que Vega Sicilia tenía acerca de mercados específicos y sus respectivos comportamientos, para poder brindar un mayor apoyo a sus socios en cada país.

Así los vinos del grupo Tempos Vega Sicilia comenzaron por primera vez a salir de su abovedado entorno de Valbuena de Duero para comenzar a aparecer en Instagram, en Facebook, en otras redes sociales, en algunos eventos de vinos, en selectas ferias, en congresos, y hasta en más supermercados cuidadosamente escogidos. 

Tempos fue el paraguas bajo el que se ampararon las bodegas íntegramente en propiedad del grupo Vega Sicilia cuando al cumplir sus primeros 150 años en 2014 la empresa cambió de imagen corporativa para abrazar sus proyectos bajo este lema que alude al concepto tiempo como exigencia primordial de los vinos que allí se elaboran. 

Estos cambios también coincidieron con la puesta en marcha de una nueva nave de elaboración en la bodega y la llegada a ésta de Gonzalo de Iturriaga, quien asumió la dirección técnica de los proyectos del grupo, persiguiendo igualmente entablar también un contacto más directo y cercano con los importadores y distribuidores del vino en todo el mundo. En resumen, un nuevo tempos de vino para Tempos Vega Sicilia. 

Los primeros tiempos y los tiempos de un Único

 

En 1864 nacía Vega Sicilia en lo que en 1982 se convertiría en la denominación de origen Ribera del Duero castellana. Con linderos extendidos a propósito para asegurarse de encerrar a la icónica bodega en su demarcación denominacional.  

Y es que antes había vino, y había Vega Sicilia. Después hubo Ribera del Duero, y siguió habiendo Vega Sicilia. Y hoy hay muchas etiquetas de vinos de diseño y renombre, pero sigue habiendo un clase aparte, Vega Sicilia. Un templo, una marca de status, con valor, inequívoco reconocimiento y alcurnia, objeto del deseo que ha trascendido el gentilicio de gran vino “español”, para ser, simplemente, un gran vino universal.

Antes, en 1848, Toribio Lacanda, hacendado de origen vasco, compró al Marqués de Valbuena una finca de dos mil hectáreas dedicada a actividades agrícolas y ganaderas. Años más tarde, en 1864, Eloy Lacanda, su hijo, sembró los cimientos de la bodega con sarmientos de cabernet sauvignon, malbec, merlot y pinot noir, adquiridos en Burdeos con el fin de elaborar brandy y ratafía, un aguardiente. Al poco tiempo, la calidad que prestigia al nombre de la casa de vinos comenzó a hacer acto de aparición con los primeros premios para esos destilados y una distinción especial, la de convertirse en proveedor de la Casa Real española. 

Fue únicamente en los albores del siglo XX que el vino comenzaría a discurrir por aquella finca con la llegada de Domingo Garramiola, quien empezaría a utilizar técnicas bordelesas para vinificar, renovaría las barricas de crianza, y prestaría gran atención a una máxima que rige sin competencia en la bodega de hoy: la limpieza. Así, en 1915, vieron la luz dos etiquetas que aún perduran y se guían por el modelo de crianza en Rioja de envejecimiento prolongado en madera: Valbuena y Vega-Sicilia Único, el estandarte de la bodega. 

La apuesta por los vinos de larga crianza es piedra angular de la filosofía de Vega Sicilia, con lo que la madera es la esencia de los vinos. Concluido el proceso de fermentaciones comienza un juego de perfeccionamiento en maderas, primero con tinos, luego con barricas de roble francés por las que el vino se va rotando de barricas nuevas a usadas para un perfecto afinamiento y equilibrio entre vino y madera. Sin prisas. Antes de realizar los ensamblajes, las partidas pasan de nuevo a un tino de madera de grandes proporciones, para su reposo y posterior embotellado. 

Pero lo que la bodega entiende quizás marca mayor diferencia es el entorno donde nacen las viñas. 998 hectáreas de terreno que rodean la finca colindando al norte con el río Duero y al sur con cerros que pueden alcanzar los 900 metros de altitud. Doscientas hectáreas son d viña y más de 750 hectáreas se dedican a cultivos forestales, como el alcornoque o los robledales, con el deseo de en el futuro incluso llegar a emplear corchos de propio cultivo. Un enclave que apunta a tener un microclima propio, con grandes amplitudes térmicas en el estío, y donde las viñas aparentan quedar protegidas con la varita mágica de algún hada del vino para que mientras en otros puntos cercanos amenace con lluvia o granizo, en las viñas de Vega Sicilia, reluzca el sol.

Las viñas de Vega Sicilia son contiguas y se asientan en un verdadero cóctel de suelos, arcilloso-calcáreos y una parte aluvial. Algunas muy viejas y otras con poco más de 20 años, replantadas con material de la propia finca, pues la bodega ha realizado mucho trabajo de selección clonal y estudios de suelo, que derivaron en una clasificación de las 200 hectáreas de viña en 52 parcelas con 19 tipos de suelos diversos cuyos frutos de uva luego se va uniendo para conformar el rompecabezas del vino. Esto fue el fundamento de la nueva nave de elaboración que Vega Sicilia construyó hace un par de años, una estructura puntera, con depósitos mucho más pequeños para vinificar individualmente esas parcelas.

Ese concepto es también el punto de partida del quehacer de Iturriaga, para quien la de 2015 fue la primera añada elaborada íntegramente bajo su tutela. Diana explica que cada vez se busca mayor frescura y afinamiento en el vino, algo que cree será el perfil que comenzarán a relatar los vinos de la añada 2015, la primera elaborada íntegramente por Iturriaga y su equipo. “Creo que veremos tostados más afinados en Macán y Alión, aunque los cambios de Valbuena y Único se verán a más largo plazo”, detalló en exclusiva a Divinidades.

Ese sendero quedará para adiciones en una próxima cata vertical, pues si bien el vino permanece siempre como el mejor portavoz de la bodega ---con un perfil claramente definido de vinos maduros y extremadamente elegantes fundamentados en envejecimientos meticulosos y prolongados como clave de su sofisticación---,  en una panorámica de Únicos como ésta, además de percibirse la evolución de las botellas, también se viven distintos tiempos de propietarios, así como enológicos, con pinceladas de la particular interpretación del vino, sus uvas y su momento que tuvieron Jesús Anadón, Mariano García y Xavier Ausàs, quienes precedieron a Iturriaga al timón de Vega Sicilia.

Cada década prodigiosa comprobó de manera prístina las etapas y nobleza del vino, su capacidad de perdurar en el tiempo, el esplendor que le concede la madurez, pero también la seducción de una juventud que se va acoplando a los cambios en la sociedad, con algo también que decir y augurando lo que el vino puede llegar a ser, siempre con la envoltura de menos es más.

Las uvas para el Vega-Sicilia Único proceden de viñas más viejas de la bodega y hay que hacer hincapié en su tránsito varietal a lo largo del tiempo, con varias etapas de ensamblajes en que la tempranillo se fue acompañando de otras variedades francesas, que fueron paulatinamente dejándose atrás para concentrarse en una apuesta protagonizada por la tempranillo, variedad emblema del vino español que en Ribera del Duero halla el terruño donde alcanza su cénit. En la década de los setenta, una suma de tempranillo, cabernet sauvignon, merlot y malbec. En la de los noventa, tempranillo y cabernet sauvignon. Y en el siglo XXI, una apuesta hacia la tempranillo en solitario.

La fermentación alcohólica usualmente se realiza en octubre en depósitos de madera, seguida de una maloláctica gestada de forma espontánea en depósitos tróncoconicos de roble. Luego el vino pasa un mínimo de siete años de crianza en madera y unos tres o cuatro más en botella, con un pase por depósitos más grandes, entre dos a dos y medio años de barrica y luego trasiegos a barricas usadas antes de regresar a un tino grande por tres años más.

El Único se elabora todos los años, salvo que lo impida el clima. Eso sucedió ocasionalmente en décadas anteriores y en 2001, debido a una helada, algo que a partir de 2002 se controla con abanicos en los viñedos de Único que ayudan a moderar el efecto de la helada y a reducir el daño que pueden ocasionar las bajas temperaturas. Cuando se elabora, tiene una producción promedio de unas 80 mil botellas, que de forma excepcional pueden alcanzar las 100 mil.

El menú y los vinos

 

De esas miles de botellas, apenas un puñado se dio cita en Mesa 364, un concepto gastronómico a puerta cerrada que regenta en San Juan el chef puertorriqueño Enrique Piñeiro, un discípulo del español Santi Santamaría que sabe desdoblarse en igualdad de condiciones en su rol de cocinero popular para la cotidianidad casera, que en el de uno de los mejores exponentes de la alta cocina contemporánea puertorriqueña.

Precisamente su talento, creatividad y destreza radican en aplicar las más depuradas técnicas culinarias a una base de inspiración criolla e ingredientes locales y frescos, ensalzando alimentos humildes, como los tubérculos que tuvieron un rol importante en el menú, cuyas creaciones y etapas se concibieron pensado en el perfil de envejecimiento que el cocinero le iba suponiendo a cada década de Vega-Sicilia Únicos, intentando que vino y plato lograran convivieran en armonía y constatando a su vez la gran aptitud gastronómica de sus sorbos.

Un preámbulo de burbujas y bocaditos en miniatura como piononos, alcapurrias, mofongo de yuca con tartare de atún o arepa de maíz con carne y salsa fresca precedió a un yantar verdaderamente pantagruélico que se dividió en cinco etapas de vino, algunas con dos propuestas gastronómicas para cada una según el número de añadas de Vega-Sicilia Único a degustarse por etapa.

Para los Vega-Sicilia Únicos de la década del 1970, más ligereza con un caldo de gandules y habichuelas blancas con tocineta y crujientes acelgas locales. Para los de la década de 1980, unos callos boricuas, inspiración española con garbanzos y cuajo de cerdo tradicional en Puerto Rico, y también unas masitas crujientes de pancetta de cerdo con mini mofongo de panapén (breadfruit, pan de fruta) y mojo de la casa. Para la del 1990, también dos propuestas, la primera un medallón de costilla con una salsa de cebollitas caramelizadas y crujiente de papa, y la segunda una costilla de res estofada en vino y tamarindo y acompañada de puré de calabaza local y col china local rostizada. Y para los Únicos de la primera década del siglo XXI, pasta de la casa con boloñesa de cordero local, queso pecorino y hojas crujientes de coles de Bruselas, y también ovejo del país al vino, arroz con tocino y ensalada de aguacate.

De ese cronometrado desfile de platos y copas sobresalió la viveza del conjunto, con vinos añejos, pero frescos, con algunas añadas que aún conservaban una sorprendente acidez, incluso resquicios de tanicidad, pero inequívoca redondez, en una suma de partes que habló como conjunto, más que como elementos individuales. Pero como más sobresaliente denominador común, un fino pase por boca, sedoso, envolvente y con una gran elegancia, la gran enseña de la casa.

Las décadas más interesantes como grupo, la del 1980, por una madurez que precisamente conjugó sin fisuras esa finesse con mayor delicadeza y complejidad de matices, y la del 2000, por también demostrar su elegancia, pero con mayor potencia y expresividad, tonos más puros y por crecer. Un equilibrio impecable, porque en general los de Vega Sicilia son vinos que comienzan discretos y demoran en ocasiones en alcanzar su cénit, con lo que les beneficia la decantación.

Una mayor oxigenación habría beneficiado al Vega-Sicilia Único 1970, un vino mítico, considerado por especialistas uno de los más, sino el más, sobresaliente de los hechos por la casa, que se mostró algo cerrado en nariz. Un vino profundo, hermético, sápido e intrigante, muy estilo bordelés o viejos Riojas clásicos, hechizante precisamente por lo que no contaba pero se sabia iba a empezar a contar con más tiempo en la copa. Color teja, lo que más impresionó de este vino fue su frescura y la magnífica acidez que aún conservaba, junto con reductos de tanicidad que gritaban que aún tenía tiempo para vivir. Las reminiscencias de su paso por madera prevalecieron en este tinto, que con sus matices aromáticos a cereza reveló notas de nuez, marcados tostados, recuerdos a tabaco, cedro y hasta un punto de setas. Además de la historia que relató en copa, el vino tiene otra historia telenovelesca: la de no haber salido al mercado hasta transcurrido un cuarto de siglo de su elaboración, algo superior al promedio de envejecimiento mucho más prolongado que se empleaba entonces, de entre 15 a 20 años.

Similar historia, aunque con menos tiempo, tuvo el Vega-Sicilia Único 1974, que vio la luz tras 18 años de crianza. Uno de los favoritos de la cena, tuvo una acidez correcta, menor a la del 1970, destacando en sus aromas más sensaciones afrutadas y menos tostadas, para dar paso a anisados, regaliz, enebro y sazones balsámicas, y un pase por boca sedoso y envolvente.

La década del 1980 contó con las añadas 1980, 1981, 1982, 1983, 1986 y 1987, un conjunto con calificaciones de buena, muy buena y excelente. El 1981 fue poco expresivo, el 1990 fue más pulido y evolucionado, con buena fruta y recuerdos a hierbas del bosque con buena acidez y un posgusto largo y persistente. Pero los más interesantes fueron el 1980, 1985 y 1986, todos destacándose por su frescura. El Vega-Sicilia Único 1980, embriagador, con un estallido de aromas a café con leche acompañado de guinda en licor, avellanas, piñón y un punto de compota de fruta jugando al esconder. En boca se reveló vivo, sápido, sedoso y elegante. El Vega-Sicilia Único 1985 también con aromas a guinda, pero también dando paso a vainillas, toffee, puntos especiados, punto de cuero, frutos secos y hierbas del bosque, con un pase pulido y elegante por el paladar, con buena persistencia. Y el Único 1986, destacado por su redondez, y aromas especiados, a cereza, puntos tostados y almendrados, con una boca con mayor sensación alcohólica, magnífica sapidez y sedosidad.

En la década del 1990 el Vega Sicilia Único retiró malbec y merlot de su ensamblaje para concentrarse en la tempranillo y la cabernet sauvignon. Este conjunto tuvo cosechas buenas y muy buenas entre las añadas 1991, 1994, 1995, 1996 y 1999 por las que la cata pasó revista. Se trató de un conjunto que podría definirse en estado de transición, vinos dejando su juventud, pero sin alcanzar aún el esplendor de su madurez. Curiosamente fue el Vega-Sicilia Único 1991 el que se sintió más joven de todos, aunque su perfil estructurado, con depurada tanicidad, fruta y salinidad le aproximó tal vez más a los de la década anterior que a la suya. El Vega-Sicilia Único 1994 se decantó por la floralidad, fruta, mineralidad y tonos a nuez en un vino penetrante y sápido. El Vega-Sicilia Único 1995 fue más austero en nariz, con una boca más balsámica y con tonos especiados. Y el Vega-Sicilia Único 1996, con frescura, pero mayor evolución y una danza de fruta y especias en nariz.

El 2000 pudo haber sido el último de la década anterior o el primero de la siguiente. A esta añada en el siglo XXI se aunaron el 2002, 2003, 2005, 2006, 2007 y 2008, todos de añadas calificadas como muy buenas. Excepción a esta calificación fue la de 2006, que fue buena en Ribera del Duero, pero en el Vega-Sicilia Único 2006 excelente, con gran vivacidad de fruta, frambuesa madura, tonos a guayaba, junto con recuerdos a café tostado, boca especiada, torrefactos, y florales, en un vino que terminó con una boca especiada. Atractivo también el Vega-Sicilia Único 2008 (añada fría con maduración retrasada), con aromas a frutas muy maduras, esteva y una boca especiada, en un vino que se percibió muy joven en su recorrido y con largo camino para evolucionar. Joven también se percibió el Vega-Sicilia Único 2005, en contraste con el más evolucionado Único 2003, que también mostró recuerdos tostados y madurez (añada con gran golpe de calor en junio), algo distinto al Vega-Sicilia Único 2000, con una convivencia sellada por fruta y ahumados. A esta década   ---en la que no hubo Único 2001 por una gran helada y poca producción, y la añada 2004 no llegó a Puerto Rico---, la marcó la apuesta por la tempranillo en solitario.

El recorrido por las cuatro décadas fue también un espejo de los cambios de etiqueta de Vega Sicilia, muy sutiles y con continuidad, como los que se le perciben al vino. La degustación se complementó con un Vega-Sicilia Único Reserva Especial 2001, más afrutado y más fino. Suma de las añadas 1985-1990-1994, el Vega-Sicilia Único Reserva Especial es un vino tinto de diseño en el que se mezcla vino de las mejores cosechas de Único que se ensamblan para regular un equilibrio entre añadas.

De aquel cuarto de siglo con que salió al mercado Vega-Sicilia Único 1970 y el promedio de entre 15 a 20 años de envejecimiento que entonces llevaban los vinos, las crianzas de esta etiqueta se redujeron a alrededor de una década a partir de la llegada de la familia Alvarez en 1982. Este tiempo es una guía que se ajusta al punto óptimo del vino, pues hoy sale al mercado la cosecha que se considera lista, independientemente de que no sea en orden consecutivo, como sucedió con los Vega-Sicilia Único 2005 y 2006, que salieron al mercado luego de que lo hicieran las añadas 2007 y 2008, es decir, con 12 años de crianza en bodega.

Vega Sicilia, más que Único

 

El embotellado transcurre a paso muy lento y en el proceso se destaca un doble sistema de control mecánico y químico de los corchos en que las muestras enviadas por el fabricante son revisadas por un laboratorio asesor externo, que certifica el cumplimiento de requisitos, para proceder con el pedido, y posterior a éste revisa nuevamente algunos corchos y los certifica antes de proceder al embotellado.

Tan meticuloso es el trabajo de la bodega, que incluso tiene exigencias para el despacho de su producto. De mayo a octubre, cuando hace más calor, exige que el transporte de vino se haga en camión refrigerado para evitar un impacto adverso de los cambios de temperatura. Es un reto mantener esas condiciones a través de toda la cadena, algo que Diana sugiere podrá corregirse si todos consideraran al vino como un alimento perecedero y se manejara su transporte bajo esa premisa.

Las botellas de Vega Sicilia son numeradas y con códigos de barra, lo que permite una trazabilidad que da más certeza a quien compra el producto. Si bien siempre se está expuesto a fraude, como el que recientemente tuvo a una de sus etiquetas como protagonista de una escandalosa trama de falsificaciones en España, quizás lo que más preocupa a la bodega es el mercado paralelo que se cuajó con la re-venta en mercados de exportación que algunos distribuidores en España hicieron de sus cupos nacionales, una competencia desleal al trabajo que hacen la bodega y sus importadores designados en los distintos mercados. Algo que la bodega solucionó a rajatabla y con contundencia retirando cupos a quienes sucumbieron a la tentación de revender las botellas de sus cuotas.

Precisamente en los Estados Unidos Vega Sicilia creó su propio distribuidor, Europvin, que no solo lleva los suyos, sino también los de otras bodegas de prestigio en este mercado tan importante para el vino del mundo y cuyo Tribunal Supremo justo ahora evalúa la posible venta directa de vino al consumidor final.

Aunque hoy día México es aún el principal mercado internacional de Vega Sicilia, se espera que pronto Estados Unidos asuma ese liderazgo internacional. Es uno de los mercados que ha evidenciado un enorme crecimiento en ventas, precisamente gracias a esa nueva estrategia de comunicación internacional y contacto estrecho con los públicos importantes para la bodega. Suiza es la tercera punta del triángulo cúspide de las exportaciones de Tempos Vega Sicilia.

Para ellos la bodega hace acciones para acercar el vino a profesionales, directores de vino de establecimientos, y consumidores finales, tanto con acciones directas como catas o participación en eventos selectos de vino y, de forma muy limitada en ferias, como con un trabajo constante de la mano de sus importadores por todo el mundo. Los coleccionistas y grupos de alto perfil también son piedras angulares del trabajo de Vega Sicilia, que incluso apoya con parte del vino que se sirve en las catas, siempre que haya presente alguien de la bodega para poder hablar sobre él.

¿Cómo son los consumidores de Vega Sicilia? Pues en opinión de Diana, quien tiene un contacto frecuente y directo con ellos, en los mercados establecidos, como los latinoamericanos, son consumidores mayores de 50 años y muy leales a la marca, siendo sus mejores portavoces. En los Estados Unidos, un mercado que ha crecido enormemente para Vega Sicilia, muy diferentes de estado en estado, y con una nueva generación de consumidores que, si bien, tiene a muchos aún poco familiarizados con la marca, también tiene entre ellos a jóvenes coleccionistas.

“Es cierto que los consumidores más jóvenes persiguen una mayor inmediatez en el vino, pero también que buscan otro tipo de experiencia a la hora de disfrutarlo y ésa es la que pueden ofrecer vinos como los de Vega Sicilia”, apuntó la gerente regional.

En su bodega de Valbuena de Duero Vega Sicilia elabora también el Valbuena 5to Año, y entre los proyectos que no descarta está la elaboración de un vino blanco, un proyecto que se aparcó porque no convencieron sus resultados iniciales, pero siempre se ha mantenido en la agenda de Pablo Alvarez, Director del Grupo.

Vega Sicilia en Valbuena de Duero es el eje central de operaciones de un grupo de bodegas que incluye a otras en España bajo el paraguas de Tempos Vega Sicilia: Alión, fundada en Ribera del Duero en 1992, con una primera añada en 1991; Pintia, forjada comercialmente a partir de 2001, en Toro, donde buscan vinos que expresen la corpulencia, el exotismo, la intensidad aromática, la modernidad y el carácter de la tempranillo en Toro; y en Hungría, Oremus, un proyecto en la histórica zona de Tokaj, fundado en 1993 y donde se compró viña y se estudiaron con mucho cuidado las prácticas históricas de elaboración en la región con el fin de devolver la antigua grandeza a uno de los viñedos más emblemáticos de la zona. En Oremus, Vega Sicilia elabora tanto vinos dulces, como exquisitos blancos secos a partir de la uva Furmint.

Junto con los Vega-Sicilia Únicos, algunos asistentes a la cena pudieron también deleitarse en un juego de expresivos Aliones de principios del siglo XXI. El primero, Alión 2001, un tinto fantástico, muy vivo, equilibrado, con taninos bien integrados, y un pase por boca pulido y persistente. La fruta prevaleció en los aromas y boca de este vino que se mostró mineral, con aromas a sotobosque, tonos tostados y a frutos secos como el maní, y marcado especiado. Más delicioso aún el Alión 2004, redondo, con gran viveza frutal y buena acidez, que se destacó por sus aromas a fruta madura, tostados, especiados, lavanda, grafito y carne ahumada, con una boca envuelta por fruta madura, tonos especiados y torrefactos.

Pintia es la excepción a la regla, pues el éxito de esta etiqueta ha sido tan avasallador que, contrario a lo que se acostumbra para otras, sí se va a incrementar su producción de poco menos de 200 mil botellas, pero sin llegar a exceder la de Alión que no supera las 280 mil. Los de la bodega tienen un estilo definifísimo: potencia, concentración y opulencia con elegancia.

“Toro ha tenido un gran crecimiento por los esfuerzos de educación y comunicación que hemos hecho”, explicó Diana, resaltando que el éxito de Pintia es buscar acidez en la uva al momento de vendimia para mantener frescura y garantizar potencial de guarda.  Desde la cosecha 2007 la bodega determinó prorrogar un poco más su crianza, que ahora se conforma de un año en barrica y tres más en botella. Anteriormente envejecido solo en roble americano, hoy también se han añadido al proceso barricas de roble francés y algo de húngaro.

Aunque lleva el apellido Vega Sicilia, Oremus es la menos conocida de las bodegas del grupo, una bodega por la que Vega Sicilia tuvo la visión de apostar cuando el vino húngaro apenas reverdecía y la región de Tokaj apenas vivía de sus famosos Aszú. Vega Sicilia fue la primera en elaborar un vino seco con la uva Furmint, Mandolàs, una muy buena etiqueta blanca en cuya divulgación la bodega espera hacer más hincapié, coicidiendo con el boom de los vinos blancos, el renacer de la industria vitivinícola centroeuropea y el interés que han ido cobrando los vinos de Hungría, algunas de cuyas bodegas han incluso apostado por incursionar en el mundo de la restauración para consolidar sus productos.

Diana explica que son esos vinos húngaros del proyecto Oremus unos donde más ha trabajado Vega Sicilia, con una mayor selección de parcelas, una atención a los tostados de barrica y a los tiempos de envejecimiento para extraer de allí unos vinos más finos. Esa experiencia en Hungría también ha repercutido en los proyectos españoles del grupo, que ha comenzado a incorporar roble húngaro en algunas de sus elaboraciones.

Como colofón a los Vega Sicilia Únicos, un flan de queso de cabra local acompañado de dos Oremus 5 Puttonyos. El de 2007, elegantísimo, con aromas a melocotón, naranja amarga e incluso una pincelada de hidrocarburos, buen equilibrio entre dulzor y acidez y sorbos deslizándose por el paladar como guante de seda. El de 2008, con una acidez menos marcada, aromas a manzana, melocotón y naranja y algo más de volumen en boca.

En adición a estas cuatro bodegas, Vega Sicilia tiene presencia en Rioja con Macán, un proyecto desarrollado en conjunto con la familia Rothschild cuya cosecha fundacional fue la de 2009 y estrenó bodega propia en 2017. Allí y en sus dos etiquetas, Macán y Macán Clásico, se apuesta por la tempranillo en solitario, aunque esta bodega a los pies de la Sierra Cantabria sí cuenta con un área de elaboración especialmente dedicada a la experimentación, lo que da mucho margen a explorar nuevas posibilidades en el vino, como podría ser ese vino blanco que Vega Sicilia siempre ha tenido como asignatura pendiente, primero en Ribera del Duero, y ahora ahí y también en Rioja, considerando que algunos de los viñedos viejos de los que surte su uva tienen mezcladas algunas variedades blancas entre las tintas.

Lo que sí ha cambiando algo Macán desde sus inicios ha sido el manejo del envejecimiento del vino, dando más margen a juegos con el roble y, desde hace algunos años también a estancias más prolongadas en botella. Esa capacidad de larga guarda de la tempranillo es uno de los aspectos que más apasiona a Diana y en los que más intenta hacer hincapié en su labor de divulgación, considerando las largas crianzas y la viveza que muestran los vinos con mucho tiempo a cuestas.

Inquietos, quizás no sea éste el último de los proyectos de Vega Sicilia, que en el pasado ya ponderó poner un pie en otras regiones de fuera y dentro de España, como Jerez, que quien sabe si no está descartado del todo, considerando que el socio de Vega Sicilia en Europvin es el Grupo Caballero, un peso pesado en el marco de Jerez. Y como en una pasada ocasión señaló Pablo Alvarez a Divinidades, la empresa “siempre tiene planes de expandir”.

Como decía su padre, David Alvarez, la calidad tiene un futuro. Es una buena inversión.

 

6 de octubre de 2018. Todos los derechos reservados ©

 

Viajes & Vinos agradece a Ballester Hermanos su invitación a formar parte de esta exclusiva y excepcional cata vertical de Vega Sicilia Único.

 

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Apenas un día después de que Bodegas Vega Sicilia iniciara en la Ribera del Duero española la vendimia 2018, atravesando el Atlántico, en San Juan de Puerto Rico se colocaba en la Mesa 364 un escuadrón de botellas con que recorrer veintidós vendimias de Únicos.

De 1970 a 2008, veintidós añadas de ese vino estrella que es Vega-Sicilia Único decidieron tras su descorche liberar de su encierro a sus genios en botella para relatar a sorbos los secretos en el tiempo de la etiqueta que estrenó su andadura en 1915 y hoy sigue sin ceder su puesto como tótem de los vinos españoles de calidad, del terruño de la Ribera del Duero castellana y, sobre todo, de la grandeza de la uva tempranillo.

A esas tempranillos les hicieron compañía los gandules, el panapén, los plátanos, la yuca y el tamarindo, algunos de los ingredientes más autóctonos de la cocina y del campo puertorriqueños, sobre los que el chef Enrique Piñeiro forjó un menú de armonías para acompañar aquel Único desfile de copas, con las que no solo se aproximaron dos terruños agrícolas, sino que también se eslabonó a la Ribera del Duero, a Vega Sicilia y a los enófilos y coleccionistas de sus vinos en un Puerto Rico que continúa levantándose un año después del huracán María, pero en el que nunca se ha perdido la sed ni el aprecio por los íconos de vino del mundo.

Por eso, equiparándose a la paciencia que requieren el vino y en especial los de Vega Sicilia, esta superlativa cata vertical tardó. Tanto como el equivalente de dos vendimias planificando en el Caribe una magna degustación frustrada por el tenebroso ciclón, que este 2018 decidió rebelarse contra el tiempo para conseguir pintar con tiempos un arcoiris con colores de vino.

Rosa Maria Gonzalez Lamas. Fotos: Viajes & Vinos y Tempos Vega Sicilia (C)